La inteligencia artificial pierde el favor de los inversores en bolsa
El desplome del 32 % de Elice en su debut bursátil agrava las dudas sobre las empresas de infraestructura de IA. La deuda y la incertidumbre sobre su rentabilidad enfrían el mercado
La fiebre inversora por la inteligencia artificial (IA) empieza a encontrar sus límites en los mercados financieros. Elice, una empresa surcoreana de centros de datos y desarrollo de IA prácticamente desconocida fuera de su país hasta esta semana, perdió el 32 % de su valor en su debut en la Bolsa de Seúl. La compañía, valorada en 750 millones de dólares, se convirtió así en uno de los ejemplos más visibles de la creciente desconfianza hacia las empresas que prometen beneficiarse de la expansión de esta tecnología.
El tropiezo se suma a una serie de operaciones frustradas durante las últimas semanas. Las australianas Firmus Grid y AirTrunk aplazaron sus salidas a bolsa, mientras que la británica Nscale y la estadounidense SB Energy encontraron resistencia entre los inversores por sus elevadas valoraciones. En paralelo, la rentabilidad exigida a los bonos de CoreWeave llegó al 15 %, una señal del deterioro de la confianza en la financiación de estas compañías.
Después de varios años en los que prácticamente cualquier empresa vinculada a la inteligencia artificial despertaba el interés de los inversores, los mercados muestran una actitud mucho más selectiva. El cambio afecta especialmente a las denominadas neoclouds, compañías especializadas en ofrecer capacidad de computación para aplicaciones de IA mediante grandes centros de datos.
Estas empresas ocupan un lugar fundamental en la cadena de suministro tecnológica. Clientes como Anthropic y OpenAI contratan su capacidad de procesamiento mediante acuerdos multimillonarios. Sin embargo, las dudas sobre la financiación, los retrasos en la construcción de instalaciones y la incertidumbre sobre los plazos de rentabilidad sacuden al sector tecnológico. La presión provocó incluso la racha de pérdidas más prolongada de las acciones de semiconductores desde la crisis financiera mundial.
«El desastroso debut de Elice confirma una vez más que hemos pasado de la era de comprar cualquier cosa relacionada con la IA a cuestionarlo todo sobre la IA», afirma Hebe Chen, analista sénior de mercados de Vantage Global.
El riesgo financiero
Las neoclouds figuran entre las empresas más expuestas a este cambio de percepción. CoreWeave, con sede en Nueva Jersey, es una de las principales representantes de un modelo de negocio que consiste en asumir grandes cantidades de deuda para adquirir procesadores gráficos (GPU) de Nvidia y alquilar posteriormente esa capacidad de computación mediante contratos plurianuales.
Sus primeros 18 meses como cotizada reflejan la volatilidad de la confianza en esta estrategia. La capitalización de CoreWeave se aproximó a los 90.000 millones de dólares el año pasado, con Nvidia como uno de sus principales inversores y defensores. Desde entonces, sus acciones sufrieron una profunda corrección y acumulan una caída superior al 60 % desde máximos.
Firmus también experimentó un brusco cambio de expectativas. Su salida a bolsa, que aspiraba a valorar la compañía en 30.000 millones de dólares, terminó frustrada. Nscale encuentra un escepticismo parecido ante una posible colocación con una valoración similar.
Ambas empresas afrontan las dificultades de convertir la demanda de procesamiento de IA y los pedidos comprometidos en instalaciones plenamente operativas. Solo una pequeña parte de la capacidad que proyectan se encuentra actualmente en funcionamiento.
El aumento del coste del capital agrava el problema. Los inversores muestran una creciente resistencia a financiar negocios que dependen de ingresos futuros todavía inciertos, especialmente cuando requieren desembolsos multimillonarios antes de comenzar a generar caja.
La deuda pasa factura
La subida de los costes de financiación desencadenó la corrección más reciente de CoreWeave. Sus bonos entraron este mes en niveles asociados a deuda en dificultades, lo que llevó al consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, a intervenir públicamente para tranquilizar a los mercados.
La presión también afecta a SoftBank, uno de los mayores inversores mundiales en inteligencia artificial. El riesgo crediticio del grupo japonés alcanzó su nivel más elevado en casi cuatro años.
SB Energy, su filial dedicada al desarrollo de infraestructuras de IA en Estados Unidos, ralentizó las conversaciones para salir a bolsa. Los trámites regulatorios también avanzan más despacio de lo previsto.
SoftBank afronta dificultades en varios frentes. Su principal participación es una importante inversión en OpenAI, que ya aplazó hasta el próximo año su salida a bolsa. La colocación de SB Energy debía facilitar la captación de recursos para financiar la construcción de instalaciones en Estados Unidos.
El mes pasado, el grupo japonés completó la mayor emisión de bonos corporativos de alto rendimiento de la historia, por un importe aproximado de 11.000 millones de dólares. Para conseguirlo, tuvo que aceptar unas rentabilidades superiores a las que había pagado anteriormente. El coste de asegurar su deuda frente al impago, medido mediante contratos CDS, es ahora el más elevado entre las grandes empresas japonesas.
