Sánchez vende consejos sobre la IA que para Ceuta no tiene
Pedro Sánchez defiende en Bloomberg Opinion anticipación, planificación y ejecución para la IA y los centros de datos, justo lo que la crisis de Ceuta somete a escrutinio
Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, durante una entrevista con Bloomberg Television en Nueva York.
Hay una frase en el artículo que Pedro Sánchez firma en Bloomberg Opinion que resulta difícil leer al margen de la actualidad española: «La regulación proactiva es más eficaz que la intervención reactiva».
El presidente habla de centros de datos. Su tesis es que España debe anticiparse a su crecimiento, planificar el consumo eléctrico y de agua, seleccionar qué proyectos merecen ocupar capacidad de la red y actuar antes de que una expansión desordenada obligue a corregir los problemas cuando ya sea demasiado tarde.
«Nos acercamos a un punto de inflexión y debemos actuar para adelantarnos», escribe. Como principio de gobierno, pocas objeciones admite.
El problema está en el momento, el tema y el contexto en que lo plantea. Huelga recorrer aquí su propia trayectoria; basta con observar hasta qué punto Ceuta somete a examen los principios que prescribe para la inteligencia artificial (IA).
Anticiparse
Mientras Sánchez explica desde Bloomberg las virtudes de la previsión, la Audiencia Nacional investiga qué información manejaron las autoridades antes de la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta a finales de julio.
La investigación trata de reconstruir qué avisos existían, quién los recibió y cómo circuló la información dentro de la Administración. Entre la documentación reclamada figura la procedente de los servicios de inteligencia y defensa.
La paradoja es difícil de evitar: el presidente prescribe para una infraestructura que todavía no existe a gran escala exactamente aquello que está bajo examen en una gravísima crisis que ya ocurrió y sobre la que hubo avisos previos.
Saber, evaluar el riesgo y reaccionar antes de que el problema alcance otra dimensión.
Sánchez prescribe anticipación, planificación y ejecución; Ceuta obliga a preguntarse por qué esa misma estrategia no se aplicó a tiempo
El campamento proyectado en el Muelle de Poniente añadió esta semana otro episodio al contraste. La Audiencia Nacional frenó provisionalmente su utilización mientras estudiaba un recurso del Sindicato Unificado de Policía que cuestionaba la instalación de unas 1.000 personas dentro de una infraestructura crítica y reclamaba conocer los informes técnicos y de seguridad.
El tribunal anuló finalmente la suspensión cautelar. No concluyó, por tanto, que la ubicación fuera inadecuada. Pero durante unas horas volvió a colocarse en el centro del debate la misma cuestión: qué se planifica, con qué información y después de evaluar qué riesgos.
De Madrid a Bruselas
Ceuta ya no es solamente una crisis española. Esta semana ha llegado al pleno del Parlamento Europeo con un debate específico junto a la Comisión y la presidencia irlandesa.
El propio título elegido por la Eurocámara resulta significativo: «Los recientes ataques híbridos y la instrumentalización de inmigrantes en Ceuta y la necesidad de una respuesta coordinada para proteger las fronteras exteriores de la UE».
El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo ha ido incluso más allá al presentar la crisis como una prueba para las políticas europeas de inmigración, protección fronteriza y respuesta ante emergencias.
Es decir, mientras Sánchez utiliza una tribuna internacional para explicar cómo España debe adelantarse a los problemas futuros de los centros de datos, el asunto español que ocupa estos días el debate internacional es precisamente cómo se anticipó y respondió en Ceuta.
«Bytes, no vatios»
La tesis del presidente sobre los centros de datos es, por otra parte, clara. España necesita esas instalaciones, pero su crecimiento no debería producirse a cualquier precio. «El acceso a la red eléctrica es un activo estratégico escaso», sostiene.
Los proyectos deberían demostrar viabilidad y aportación económica antes de reservar capacidad eléctrica. También tendrían que cumplir criterios de eficiencia energética y consumo de agua, y el incremento de su demanda debería acompañarse de nueva generación renovable.
Sánchez resume su ambición en la frase más eficaz del artículo: «Nuestro objetivo debe ser comerciar con bytes, no con vatios».
No quiere que España se limite a proporcionar suelo y electricidad barata para una revolución tecnológica cuyo valor termine capturándose fuera del país. Quiere utilizar los recursos disponibles para atraer los proyectos que generen mayor actividad tecnológica e industrial.
La receta vuelve a descansar sobre tres conceptos: anticipar, seleccionar y planificar.
La prueba
Ahí reside el interés político de la tribuna. No hace falta discutir que España deba ordenar el crecimiento de los centros de datos. Probablemente tendrá que hacerlo antes de que la demanda eléctrica convierta la cuestión en un problema mucho más difícil de resolver.
La cuestión es quién formula esa advertencia y en qué momento.
Sánchez defiende anticiparse mientras una investigación judicial reconstruye qué avisos recibió antes de Ceuta. Reivindica evaluar con rigor el uso de infraestructuras estratégicas cuando la ubicación de un campamento en el puerto acaba de provocar una intervención cautelar de la Audiencia Nacional.
Quizá por eso, al terminar la tribuna, la frase que permanece no es la más brillante sobre «bytes» y «vatios», sino la que reivindica actuar antes de que llegue el problema.
Sánchez vende para el boom de la IA consejos de anticipación, planificación y ejecución. Ceuta, al leer al presidente del Gobierno, carga desde hoy, en sus gentes y en su futuro, con la pregunta de por qué esa misma estrategia no se aplicó a tiempo allí.
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