SpaceX pone a prueba el mercado del entusiasmo

SpaceX llega a bolsa con fuerte demanda minorista, dudas de gobernanza y el respaldo automático de parte del capital pasivo

La OPV de SpaceX no solo mide el apetito por la tecnología espacial. También pone a prueba la capacidad del mercado para convertir carisma, relato y miedo a quedarse fuera en valoraciones extremas.

SpaceX llega por fin este viernes a bolsa y la maquinaria del entusiasmo trabaja a pleno rendimiento. Bancos e intermediarios financieros de todo el mundo han llenado sus páginas web de cohetes y naves espaciales. Los inversores minoristas han enviado órdenes por más de 100.000 millones de dólares. Hay escépticos que cuestionan la valoración y los riesgos de gobernanza, pero la decisión de algunos proveedores de índices de permitir su inclusión temprana, con la excepción de S&P, implica que alrededor del 30 % del capital flotante quedará en manos de inversores pasivos, con independencia de su opinión sobre la compañía.

El éxito de los cohetes reutilizables de SpaceX y de su división de satélites Starlink, la única unidad rentable de la empresa, es difícil de discutir. Pero la verdadera revolución parece estar en otra parte: la capacidad de líderes carismáticos con una base de seguidores fieles —y Elon Musk quizá sea el ejemplo definitivo— para convertir entusiasmo en capital.

El miedo de los inversores a quedarse fuera amenaza con imponerse a las dudas sobre las pérdidas, el gasto en inteligencia artificial y el control desproporcionado de Musk sobre la compañía, descrito por un fondo danés como una «gobernanza catastrófica».

Entusiasmo bursátil

Jim Chanos, histórico inversor bajista conocido por anticipar el colapso de Enron, afirmó esta semana que SpaceX es una OPV de «esperanzas y sueños». A su juicio, el mercado está más pendiente de narrativas llamativas, como los centros de datos en el espacio, que de beneficios tangibles.

La opinión de Chanos pesa porque ha visto dinámicas parecidas antes. Hace poco apostó contra Strategy (NASDAQ: MSTR), el vehículo de compra de bitcoins de Michael Saylor y mayor propietario corporativo de la criptomoneda en el mundo. Durante el último año, sus acciones han caído un 70 %.

Las ideas de Saylor sobre el bitcoin como «energía digital», tan rotundas como discutibles, lograron dar brillo a lo que en esencia es una apuesta apalancada: acudir a los mercados de deuda y capital para captar dinero, comprar bitcoins y esperar a que las acciones de Strategy suban al calor del precio del token. Después, repetir el proceso.

Los inversores minoristas, atraídos por la figura permanentemente alcista de Saylor, alimentaron esa maquinaria. Controlan el 80 % de las acciones preferentes de Strategy, que actualmente pagan un dividendo del 11,5 %. Se trata de una inversión vendida en Robinhood y promocionada en X con mujeres glamurizadas generadas por inteligencia artificial.

Capital pasivo

El impulso alcista de Strategy llevó a su inclusión en los índices Nasdaq y MSCI. Eso abrió la puerta a una bolsa de capital pasivo que, igual que ocurrirá con SpaceX, acabó respaldando la apuesta de Saylor por acumular bitcoins aunque muchos inversores no hubieran tomado esa decisión de forma consciente.

Solo S&P, de nuevo como en el caso de SpaceX, resistió la presión de incluir en su índice principal un vehículo dedicado a comprar criptomonedas.

El resultado ha sido un modelo de capital basado en el entusiasmo que ha terminado chocando con la realidad. La caída del precio del bitcoin ha dejado a Strategy con pérdidas latentes en su cartera de criptomonedas. La presión llevó a la compañía a vender algunos tokens por primera vez, lo que dañó la imagen de Saylor como inversor dispuesto a mantener su posición en cualquier circunstancia.

Lo peor puede estar aún por llegar. Saylor reconoció recientemente que el universo del bitcoin compite con la nueva generación de compañías vinculadas a la inteligencia artificial por el dinero especulativo de los inversores minoristas. El verano de SpaceX prolonga, en la práctica, el invierno cripto.

Eso significa que los grandes relatos de mercado compiten ahora entre sí. Los inversores venden posiciones tecnológicas existentes para financiar sus nuevas apuestas en inteligencia artificial y, por ahora, Saylor admite que Musk tiene ventaja.

Cuando Anthropic y OpenAI salgan a bolsa con valoraciones de más de un billón de dólares, la atmósfera puede tener menos oxígeno incluso para SpaceX.

Índices bajo presión

Otra incógnita es si la paciencia de los proveedores de índices se pondrá a prueba hasta el límite. El año pasado, analistas de JPMorgan Chase (NYSE: JPM) advirtieron de que Strategy se exponía a salidas de miles de millones de dólares si era expulsada de determinados índices, incluido MSCI, por el funcionamiento de su modelo de compra de bitcoins.

Esa amenaza no ha desaparecido por completo. SpaceX puede terminar siendo una inclusión más sencilla para los índices con el paso del tiempo, pero la necesidad de atraer flujos pasivos sigue siendo una prueba para su valoración y para la de otras nuevas megacapitalizadas tecnológicas que lleguen al mercado.

«Es irónico que SpaceX y Anthropic estén drenando la liquidez del mercado para Strategy», afirma Co-Pierre Georg, de la Frankfurt School of Finance. «SpaceX se beneficia del mismo mecanismo distorsionado de índices y fondos pasivos del que se beneficia Strategy».

El factor Musk

Las similitudes no significan que las compañías de Musk y Saylor sean equivalentes. Strategy está mucho más expuesta al universo cripto, con todos los excesos propios de ese mercado.

Pero muchos inversores institucionales que se perdieron el rally de la inteligencia artificial, o que sufrieron al apostar por la compañía equivocada del sector, sentirán presión para subirse a SpaceX. A medida que los contrapesos se debilitan ante el miedo a quedarse fuera y los consejos de administración sólidos son sustituidos por mantras como «no apuestes contra Musk», el escepticismo de Chanos puede volver a resultar profético.

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Portada del número 1.359 (junio) de la revista Inversión.

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