Petróleo y deuda: qué revisar en la cartera esta semana

El Brent ronda los 108 dólares y aumenta la presión sobre bonos y bolsas. Inflación y empleo marcarán las preguntas al asesor

La semana arrancó con una combinación incómoda para el inversor: sube el petróleo y caen tanto los bonos del Tesoro estadounidense como los futuros de Wall Street. El bloqueo de las negociaciones sobre Irán vuelve a encarecer la energía y refuerza las expectativas de nuevas subidas de los tipos de interés.

El Brent ronda los 108 dólares por barril, tras avanzar un 3,5 % este lunes. La rentabilidad de la deuda estadounidense a diez años alcanza el 5,23 %, mientras los futuros del Nasdaq 100 retroceden un 1 %. El oro tampoco ofrece refugio en esta sesión: pierde un 3,2 % y acumula un descenso superior al 6 % en septiembre.

Para quien tiene una cartera diversificada, el aviso es concreto: varios activos pueden perder valor a la vez. Antes de cambiar posiciones, conviene comprobar cuánto depende el conjunto de la cartera de que la inflación baje y los bancos centrales relajen su política.

Dos citas decisivas

El mercado asigna una probabilidad cercana al 70 % a una subida de tipos de la Reserva Federal (Fed) en octubre, frente al 65 % del viernes. Es una expectativa que puede cambiar con los datos de los próximos días.

El miércoles se publicarán el gasto personal de agosto y el índice de precios del gasto en consumo personal, una referencia central para la Fed. Las previsiones apuntan a un crecimiento del gasto del 0,5 %, descontada la inflación, y a una aceleración mensual de los precios, tanto en el indicador general como en el subyacente, que excluye energía y alimentos.

El viernes llegará el informe de empleo estadounidense. Se espera que la contratación haya mantenido un ritmo sólido.

La clave será la diferencia entre los resultados y esas previsiones. Un consumo vigoroso, una inflación persistente y un empleo firme darían más argumentos para encarecer el dinero.

Unos datos más débiles podrían moderar esas expectativas, aunque también abrirían dudas sobre el crecimiento.

Bonos: revisar los plazos

Una rentabilidad más alta mejora las condiciones de las nuevas compras de deuda, pero perjudica el precio de los bonos ya emitidos. Por eso, que la deuda estadounidense a diez años ofrezca un 5,23 % no significa que todos los inversores en renta fija estén ganando.

La sensibilidad a los tipos depende, entre otros factores, de la duración: cuanto mayor sea, más suele variar el precio del bono ante un movimiento de las rentabilidades. Esa exposición también existe dentro de los fondos, aunque su nombre comercial transmita una imagen conservadora.

La conversación con el asesor debería empezar por una pregunta concreta: «¿Cuánto podría caer mi renta fija si las rentabilidades de mercado suben otro medio punto porcentual?». Conviene pedir la respuesta en euros, además de en porcentaje, y comprobar si esa pérdida sería compatible con las necesidades de liquidez.

También importa distinguir entre un bono individual que se prevé conservar hasta su vencimiento y un fondo que renueva su cartera. No tienen el mismo horizonte de recuperación ni permiten planificar de igual manera el dinero que se necesitará en una fecha determinada.

Bolsa: comprobar las concentraciones

El retroceso de los futuros del Nasdaq 100 muestra la presión que vuelve a soportar la tecnología. Unos tipos más altos reducen el valor actual de los beneficios futuros, algo especialmente relevante para compañías cuya valoración depende de fuertes crecimientos durante muchos años.

Eso no basta para decidir una venta. Sí justifica revisar cuánto pesa realmente esa exposición. Un inversor puede tener los mismos grandes valores tecnológicos a través de un fondo global, otro estadounidense y un producto especializado, sin percibir la concentración.

La pregunta útil sería: «¿Qué porcentaje de mi cartera depende de las mismas compañías y cuánto perdería si ese grupo corrigiera?». El objetivo es conocer el riesgo agregado antes de decidir si merece un ajuste.

El petróleo añade otra diferencia entre empresas: para unas supone mayores ingresos; para otras, más costes. Conviene preguntar qué parte de la cartera puede trasladar ese encarecimiento a sus clientes y cuál tendría que absorberlo en sus márgenes.

Oro y dólar

La caída del oro recuerda que un activo considerado refugio no protege frente a todos los riesgos en cada sesión. Como no paga intereses, puede perder atractivo cuando aumenta la remuneración de la deuda.

Antes de ampliar o reducir una posición, interesa aclarar su función: «¿Tenemos oro para diversificar a largo plazo o estamos apostando por una subida a corto plazo?». La respuesta debería determinar el peso y el horizonte de la inversión.

El dólar también merece atención. Su apreciación puede amortiguar las pérdidas de activos estadounidenses para un inversor en euros, siempre que no tenga cubierta la divisa. Pero ese efecto puede invertirse.

Al comparar bonos o fondos estadounidenses, conviene preguntar: «¿Qué rentabilidad puedo esperar en euros después de costes y, si la hay, de la cobertura de divisa?». El rendimiento anunciado en dólares no responde por sí solo a esa cuestión.

Preparar las decisiones

La revisión de esta semana puede organizarse alrededor de tres escenarios, sin dar ninguno por seguro:

EscenarioQué revisar con el asesor
El petróleo sigue subiendo y la inflación supera las previsionesSensibilidad de los bonos a los tipos, concentración bursátil y exposición a empresas con costes energéticos elevados.
Los datos se moderan y mejora la perspectiva de suministroSi la cartera está preparada para una recuperación de los bonos y otros activos sensibles a los tipos.
La actividad pierde fuerza, pero la energía sigue caraCalidad crediticia de los emisores, capacidad de las empresas para sostener márgenes y liquidez disponible.

No se trata de rehacer la cartera cada vez que cambia una expectativa. Se trata de acordar de antemano qué dato justificaría una modificación y cuál entraría dentro de las oscilaciones asumibles.

Una última pregunta ayuda a cerrar la conversación: «¿Qué tendría que ocurrir esta semana para que recomendases cambiar algo y qué mantendrías incluso si el mercado cae?».

Pedir condiciones concretas permite distinguir una decisión coherente con el plan de inversión de una reacción a los titulares.

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