Cómo invertir en inteligencia artificial sin apostar por un solo ganador

Los ETF permiten repartir la inversión en inteligencia artificial. Su composición, sus costes y el peso que ocupan en la cartera marcan la diferencia

David Romano, responsable de producto de inteligencia artificial de MyInvestor, durante el Foro Inversión ETF 2026.

Acertar con el futuro de una tecnología no garantiza acertar con la inversión. La inteligencia artificial (IA) puede transformar la economía y dejar por el camino empresas que hoy parecen imprescindibles. Para el inversor, el reto consiste en participar en ese crecimiento sin que todo dependa de una sola compañía.

Los fondos cotizados, conocidos como ETF, permiten distribuir la inversión entre distintos negocios vinculados a la IA. Pero sus carteras pueden ser muy diferentes, incluso cuando llevan «inteligencia artificial» en el nombre. Unos se concentran en fabricantes de chips; otros incluyen proveedores de infraestructura, desarrolladores de programas o empresas que utilizan la tecnología para mejorar sus productos.

«Todavía no sabemos si este va a ser un mercado de un solo ganador o de unos pocos ganadores», advirtió David Romano, responsable de producto de inteligencia artificial de MyInvestor, durante el Foro Inversión ETF 2026.

Esa incertidumbre ayuda a entender el atractivo de los ETF, aunque repartir la inversión entre varias compañías solo resuelve parte del problema. Antes de elegir un producto, conviene determinar cuánto depende ya la cartera de la IA y qué exposición se quiere añadir.

Tres vías de acceso

La primera posibilidad es un ETF que reproduzca un índice mundial. Estos productos ya incorporan grandes compañías vinculadas a la inteligencia artificial, junto con bancos, farmacéuticas, industriales y empresas de consumo.

La IA contribuye así al resultado de una cartera más amplia, cuyo comportamiento depende también de otros negocios. Es una exposición menos específica y más diversificada por sectores. Sigue siendo, en cualquier caso, una inversión en renta variable que puede sufrir caídas importantes.

Una segunda vía son los índices con un elevado peso tecnológico, como el Nasdaq 100. Aunque suele utilizarse para invertir en tecnología estadounidense, no es un índice sectorial puro: agrupa grandes empresas no financieras cotizadas en ese mercado, entre ellas compañías de consumo y salud.

La tercera opción son los ETF especializados en inteligencia artificial. Seleccionan empresas relacionadas con actividades como los semiconductores, el tratamiento de datos, los servicios informáticos en la nube o la automatización.

Su especialización aumenta la dependencia de esta temática, pero no implica necesariamente que acumulen más dinero en unas pocas acciones. Algunos limitan el peso de cada compañía y distribuyen la inversión de forma más equilibrada que los grandes índices. La concentración, la volatilidad y los costes deben examinarse producto por producto.

Más allá de Nvidia

La inversión en inteligencia artificial abarca negocios con características muy distintas. Nvidia y AMD diseñan procesadores; TSMC fabrica chips y ASML suministra maquinaria necesaria para producir los más avanzados. Aunque forman parte de la misma cadena de suministro, sus clientes, márgenes y riesgos difieren.

Después aparece la infraestructura que permite entrenar y utilizar los modelos: centros de datos, redes de comunicaciones, almacenamiento, refrigeración y suministro eléctrico. La demanda de capacidad de cálculo abre oportunidades para estas empresas, pero también exige inversiones considerables.

Otro grupo desarrolla modelos y plataformas. Aquí conviven especialistas como OpenAI y Anthropic con grandes tecnológicas que crean sus propias soluciones, financian a otros proveedores o les suministran infraestructura. Invertir en un socio o proveedor cotizado ofrece una exposición indirecta, cuyo peso puede ser reducido dentro del negocio total de la compañía.

Por último están las empresas que aplican la IA para mejorar procesos o desarrollar productos. La investigación de medicamentos es uno de los ejemplos, junto con sus usos en industria, finanzas o consumo.

Esta variedad complica la selección. Una empresa puede beneficiarse de la tecnología sin obtener todavía de ella una parte significativa de sus ingresos. Por eso interesa comprobar qué criterio utiliza el índice para incluirla: ventas, inversión, patentes u otros indicadores de su relación con la IA.

Revisar lo que tenemos

David Romano, responsable de producto de inteligencia artificial de MyInvestor, conversa con Ismael García Villarejo, director de la revista Inversión, sobre cómo invertir en IA mediante ETF durante el Foro Inversión ETF 2026.

Uno de los riesgos más fáciles de pasar por alto es la repetición de posiciones. Un ETF mundial, otro del Nasdaq 100 y un tercero de inteligencia artificial pueden compartir varias de sus principales inversiones.

La cartera tendrá tres productos, pero buena parte de su resultado seguirá dependiendo de las mismas compañías. Añadir un ETF temático puede aumentar el peso de acciones que ya se poseen, en lugar de introducir negocios diferentes.

La revisión puede comenzar por las diez mayores posiciones de cada producto, el porcentaje que representan y sus coincidencias con el resto de la cartera. Después conviene observar la distribución por países y actividades, especialmente el peso de Estados Unidos, los semiconductores y las grandes tecnológicas.

También importa cómo se reparte el dinero dentro del índice. La ponderación por capitalización concede más peso a las empresas de mayor tamaño. Otros métodos establecen límites por compañía o distribuyen la inversión entre distintos grupos de actividad.

