Resolver la escasez de diésel será más difícil que mantener los aviones volando
Las guerras de Irán y Ucrania hunden las exportaciones de diésel, mientras las refinerías trabajan al límite y los precios baten récords
El encarecimiento del diésel se traslada directamente a los costes de transporte, industria, construcción y agricultura.
En momentos de crisis, la industria petrolera repite una vieja advertencia: «No se pueden imprimir barriles». Los bancos centrales pueden —y de hecho lo hacen— poner en marcha la máquina de imprimir dinero para calmar los mercados financieros. En los mercados energéticos esa opción no existe. Y si hacer aparecer crudo de la nada resulta imposible, fabricar diésel por arte de magia lo es todavía más.
Ahora mismo, al mundo no le vendría mal disponer de una impresora de diésel. Las guerras entre EE. UU. e Irán y entre Rusia y Ucrania se han combinado para provocar una enorme escasez que ha llevado el precio del combustible a máximos históricos.