Petróleo, bonos e IA obligan a mover cartera: ¿cómo?
Josep Codina reduce riesgo, evita todavía la deuda de larga duración y selecciona valores capaces de resistir petróleo y tipos altos
Los rendimientos a dos años de los bonos en Alemania y Reino Unido repuntan ante el shock energético.
El petróleo vuelve a superar los 108 dólares por barril, la rentabilidad del bono de EE. UU. a 10 años rebasa el 5 % y las enormes inversiones necesarias para desarrollar la inteligencia artificial empiezan a someterse a un escrutinio mayor. Tres focos de incertidumbre que ya están provocando cambios en las carteras.
Josep Codina, director de análisis de la revista Inversión, explica en un nuevo episodio de Pautas qué decisiones ha tomado ante este escenario, dónde empieza a encontrar oportunidades y qué activos todavía evitaría.
Su primer movimiento ha sido reducir algunas posiciones que acumulaban beneficios importantes y trasladar parte de ese dinero hacia la liquidez y los activos de menor duración. No se trata de abandonar el mercado, sino de ganar margen para aprovechar posibles correcciones durante las próximas semanas.
A ese ajuste ha añadido una novedad: una pequeña exposición global a materias primas.
«El ciclo de las materias primas puede estar iniciándose de nuevo y tener una capacidad de impulso importante», sostiene Codina. La tesis no se limita al petróleo. Incluye también metales industriales como el cobre y determinadas materias primas agrícolas, expuestas a las alteraciones de las cosechas, los fenómenos climáticos y el aumento de los costes de transporte.
Una energía más cara y una mayor tensión geopolítica pueden elevar el coste de producir y distribuir numerosos bienes. Por eso, Codina prefiere una exposición diversificada a las materias primas antes que perseguir directamente la subida de las compañías petroleras.
Lo que no ha vendido son las empresas de calidad cuyos beneficios continúan creciendo.
Petróleo y tipos
El Brent ha llegado a superar los 108 dólares, mientras el West Texas se mueve por encima de los 103. Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono estadounidense a 10 años ha rebasado el 5 %, su nivel más alto desde 2007.
Para Codina, resulta difícil separar ambos movimientos porque forman parte de una misma cadena.
«El mayor peligro es que el petróleo deje de ser un choque temporal y obligue a mantener los tipos altos durante más tiempo», explica.
El encarecimiento del crudo actúa inicialmente como un impuesto: reduce el poder adquisitivo, presiona los márgenes empresariales y debilita el consumo. El problema aumenta si acaba trasladándose a los salarios, los servicios y las expectativas de inflación.
En ese caso, los bancos centrales pueden verse obligados a endurecer de nuevo su política monetaria o retrasar las futuras bajadas de tipos. El impacto pasa entonces de la energía a los bonos, el crédito, las hipotecas y las valoraciones bursátiles.
«El petróleo golpea los beneficios y los tipos golpean además las valoraciones. La combinación de ambos resulta más peligrosa que cualquiera de los dos factores por separado», resume Codina.
Duración, todavía no
Una rentabilidad superior al 5 % convierte al bono estadounidense en un competidor cada vez más serio para la bolsa. Codina introduce, sin embargo, una cautela importante para el inversor de la zona euro: esa rentabilidad está denominada en dólares.
Una depreciación de la divisa estadounidense frente al euro podría absorber una parte relevante de la ganancia. La referencia más próxima es el bono alemán a 10 años, cuya rentabilidad ronda el 3,5 %.
Codina considera que ya se puede empezar a comprar renta fija, pero todavía evita los vencimientos largos.
«Primero compraría rentabilidad y plazos cortos. No me metería aún en duración», afirma.
Su preferencia se concentra en duraciones de 1 a 3 años, que pueden corresponder aproximadamente a bonos con vencimientos de entre 2 y 4 años. La razón es sencilla: cuanto mayor es la duración, mayor es la caída del precio cuando suben los tipos.
A modo de aproximación, un bono a 10 años puede tener una duración cercana a 7. Una subida de 1 punto porcentual en los tipos tendría, por tanto, un impacto sobre su precio alrededor de 7 veces superior al que soportaría un activo con una duración de 1 año.
La sensibilidad funciona también en sentido contrario. Cuando el ciclo de tipos esté cerca de darse la vuelta, aumentar la duración permitirá beneficiarse más de una caída de las rentabilidades. Codina todavía no considera que haya llegado ese momento.
Más exigencia bursátil
El nuevo escenario obliga también a elevar el listón dentro de la renta variable.
