Europa tiene un problema de 2 billones en Taiwán

La UE teme no estar preparada para una crisis que afectaría a semiconductores, industria, defensa y crecimiento, con especial impacto en Alemania y el conjunto de la economía europea

Un bloqueo o una escalada sobre Taiwán tendría consecuencias directas para Europa: cadenas de suministro, chips avanzados, industria alemana, rearme, inflación y seguridad económica.

Poco antes del amanecer del 17 de enero, un dron militar chino cruzó por primera vez el espacio aéreo taiwanés sobre un arrecife de coral en disputa en el mar de China Meridional. El avión de reconocimiento permaneció unos minutos sobre la isla de Pratas, mientras Taiwán emitía advertencias por radiofrecuencias internacionales para que se retirara.

China afirmó que el vuelo era una misión de entrenamiento «normal». Taipéi lo calificó de «provocador e irresponsable». Al otro lado del mundo, funcionarios europeos interpretaron la maniobra como parte de un plan chino a largo plazo para erosionar gradualmente el control taiwanés sobre su territorio y, finalmente, forzar su unificación con China continental.

Funcionarios de la Unión Europea (UE) habían simulado precisamente ese tipo de incursión tres años antes, según una persona familiarizada con esas conversaciones. Pero cuando el escenario hipotético se convirtió en un desafío real, los europeos no tuvieron respuesta.

Taiwán es «un peligroso punto ciego» para la UE, según Marcin Jerzewski, director de la oficina de Taipéi del Centro Europeo de Valores para la Política de Seguridad.

Punto ciego

Es EE. UU., y no la UE, el socio en el que Taipéi confía como contrapeso a Pekín. Pero a los funcionarios europeos les preocupa que el deseo de Donald Trump de restablecer las relaciones con el presidente chino, Xi Jinping, dé a Pekín margen para incursiones como la de enero y que, con el tiempo, esto permita a China dominar una parte crucial de la economía global y deje a Europa al margen.

No hay indicios de que Xi tenga planes de invadir Taiwán próximamente. En abril, el líder chino se reunió con el jefe del principal partido de la oposición taiwanesa por primera vez en una década, lo que indica que prefiere moldear el futuro de la isla mediante influencia política. Su purga de altos generales también ha generado dudas sobre la preparación militar del Ejército Popular de Liberación.

El coste de una invasión sería potencialmente devastador. Pero, en términos económicos, la UE aparece especialmente expuesta.

En el peor escenario de una guerra entre EE. UU. y China por Taiwán, un estudio de Bloomberg Economics muestra que la economía de la UE sufriría un impacto equivalente a unos 2 billones de dólares durante el primer año. La economía alemana se contraería cerca de un 14 %, aproximadamente el doble que la de EE. UU. o China.

Estas conclusiones subrayan una de las principales lecciones del ataque de Trump contra Irán: EE. UU. puede tener el control de los asuntos globales, pero Europa suele pagar una parte muy elevada del precio económico.

«Un bloqueo de Taiwán supondría una grave crisis económica y de seguridad para Europa incluso sin una invasión», afirma Jerzewski.

Disuasión más débil

La percepción de la amenaza varía según el Estado miembro, pero los funcionarios europeos temen que, tras Ucrania e Irán, el próximo gran conflicto pueda estallar en torno a Taiwán. El delicado equilibrio de amenazas que contribuye a disuadir a China se ha visto alterado por los acontecimientos recientes.

El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, insiste en que no ha habido cambios en la política de EE. UU. hacia Taiwán. Japón, por su parte, refuerza su presencia militar en torno a la isla. Sin embargo, Trump ha puesto en duda la voluntad de EE. UU. de apoyar a Taiwán.

Además, la guerra contra Irán ha reducido significativamente las reservas de armas estadounidenses. La inversión militar china sigue reduciendo la brecha con EE. UU. y la sugerencia de Trump de que podría discutir la venta de armas a Taiwán con Xi causó alarma tanto en Taipéi como en Bruselas.

«La disuasión podría estar en su punto más débil en años», afirmó Jennifer Welch, analista jefe de geoeconomía de Bloomberg Economics.

La preocupación europea no es solo militar. Taiwán se ha vuelto más importante para las cadenas globales de suministro pese al aumento de las tensiones geopolíticas. Según Bloomberg Economics, la isla produce más del 60 % de los semiconductores lógicos más avanzados del mundo.

Impacto económico

Los funcionarios europeos intentan comprender cómo una crisis afectaría a las diferentes economías del bloque, según fuentes cercanas a su postura. Algunos atribuyen la falta de preparación a la escasez de recursos y a la sobrecarga de gobiernos que ya gestionan la guerra de Rusia contra Ucrania, las tensiones comerciales con China y el ataque estadounidense contra Irán.

Según Bloomberg Economics, Alemania sería uno de los países más afectados por su elevada dependencia industrial de los semiconductores taiwaneses y de las tierras raras chinas. En comparación, el PIB de Francia se contraería un 6,5 %, el de Italia sufriría una caída del 8,8 % y el de España retrocedería un 7 %.

El PIB mundial se reduciría más de un 8 %, superando con creces el impacto de la crisis financiera de 2009 y de la pandemia de la covid-19. El mundo también se enfrentaría a una grave escasez de productos específicos cuya producción está dominada por Taiwán, incluidos suministros médicos como marcapasos y bombas de insulina.

El riesgo, por tanto, no se limita a chips para inteligencia artificial o electrónica de consumo. Afecta también a sanidad, automoción, defensa, maquinaria industrial y a cualquier sector que dependa de componentes avanzados o de cadenas de suministro asiáticas.

