Europa puede evitar con el gas otra crisis energética invernal

La recarga de reservas de gas avanza con lentitud, pero el aumento de la oferta global de gas natural licuado y la mayor generación renovable reducen el riesgo de un shock como el de 2022

Es probable que Europa evite un aumento vertiginoso de los precios de la energía este invierno.

Para evaluar las perspectivas de inflación en Europa, conviene observar el subsuelo: las decenas de depósitos de gas natural utilizados para almacenar combustible durante el verano y consumirlo en invierno. Aunque la recarga estacional avanza lentamente, es probable que Europa acumule suficiente gas para evitar un aumento drástico de los precios de la electricidad y el gas como el de 2022, y prevenir así una nueva alarma inflacionista.

Hasta hace cinco años, la recarga estacional era un proceso rutinario que apenas atraía atención, incluso dentro del sector energético. Dado que la demanda de gas es baja durante la primavera y el verano, el combustible resulta más barato en esas épocas. Por eso, las empresas de servicios públicos y los operadores lo compran y lo almacenan bajo tierra para distribuirlo cuando bajan las temperaturas.

En 2021, Rusia cortó el suministro de gas a Europa antes de su invasión de Ucrania. Lo que siguió fue una emergencia de grandes proporciones: el Gobierno alemán tuvo que intervenir para reabastecer las instalaciones de gas, lo que elevó el precio a un máximo histórico de 345 euros por megavatio hora en julio de 2022, frente a los niveles previos a la crisis, que rondaban los 25 euros por megavatio hora.

El fuerte aumento de los precios dejó al Banco Central Europeo y al Banco de Inglaterra ante un escenario crítico, con una inflación por encima del 10 %. En toda Europa, muchos gobiernos tuvieron que intervenir para rescatar a familias y empresas que se enfrentaban a facturas energéticas extraordinariamente elevadas.

Ormuz complica

Ahora, la guerra con Irán vuelve a complicar el proceso de reabastecimiento, ya que el cierre del estrecho de Ormuz interrumpe aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de gas natural licuado. Con el recuerdo aún reciente de la crisis de 2021-2022, banqueros centrales en Fráncfort y operadores en Londres vigilan con nerviosismo el progreso de la recarga de reservas.

El problema no reside solo en los flujos actuales, sino en el punto de partida. Europa salió del invierno de 2025-2026 con sus reservas de gas agotadas, en un mínimo de cuatro años equivalente al 27 % de su capacidad.

Desde entonces, el proceso de reabastecimiento ha evolucionado de forma razonable. Desde el 1 de abril, Europa ha añadido el equivalente a 145 teravatios hora de gas a sus reservas, por debajo de los 166 teravatios hora añadidos durante el mismo periodo de 2025, pero por encima de los 126 teravatios hora de 2024.

Sin embargo, con un punto de partida tan bajo, queda mucho camino por recorrer. A 1 de junio, las instalaciones de almacenamiento solo estaban al 41 % de su capacidad, frente a una media de los últimos 10 años cercana al 53 %.

Recarga lenta

Por ahora, las autoridades europeas no dan la voz de alarma. Con los precios regionales del gas en torno a 50 euros por megavatio hora, el continente está haciendo lo suficiente para atraer suministro de gas natural licuado desde América y contener la demanda industrial.

Bruselas cree que las reservas regionales de gas aún podrían reabastecerse hasta cerca del 80 % de su capacidad antes del inicio del próximo invierno, según el Grupo de Coordinación del Gas de la UE, un panel de expertos del sector de la Comisión Europea y los Estados miembros.

Ese objetivo puede ser demasiado optimista. Con las tasas actuales de recarga, Europa solo alcanzaría el 70 % de su capacidad al final de la temporada, a finales de octubre. Si el estrecho de Ormuz reabre pronto, llegaría antes más suministro de gas natural licuado, lo que ayudaría a reabastecer los depósitos subterráneos hasta un nivel más adecuado. Si Europa logra acercarse al 75 %, debería ser suficiente.

Mercado distinto

Afortunadamente, el mercado del gas está en mejor estado que en 2021-2022 gracias a la puesta en marcha de nuevas plantas de gas natural licuado, especialmente en EE. UU., lo que ha aumentado la disponibilidad.

China, el mayor importador de gas natural licuado catarí, y otros compradores en Asia pueden amortiguar cualquier interrupción mucho mejor que Europa entonces, en parte por el paso del gas al carbón. China absorbe alrededor del 24 % de todas las exportaciones de gas natural licuado de Catar. La India, Pakistán y Bangladesh representan otro 28 % en conjunto. Todos estos países cuentan con amplia capacidad de generación a partir de carbón.

Japón y Corea del Sur también están recurriendo al carbón en la medida de lo posible, lo que libera cargamentos para que las empresas eléctricas europeas reabastezcan sus depósitos.

Europa produce ahora más electricidad a partir de energía solar y eólica que hace cuatro años, lo que reduce el consumo de gas. La producción nuclear en Francia, limitada en 2022 porque decenas de reactores necesitaban reparaciones, también contribuye esta vez. La energía hidroeléctrica aporta más que durante la sequía de hace cuatro años.

Esperar y vigilar

Salvo que se reanude la guerra con Irán, el pico de los precios del gas en Europa ya parece haber quedado atrás. En marzo, los precios mayoristas subieron brevemente hasta casi 75 euros por megavatio hora y algunos bancos de Wall Street advirtieron de que los 100 euros por megavatio hora podían estar cerca. Desde entonces, los precios de referencia del gas se han movido entre 40 y 50 euros.

Es positivo que Alemania haya aprendido la lección de 2022, cuando Berlín entró en pánico y se embarcó en una compra masiva de gas que creó una espiral de precios que se retroalimentaba.

Los gobiernos europeos deben mantenerse alerta ante la posible necesidad de intervenir para ayudar a reabastecer las reservas si el estrecho de Ormuz permanece cerrado más allá de julio o agosto. Pero, por ahora, deberían esperar, vigilar la evolución del mercado y permitir que los incentivos de precio sigan atrayendo suministro.

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