SpaceX pone a prueba la prima Musk antes de salir a bolsa

SpaceX, de Elon Musk, aspira a una valoración de 2 billones de dólares y lleva al mercado a tasar negocios futuros aún difíciles de medir

La salida a bolsa de SpaceX puede convertirse en el mayor test de la prima Musk: pagar hoy por una combinación de cohetes, satélites, IA y proyectos todavía especulativos.

Elon Musk ha convertido la ciencia ficción en realidad durante casi dos décadas. Sus empresas han enriquecido a quienes creyeron pronto en él y han dado a buena parte de Wall Street razones para concederle el beneficio de la duda. Ahora, esa credibilidad vuelve a ponerse a prueba con SpaceX.

La compañía espacial aspira a una valoración de 2 billones de dólares en su salida a bolsa, una cifra que exige mirar más allá de los contratos de lanzamiento, el negocio de internet por satélite de Starlink y los ingresos actuales. Lo que se pondrá en precio será también una promesa mucho más amplia: centros de datos en el espacio, bases en la Luna, colonias en Marte y negocios todavía difíciles de medir.

El debate no es solo si SpaceX vale esa cantidad. La pregunta de fondo es cuánto están dispuestos a pagar los inversores por no quedarse fuera de la próxima gran historia de Musk. El precedente de Tesla pesa mucho: la compañía se ha revalorizado cerca de un 3.000 % en la última década y convirtió a muchos escépticos en espectadores de una de las grandes subidas bursátiles del mercado estadounidense.

Prima Musk

Las empresas de Musk han obligado a los analistas a estirar sus herramientas clásicas de valoración. En lugar de limitarse a ingresos, beneficios o flujo de caja, muchos modelos incorporan ahora lo que Aswath Damodaran, profesor de finanzas de la Universidad de Nueva York, define como valor de opcionalidad: negocios futuros que podrían multiplicar el mercado potencial si se materializan.

Damodaran no está convencido de una valoración de 2 billones de dólares para SpaceX. En su opinión, tendría más sentido una cifra cercana a 1 billón. Aun así, reconoce que la compañía tiene un potencial de crecimiento extraordinario y que sus opciones de expansión son hoy más amplias que las de Tesla.

«Las opciones son más amplias para SpaceX que para Tesla en este momento», afirmó en una entrevista. Su argumento es que SpaceX se encuentra tan por delante de la competencia que está mejor posicionada para aprovechar esos negocios futuros.

La prima que el mercado puede estar dispuesto a pagar por SpaceX descansa en una idea sencilla: Musk ya ha transformado dos industrias. Damodaran resume ese mérito al señalar que Tesla y SpaceX son «verdaderas maravillas tecnológicas».

El precedente Tesla

Tesla es el espejo inevitable. Desde hace años cotiza con una valoración muy superior a la de los fabricantes tradicionales de automóviles y también por encima de muchas grandes tecnológicas en términos de múltiplos. Los analistas ya no la tratan solo como una automovilística, sino como una empresa de inteligencia artificial, robótica, software y movilidad autónoma.

El negocio de coches pesa cada vez menos en las tesis alcistas de largo plazo. Buena parte de las valoraciones optimistas se apoya en robotaxis, Optimus, licencias de conducción autónoma, suscripciones, seguros y otros ingresos esperados durante décadas. Es decir, en negocios cuyo peso actual es limitado, pero cuyo potencial se proyecta muy lejos.

Ese marco ha preparado al mercado para SpaceX. Si Tesla pudo sostener valoraciones muy exigentes por negocios futuros, SpaceX llega a bolsa con una narrativa incluso más amplia: lanzamientos, satélites, comunicaciones, defensa, datos en órbita y la ambición de convertir el espacio en una nueva infraestructura económica.

El riesgo es que la comparación con Tesla actúe como atajo mental. Muchos inversores pueden no preguntarse cuánto vale hoy SpaceX, sino cuánto habrían ganado si hubieran comprado Tesla antes de su gran revalorización.

Valoración extrema

Los escépticos ven ahí el principal peligro. Michael O’Rourke, estratega jefe de mercado de Jonestrading Institutional Services, considera difícil justificar la valoración objetivo. Si SpaceX alcanzara los 2 billones de dólares y sus ingresos del año pasado rondaran los 20.000 millones, la compañía estaría valorada en torno a 100 veces ventas.

Ese múltiplo exige que muchos de los negocios futuros funcionen casi sin margen de error. Los centros de datos en el espacio, por ejemplo, pueden convertirse en una gran oportunidad, pero los inversores todavía tienen pocas pruebas de que sean más eficientes en coste que las instalaciones terrestres.

La tensión es clara: SpaceX es una empresa real, con ventajas competitivas visibles en lanzamientos y satélites, pero una valoración de 2 billones de dólares obliga a pagar también por una serie de éxitos que aún no se han producido.

O’Rourke lo resume con dureza: el inversor estaría pagando por un éxito que todavía no se ha ganado. La advertencia no niega el potencial tecnológico de la compañía, pero sí cuestiona que el precio de entrada deje margen suficiente para el riesgo.

Miedo a quedarse fuera

El miedo a quedarse fuera puede ser el gran motor de la operación. Damodaran sostiene que muchos analistas ya han decidido que comprarán SpaceX porque no pueden permitirse no estar dentro. La expresión resume el componente psicológico de la salida a bolsa: el recuerdo de Tesla convierte la ausencia en una forma de riesgo profesional.

Ese factor puede ser decisivo en los primeros días de cotización. La compañía planea vender hasta un 30 % de las acciones a inversores minoristas. Si la oferta alcanzara los 75.000 millones de dólares, la parte destinada a este tipo de compradores podría rondar los 22.500 millones.

La participación minorista añade demanda potencial, pero también volatilidad. Si la salida se convierte en un acontecimiento de mercado dominado por la marca Musk, el precio puede reflejar tanto expectativas de negocio como entusiasmo, escasez de acciones disponibles y presión por entrar pronto.

Ark Investment Management, inversor actual de SpaceX y accionista histórico de Tesla, defiende que una valoración de 1,75 billones de dólares puede apoyarse en una trayectoria plausible para los negocios principales de la compañía. Su tesis se apoya en el historial de Musk para acelerar plazos que los escépticos consideraban imposibles.

Sueño espacial

El problema es que los grandes negocios futuros de SpaceX son todavía más difíciles de valorar que los de Tesla. Más allá de los contratos con el Gobierno de EE. UU. para lanzar cohetes y del negocio de Starlink, parte de la tesis depende de proyectos que pertenecen a una frontera tecnológica y económica muy abierta.

Construir centros de datos en órbita, una base lunar o una colonia en Marte puede ampliar enormemente el mercado potencial. También puede exigir cantidades extraordinarias de capital, años de desarrollo y riesgos tecnológicos, regulatorios y operativos difíciles de incorporar a un modelo financiero convencional.

Ahí está la paradoja de SpaceX. La compañía puede ser una de las empresas privadas más admiradas del mundo y, al mismo tiempo, llegar al mercado con una valoración que descuenta una parte muy elevada del futuro. La oportunidad puede ser real, pero el precio ya incorpora mucho sueño.

El punto relevante para el inversor no es decidir si Musk volverá a sorprender al mercado. La clave está en saber cuánto de esa sorpresa ya está incluido en el precio. SpaceX puede ser una compañía excepcional y, aun así, plantear una salida a bolsa exigente si la valoración obliga a pagar hoy por beneficios que dependen de negocios todavía incipientes.

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