El problema de Bruselas

La UE suele tardar en tomar decisiones porque necesita alcanzar consensos entre 27 Estados miembros con intereses a veces muy distintos. Pero llegar a una posición común sobre Taiwán es uno de sus mayores retos.

Un portavoz de la Comisión Europea afirmó que el bloque debate continuamente todos los asuntos relacionados con su seguridad e impulsa la resolución pacífica de las tensiones entre ambos lados del estrecho mediante el diálogo. Si China decide intentar cambiar el statu quo por la fuerza o la coerción, la UE defenderá sus intereses, añadió.

Las discusiones sobre la estrategia europea respecto a Taiwán suelen celebrarse discretamente y, en ocasiones, solo participan algunos Estados miembros afines, según fuentes cercanas al asunto. El objetivo es excluir a países más propensos a adoptar la postura de Pekín.

Chipre, que ostenta la presidencia rotatoria del bloque hasta el próximo mes, veta de forma sistemática cualquier debate sobre Taiwán por temor a sentar un precedente que pueda afectar a su propia disputa territorial con Turquía.

En esas reuniones, los funcionarios han realizado simulacros para explorar escenarios como incursiones de escalada en el espacio aéreo taiwanés, similares a la ocurrida sobre la isla de Pratas en enero; un posible bloqueo chino del suministro de minerales críticos; la inspección por parte de China de buques con bandera de la UE; o un bloqueo total de la isla.

En encuentros recientes ha quedado claro lo poco preparada que está Europa, según fuentes cercanas a esas deliberaciones.

Falta de preparación

En una sesión se analizó qué sucedería si las exportaciones de semiconductores de Taiwán se redujeran a la mitad. Los europeos confiaban en que sus economías sobrevivirían a ese golpe, hasta que los delegados de Taipéi y Washington les aclararon la situación: Taiwán depende completamente de EE. UU. para su apoyo militar. Por tanto, EE. UU. se quedaría con todos los chips, dejando a Europa sin ellos.

En caso de una escalada importante, Europa solo tendría unas horas para responder y, en la actualidad, no está preparada para actuar con tanta rapidez, afirmaron las personas consultadas, que pidieron no ser identificadas al tratarse de conversaciones privadas. Italia y España se mostraron preocupadas por el análisis, pero dudaron en sacar las conclusiones necesarias para actuar, añadieron las fuentes.

Las naciones europeas se enfrentan a dificultades especialmente ante situaciones de la llamada zona gris, como la incursión en la isla de Pratas, situada a 440 kilómetros del extremo sur de la isla principal de Taiwán. Estas acciones no constituyen un acto de guerra, pero permiten a China aumentar gradualmente su influencia sobre Taiwán si no se les pone freno.

Durante años, la respuesta habitual de los europeos fue pedir una desescalada y buscar el apoyo de EE. UU., según personas que han asistido a los ejercicios. Esta situación cambió desde el regreso de Trump a la presidencia, en medio de una ruptura más amplia de la coordinación transatlántica en política hacia China.

A finales del año pasado, las naciones europeas comenzaron a coordinarse entre sí y, posteriormente, con Japón, según Jerzewski, del Centro Europeo de Valores para la Política de Seguridad, que organiza regularmente estos ejercicios.

Socio indispensable

Europa busca nuevas formas de colaborar con Taiwán, sobre todo porque la economía de la isla es clave para un futuro impulsado por la inteligencia artificial y su crecimiento económico es la envidia de muchos socios europeos.

La UE se ha convertido en la principal fuente de inversión extranjera directa de Taiwán y en su quinto socio comercial más importante. Algunos funcionarios taiwaneses admiten en privado su preocupación por la menor fiabilidad de EE. UU. como socio, por lo que redoblan sus esfuerzos para colaborar con Europa. Ninguna de las dos partes se hace ilusiones, sin embargo, de que la UE pueda sustituir el apoyo militar estadounidense.

Hsiao Kuang-wei, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán, afirmó que EE. UU. ha reafirmado que su política hacia Taiwán se mantiene sin cambios y que continúa apoyando la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán.

Taipéi seguirá mejorando su capacidad de autodefensa «mientras colabora estrechamente con EE. UU. y otros socios regionales para fortalecer la disuasión y defender conjuntamente la paz», añadió Hsiao.

Taiwán también se posiciona como proveedor alternativo a China de artículos de defensa cruciales, como drones y otros productos de alta tecnología. La isla es un socio indispensable para los esfuerzos de reindustrialización y rearme de Europa, declaró recientemente el ministro de Asuntos Exteriores taiwanés, Lin Chia-lung, ante una audiencia europea.

Reducción de riesgos

Al mismo tiempo, las autoridades taiwanesas observan con preocupación lo que ocurre en Europa en materia de reducción de riesgos. Tras años de promesas para trasladar cadenas de suministro fuera de China, los avances han sido limitados. La cautela de los líderes europeos ante un Trump impredecible también los está acercando de nuevo a Pekín.

En una entrevista con Bloomberg News en abril, el viceministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, François Wu, insistió en que, para las empresas que invierten en la isla y también para el resto del mundo, las consecuencias de una crisis en Taiwán serían devastadoras.

«La vida económica moderna de la que disfrutamos hoy se acabará», afirmó. «Será muy malo, no solo para Taiwán, sino también para ustedes».

El mensaje para Europa es incómodo. La UE ha aprendido en Ucrania que la dependencia energética puede convertirse en vulnerabilidad estratégica. En Taiwán puede descubrir algo similar con los semiconductores, los minerales críticos y la tecnología avanzada. La diferencia es que, en una crisis en el estrecho, el margen de reacción podría medirse en horas.

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