Ceuta y el sur que Europa olvidó

La crisis en Ceuta revela una Unión Europea dividida, dependiente de terceros para controlar sus fronteras y sin una estrategia clara para el norte de África

Ceuta no augura nada bueno para la próxima crisis migratoria.

La crisis fronteriza de Ceuta de la semana pasada no tuvo precedentes por su escala. Al menos 67 personas murieron después de que unos 60.000 migrantes atravesaran la frontera entre Marruecos y el enclave español, que cuenta con alrededor de 80.000 habitantes.

Las consecuencias también pueden ser inéditas, a juzgar por el cruce de acusaciones desatado en un continente donde la extrema derecha gana terreno y varios países importantes entran en periodo electoral.

Aunque la mayoría de los migrantes ya ha regresado o ha sido expulsada, la combinación de una política interna cada vez más encendida, la externalización del control fronterizo y una solidaridad débil no augura nada bueno para la próxima crisis.

El origen

Todavía no está claro qué provocó la oleada migratoria.

La ubicación de Ceuta y Melilla en el norte de África hace que el control de sus fronteras dependa en gran medida de las relaciones bilaterales entre España y Marruecos, que no reconoce oficialmente los territorios como españoles.

Crisis anteriores han coincidido con un deterioro de las relaciones y con acusaciones de que el reino africano había mirado hacia otro lado ante los cruces fronterizos.

«La UE necesita tomarse en serio su flanco sur, y hacerlo rápido»

Antonio Barroso, analista de Bloomberg Economics

La nueva oleada llegó pocos días después de la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Argelia, rival regional de Marruecos y país rico en gas. La historia podría estar repitiéndose.

Varios migrantes entrevistados por el diario italiano Corriere della Sera aseguraron que habían sido engañados. Marruecos, por su parte, culpó a una desinformación «maliciosa» y a la explotación de los migrantes por parte de redes de tráfico de personas.

Contra España

En lugar de respaldar a Madrid, que denunció una vulneración de su soberanía territorial, varios dirigentes de la Unión Europea se apresuraron a cargar contra España.

Entre ellos estuvo la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que pidió suspender a España del espacio Schengen y criticó los factores de atracción que llevan migrantes a Europa.

La posición resulta hipócrita si se recuerdan las peticiones de solidaridad de Italia en 2023, cuando miles de migrantes llegaron a Lampedusa. Ceuta tiene, además, un estatuto especial dentro del espacio Schengen que ya obliga a realizar controles.

Sin embargo, la política interna se ha impuesto con claridad.

Meloni se encuentra presionada por su derecha ante el ascenso de Futuro Nazionale, convertido en uno de los mayores riesgos para su reelección.

Un blanco perfecto

La dirigente italiana no está sola.

Un total de 22 países de la UE, entre ellos Alemania, firmaron una carta que pedía una respuesta inmediata y contundente a la crisis de Ceuta.

Nadie quiere repetir los errores asociados al «wir schaffen das» —«podemos hacerlo»— con el que Angela Merkel defendió su política migratoria, con independencia de los resultados posteriores de integración en el mercado laboral.

El contexto político ha cambiado. Alternativa para Alemania encabeza los sondeos y hasta dirigentes de centroizquierda en Dinamarca y el Reino Unido han endurecido su discurso sobre inmigración.

Sánchez es, en muchos sentidos, el objetivo perfecto.

La política favorable a la inmigración de su Gobierno destaca en una Europa que gira en dirección contraria, después de conceder permisos de residencia a un millón de personas en situación irregular.

España crece muy por encima de la eurozona, pero ha irritado a sus socios de la OTAN por no responder a las exigencias sobre gasto en defensa.

La posición de Madrid contraria a la guerra también representa una provocación para la Administración Trump, admirada por quienes aspiran a reproducir en Europa el movimiento MAGA.

Señal transatlántica

El frente contra Sánchez impulsado por Meloni también tiene una dimensión internacional, según Arturo Varvelli, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

«Meloni intenta reforzar su perfil dentro de la derecha soberanista», afirma. «Es una señal política para sus aliados de derechas, pero también para el bloque conservador transatlántico».

El presidente de EE. UU., Donald Trump, también ha responsabilizado a España de la crisis de Ceuta durante los últimos días.

El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, criticó recientemente a los países europeos por permitir lo que calificó de «invasión» migratoria en sus costas.

Coste político

El reparto de culpas diseñado para mantener a los votantes de cada país de su lado no tranquilizará a los inversores sobre la capacidad de Europa para emprender las reformas económicas que necesita, en lugar de refugiarse en posiciones cada vez más rígidas.

Tampoco favorece una política migratoria eficaz y sostenible, que depende tanto de la solidaridad entre los Estados miembros como de unas relaciones sanas con los países vecinos a los que se ha externalizado el control fronterizo.

La respuesta exige algo más que represión y disuasión.

¿Cuál es exactamente la política exterior y la estrategia geopolítica de la UE hacia Egipto, Marruecos, Argelia y Túnez, países cada vez más conscientes de su capacidad de presión y de su posición en un mundo multipolar?

El flanco sur

La «brújula estratégica» de la UE, aprobada en 2022 para reforzar la seguridad y la defensa antes de 2030, reconoce con claridad que los crecientes problemas relacionados con la inmigración irregular exigen una cooperación más estrecha con los países situados al sur del bloque.

El documento también señala la necesidad de invertir en paz y estabilidad en Oriente Próximo.

Sin embargo, en la actualización de avances publicada en 2026, Ucrania aparece mencionada 52 veces. Marruecos, ninguna.

La crisis de Ceuta debería ser uno de los principales asuntos de la reunión de ministros de la UE prevista para esta semana.

«Ucrania sigue siendo el desafío geopolítico que define a la UE, pero el bloque necesita empezar a tomarse en serio su flanco sur, y hacerlo rápido», afirma Antonio Barroso, analista de Bloomberg Economics.

Barroso señala la necesidad de impulsar acuerdos económicos que permitan abordar las causas de la inmigración, pero también de dejar claro que utilizar los flujos migratorios como arma política tiene consecuencias.

Sin embargo, a juzgar por cómo se profundizan las divisiones migratorias en el continente, el cruce de acusaciones puede continuar durante bastante tiempo.


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