Codina descarta las compañías tecnológicas sin beneficios y los negocios cuyo crecimiento se encuentra demasiado alejado en el tiempo. También mantendría fuera de la cartera a las aerolíneas y a las empresas turísticas más expuestas al encarecimiento del combustible y a una eventual caída de la demanda.
A ellas añade las pequeñas compañías con elevadas necesidades de financiación.
Los bancos presentan una situación menos clara. Los tipos altos pueden mejorar sus márgenes, pero también aumentan el riesgo de morosidad y pueden reducir la demanda de crédito. Por eso, Codina apuesta por seleccionar valores uno a uno y mantiene a BBVA (BME: BBVA) y Banco Santander (BME: SAN) entre sus principales candidatos.
En Bankinter (BME: BKT) exige una condición adicional: que la cotización supere sus máximos históricos antes de plantearse una nueva entrada.
Las oportunidades más claras aparecen, a su juicio, en empresas con poca deuda, abundante caja y capacidad para trasladar el aumento de los costes a sus precios. Codina cita Inditex (BME: ITX) como ejemplo de solidez de balance y poder de fijación de precios.
También señala a las aseguradoras, que pueden reinvertir las primas a rentabilidades superiores en un entorno de tipos elevados. Allianz (ETR: ALV) y Munich Re (ETR: MUV2) figuran entre sus preferencias.
En energía mantiene una visión favorable sobre Repsol (BME: REP) y TotalEnergies (EPA: TTE), siempre que sus cotizaciones no hayan descontado ya por completo un escenario de petróleo permanentemente situado por encima de los 100 dólares.
La IA debe responder
Codina se declara abiertamente partidario de la inteligencia artificial y la considera la mayor revolución tecnológica que ha presenciado. Su advertencia no cuestiona la tecnología, sino el precio que las compañías están pagando por desarrollarla.
«La inteligencia artificial ha pasado de demostrar lo que puede hacer a demostrar que puede rentabilizar todo el capital que está absorbiendo», señala.
Las previsiones de inversión de las grandes plataformas tecnológicas se miden ya en cientos de miles de millones de dólares. El gasto en chips, centros de datos, redes y energía empieza a presionar el flujo de caja y obliga a algunas compañías a recurrir con mayor intensidad a la deuda.
Oracle (NYSE: ORCL) constituye uno de los casos más extremos: su inversión llegó a representar alrededor del 174 % de su flujo de caja operativo. Meta (Nasdaq: META), por su parte, destinó cerca de 51.000 millones de dólares a inversiones durante el primer semestre de 2026 y aumentó el recurso a financiación ajena.
Para separar a los ganadores de las simples promesas, Codina propone responder cinco preguntas: si existen ingresos de IA identificables y recurrentes; si crecen más deprisa que el gasto necesario para generarlos; si queda flujo de caja después de invertir en chips y centros de datos; si la expansión se financia con recursos propios o con deuda; y si la rentabilidad esperada supera el coste de financiarla.
Microsoft (Nasdaq: MSFT), Alphabet (Nasdaq: GOOGL), Meta y Amazon (Nasdaq: AMZN) mantienen negocios extraordinariamente rentables. Esa diferencia aleja el escenario actual de la burbuja puntocom, cuando numerosas valoraciones dependían de expectativas y no de beneficios reales.
La revolución tecnológica puede ser auténtica y, al mismo tiempo, generar malas inversiones.
«La diferencia la marcará quien consiga monetizar la tecnología antes de que el coste del capital se coma la rentabilidad», concluye Codina.
Semanas de tensión
Las próximas sesiones estarán condicionadas por la decisión de la Reserva Federal y por el gran vencimiento trimestral de futuros y opciones, conocido como cuádruple hora bruja.
Codina cree que todavía pueden quedar «dos o tres semanas para sufrir». La estacionalidad del segundo año del ciclo presidencial estadounidense suele situar los mínimos del mercado en estas fechas antes de dar paso a un último trimestre más favorable.
La excepción que conviene recordar es 2018, cuando la guerra comercial impulsada por Donald Trump terminó borrando las ganancias acumuladas durante buena parte del ejercicio.
Con el petróleo por encima de los 100 dólares, las rentabilidades de los bonos en máximos de casi 20 años y la inversión en inteligencia artificial sometida a un examen cada vez mayor, Codina opta por no abandonar el mercado, pero sí por reducir riesgo, conservar liquidez y esperar mejores precios antes de volver a aumentar la exposición.
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