Estas diferencias ayudan a explicar por qué dos ETF con nombres parecidos pueden comportarse de manera muy distinta.

Dos ejemplos concretos

Romano citó el Xtrackers Artificial Intelligence & Big Data UCITS ETF y el WisdomTree Artificial Intelligence UCITS ETF entre los productos de esta temática más utilizados por los clientes de MyInvestor. Esa preferencia describe el comportamiento de los usuarios de la plataforma; no determina su idoneidad para cualquier inversor.

La clase 1C del producto de Xtrackers, con ISIN IE00BGV5VN51, declara unos gastos anuales del 0,35 %. El WisdomTree, con ISIN IE00BDVPNG13, presenta una ratio de gastos totales del 0,40 % y sigue el índice Nasdaq CTA Artificial Intelligence.

La diferencia de cinco puntos básicos equivale a cinco euros anuales por cada 10.000 euros invertidos, si el patrimonio permaneciera constante. Es un dato útil, aunque insuficiente para elegir entre dos productos que pueden proporcionar exposiciones distintas.

La comparación debe empezar por las empresas que selecciona cada índice, sus pesos y la frecuencia con la que revisa la composición. Después corresponde valorar los gastos, las condiciones de negociación y la fidelidad con la que el ETF reproduce su referencia.

La diferencia entre la rentabilidad del fondo y la del índice permite observar el efecto conjunto de los gastos y de la gestión de la réplica. No debe sumarse automáticamente a la comisión como si fuera un coste adicional, porque esta ya influye en el resultado.

Qué peso darle

Durante el foro de la revista Inversión, Romano planteó como ejemplo dedicar entre un 10 % y un 15 % de las carteras más agresivas a posiciones sectoriales o temáticas. La proporción se refería al conjunto de esas inversiones, no exclusivamente a la inteligencia artificial, y tampoco constituía una pauta para todos los perfiles.

El peso adecuado depende del patrimonio total, del horizonte y de la capacidad para asumir pérdidas. También de la exposición tecnológica acumulada: quien ya posee abundantes acciones de grandes tecnológicas puede estar reforzando una apuesta que domina su cartera.

Una posición temática puede complementar una inversión diversificada. Su tamaño debe permitir soportar una evolución desfavorable sin comprometer los objetivos del conjunto. En un perfil prudente, incluso la exposición a IA incluida en un índice mundial debe valorarse dentro del riesgo total de renta variable.

Además, el crecimiento de una industria no garantiza una buena rentabilidad a cualquier precio. Una empresa puede aumentar sus ingresos y decepcionar en bolsa si su cotización anticipaba resultados todavía mejores. El ETF reparte el riesgo entre compañías, pero sigue expuesto a que las expectativas sobre toda la temática sean demasiado exigentes.

El coste de operar

Los ETF se compran y venden durante la sesión bursátil. El inversor puede consultar las cotizaciones, aunque el precio mostrado no garantiza que su orden se ejecute exactamente a ese nivel.

La horquilla —la diferencia entre el precio de compra y el de venta— y las comisiones del intermediario influyen en el coste de la operación. Una orden limitada permite fijar un precio máximo de compra, con la posibilidad de que quede sin ejecutar si el mercado no ofrece esas condiciones.

La liquidez tampoco depende únicamente del volumen negociado en pantalla. Importan los activos que contiene el ETF y los mecanismos que permiten crear o reembolsar participaciones.

Hay otra distinción relevante: la moneda en la que se negocia el producto no determina por sí sola su riesgo de divisa. Comprar en euros un ETF con acciones estadounidenses no elimina automáticamente la exposición al dólar.

La diferencia fiscal

Los fondos tradicionales ofrecen una ventaja relevante para el inversor residente en España. Cuando cumplen los requisitos legales, permiten traspasar la inversión a otro fondo sin tributar en ese momento por las ganancias. El impuesto se aplaza hasta el reembolso definitivo. Este régimen no se aplica, con carácter general, a los ETF.

La diferencia cobra importancia cuando se prevén reajustes frecuentes. Mantener un ETF durante años evita realizar ventas intermedias, pero no modifica su tratamiento fiscal.

Los fondos también suelen facilitar las aportaciones pequeñas, al permitir invertir importes concretos mediante fracciones de participaciones. En los ETF, esa posibilidad depende de las condiciones del intermediario.

La elección del vehículo debe incorporar estas cuestiones junto con la exposición buscada. El Atlas del ETF sitúa precisamente la fiscalidad, los costes y la función de cada producto entre las claves de su utilización en las carteras españolas.

Preguntas para el asesor

Antes de incorporar un ETF de inteligencia artificial, la conversación con el asesor debería resolver seis cuestiones:

  • Exposición: ¿qué relación tienen las empresas seleccionadas con la IA y cuánto depende de ella su negocio?
  • Concentración: ¿qué peso reúnen las mayores posiciones y cuáles se repiten en mi cartera?
  • Metodología: ¿cómo selecciona y pondera el índice sus componentes?
  • Costes: ¿cuánto cuesta mantener el producto y cuánto comprarlo o venderlo?
  • Riesgo: ¿cómo afectaría una caída de esta inversión a mis objetivos?
  • Fiscalidad: ¿qué consecuencias tendría vender el ETF para sustituirlo por otro producto?

Un ETF permite participar en el desarrollo de la inteligencia artificial sin concentrarlo todo en una empresa. La decisión pendiente es cuánto debe depender el patrimonio de que se cumplan las expectativas sobre esa tecnología.

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