La UE salva el acuerdo comercial con EE. UU. antes del plazo de Trump

El Parlamento Europeo aprueba el pacto con EE. UU. pese a las tensiones por aranceles, vehículos, metales y reglas digitales

La ratificación evita, al menos de momento, una nueva escalada arancelaria de Donald Trump contra los vehículos europeos, pero no elimina los focos de tensión comercial entre la UE y EE. UU.

El acuerdo comercial de la Unión Europea (UE) con EE. UU. está más cerca de entrar en vigor después de que los eurodiputados dieran su aprobación final al pacto, pese a las tensiones transatlánticas que siguen abiertas.

El Parlamento Europeo ratificó el acuerdo este martes por 440 votos a favor, 151 en contra y 50 abstenciones. La aprobación llegó pocos días después de una nueva amenaza arancelaria de Donald Trump, esta vez contra Francia por sus reglas digitales.

Los países de la UE prevén dar su visto bueno final el 26 de junio, el último paso de un proceso de ratificación irregular que se ha prolongado durante un año.

«Bajo una presión considerable, hemos asegurado salvaguardas importantes para mantener los intereses europeos en el buen camino», afirmó en X Bernd Lange, presidente de la comisión de comercio del Parlamento Europeo.

Alivio temporal

La adopción del acuerdo dará probablemente a Europa un respiro, aunque sea breve, frente a la presión de Trump. El presidente estadounidense había amenazado con imponer aranceles más altos a los vehículos europeos si el bloque no ratificaba el pacto antes del 4 de julio.

La relación, sin embargo, está lejos de estabilizarse. Las dos partes mantienen desacuerdos pendientes sobre aranceles a los metales y regulación tecnológica, dos frentes que pueden reabrir la tensión en cualquier momento.

El comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, calificó la votación como «un hito importante» y sostuvo en X que la UE «cumple su palabra».

La importancia del pacto se explica también por el peso comercial de la relación. La UE es la mayor fuente de importaciones de EE. UU., con 303.000 millones de dólares entre enero y mayo de 2025, el 20,2 % del total, según datos de la Oficina del Censo estadounidense. Por delante de México, Canadá, China, Suiza, Vietnam, Taiwán, Japón, Corea del Sur y la India.

Un pacto desigual

Según los términos del acuerdo, la UE acepta eliminar los aranceles sobre bienes industriales estadounidenses y algunos productos agrícolas a cambio de un techo arancelario del 15 % para sus propios productos.

Trump y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, cerraron inicialmente los términos del pacto el verano pasado. El bloque aceptó un acuerdo desequilibrado para evitar una guerra comercial, mantener a Trump implicado en Ucrania y evitar que retirara garantías de seguridad al continente.

Mientras EE. UU. aplicó parcialmente el acuerdo, la UE tuvo dificultades para obtener el respaldo del Parlamento Europeo. En dos ocasiones, los eurodiputados pausaron la ratificación: primero por las amenazas de Trump de hacerse con Groenlandia y después de que un tribunal estadounidense invalidara el régimen global de aranceles del presidente.

Finalmente, los legisladores europeos modificaron el acuerdo para incluir una fecha de expiración a finales de 2029 y disposiciones que permiten al bloque suspender el pacto si Washington incumple sus términos. Esas revisiones exigieron nuevas negociaciones con los Estados miembros.

Mientras el proceso seguía abierto, Trump elevó la presión y amenazó con imponer aranceles del 25 % a los vehículos europeos, por encima del techo del 15 % pactado. Von der Leyen logró finalmente que el presidente estadounidense diera a la UE hasta julio para completar la ratificación.

Frentes abiertos

Aunque la UE ha cumplido el plazo, los próximos meses estarán llenos de posibles conflictos.

Los funcionarios de Trump sostienen desde hace tiempo que la UE aceptó modificar, como parte del acuerdo, las regulaciones tecnológicas que consideran perjudiciales para las empresas estadounidenses. Pero los responsables europeos han repetido que las reglas digitales del bloque no están abiertas a negociación y que se aplican por igual a todas las compañías.

Trump ha cargado con frecuencia contra este asunto. Durante el fin de semana declaró al New York Post que había advertido al presidente francés, Emmanuel Macron, de que no atacara a las tecnológicas estadounidenses si no quería arriesgarse a «un arancel del 100 % a todos los champanes y vinos procedentes de Francia».

Los aranceles al acero y al aluminio también siguen siendo un punto de fricción. La UE está descontenta con que EE. UU. haya aplicado gravámenes superiores al umbral del 15 % a cientos de productos que contienen esos metales. El bloque ha incluido una disposición que le permite suspender algunos beneficios arancelarios si los gravámenes sobre estos productos superan el 15 % después de 2026.

La UE y EE. UU. también intentan cerrar un acuerdo sobre subsidios a la aviación, cuando está a punto de expirar una tregua de cinco años que suspendía aranceles de represalia por valor de 11.500 millones de dólares. Parte de las conversaciones se centra en coordinar posiciones frente a países como China.

Tensión digital

«Las amenazas no van a parar, porque Trump es completamente errático y parece cada vez más desesperado», afirmó Anna Cavazzini, eurodiputada responsable del trabajo sobre el acuerdo comercial para Los Verdes, grupo que mayoritariamente respalda el pacto. «Lo importante es que la Comisión no ceda ni un centímetro más de lo que contiene el acuerdo».

La votación del Parlamento Europeo cierra uno de los capítulos más delicados de la relación comercial transatlántica, pero no resuelve el problema de fondo. La UE gana tiempo y evita una represalia inmediata sobre el automóvil. A cambio, acepta un acuerdo asimétrico y queda expuesta a nuevas presiones en sectores clave como tecnología, metales, aviación y productos agrícolas.

Para Europa, el pacto reduce el riesgo inmediato de una guerra comercial abierta. Pero también confirma que la relación con EE. UU. seguirá condicionada por amenazas arancelarias, disputas regulatorias y una negociación permanente sobre los límites de la autonomía económica europea.

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