Los problemas también alcanzan a AirTrunk, compañía australiana respaldada por Blackstone. La empresa planeaba tantear el interés de los inversores por un vehículo inmobiliario cotizado en Singapur, con una colocación de 1.500 millones de dólares y una rentabilidad aproximada del 6 %. Sin embargo, aplazó la operación hasta el próximo año después de la subida de los tipos de interés en Estados Unidos durante septiembre.
Financiación más cara
El deterioro de la confianza se extiende al mercado de deuda de alto riesgo. Los compradores de bonos especulativos muestran una creciente resistencia a financiar empresas tecnológicas emergentes, lo que dificulta todavía más la expansión de las infraestructuras de IA.
El jueves, JPMorgan Chase y Goldman Sachs elevaron la rentabilidad ofrecida en una operación de préstamos apalancados de 5.000 millones de dólares para Volta Infrastructure Holdings. Los inversores exigieron una compensación mayor para asumir riesgos vinculados al auge de la inteligencia artificial.
«Cuando el sentimiento es extremadamente alcista, a nadie le preocupa nada. Cuando es extremadamente bajista, todo parece una catástrofe», explica Leonid Mironov, gestor de carteras de Gavekal Capital en Hong Kong.
Para Mironov, la clave se encuentra en la generación de caja. «Si hay suficiente flujo de efectivo, las neoclouds estarán bien. Con un posicionamiento tan bajista, resulta difícil evaluar las verdaderas consecuencias sobre los fundamentales», señala.
El cambio de actitud del mercado supone una prueba para un modelo de negocio que exige cuantiosas inversiones iniciales, financiación recurrente y una elevada utilización de las instalaciones para alcanzar la rentabilidad prevista.
La demanda resiste
Pese al enfriamiento del entusiasmo bursátil, los indicadores de demanda de equipos para inteligencia artificial mantienen su fortaleza.
Dos compañías fundamentales para la industria de semiconductores, Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC) y ASML, superaron las expectativas del mercado con sus resultados y previsiones a corto plazo. Ambas aseguraron que cuentan con visibilidad sobre una demanda elevada hasta finales de esta década.
Esta resistencia introduce una distinción importante entre el crecimiento de la inteligencia artificial como actividad económica y las valoraciones de las empresas que pretenden beneficiarse de ella.
La demanda de chips, capacidad de procesamiento y sistemas de alimentación y refrigeración continúa, pero los inversores cuestionan cada vez más cuánto deben pagar por negocios cuyos beneficios pueden tardar años en materializarse.
El efecto positivo que la simple vinculación con la inteligencia artificial ejercía sobre las cotizaciones parece agotado. En abril, el fabricante de zapatillas Allbirds llegó a dispararse casi un 600 % después de anunciar su transformación hacia el desarrollo de infraestructuras de IA. Ahora, el entusiasmo indiscriminado deja paso al temor de que las dificultades financieras de algunas compañías se propaguen al resto del sector.
El caso de Elice resulta especialmente significativo. La empresa surcoreana cuenta con contratos públicos, centros de datos operativos y una actividad rentable. Ni siquiera esas características evitaron el castigo bursátil.
«Cuando las principales neoclouds experimentan fuertes oscilaciones en el sentimiento de los inversores, sus competidores más pequeños en Asia sufren inevitablemente las consecuencias», explica Homin Lee, estratega de Lombard Odier.
«Este es un ejemplo de esa dinámica. Mantenemos nuestra atención en las grandes empresas tecnológicas de Norteamérica y Asia», añade.
La próxima prueba
Las dificultades para colocar nuevas empresas en bolsa no se limitan a la inteligencia artificial. Oura, fabricante de anillos inteligentes, también suspendió sus planes de salida al mercado durante septiembre, después de la subida de los tipos de interés y la prolongación de la guerra en Irán.
Sin embargo, la situación de las compañías vinculadas a la IA tiene una relevancia especial para los mercados financieros. Desde la irrupción de ChatGPT, esta tecnología constituye uno de los principales motores de crecimiento bursátil en las grandes plazas internacionales.
El auge impulsó operaciones extraordinarias, como la salida a bolsa de SpaceX a comienzos de este año, considerada la mayor de la historia. Anthropic podría protagonizar otra operación de dimensión incluso superior a partir del próximo mes.
La empresa desempeña un papel fundamental en el sostenimiento de la demanda de infraestructuras tecnológicas. Al igual que las neoclouds, necesita procesadores gráficos, suministros eléctricos, redes de comunicaciones y sistemas de refrigeración para desarrollar sus servicios.
El calendario y el éxito de su posible debut bursátil serán, por tanto, referencias importantes para determinar si el crecimiento de la inversión en inteligencia artificial mantiene su impulso.
Anthropic ya comprometió contratos de infraestructuras de IA por cientos de miles de millones de dólares y aspira a una valoración bursátil de varios billones. La compañía negocia con Nscale otros 45.000 millones de dólares de capacidad adicional.
Su capacidad para sostener estos niveles de financiación y gasto resulta esencial para el conjunto de la industria.
«Cualquier dato negativo o indicio de nerviosismo provoca pánico en el sector tecnológico, porque la construcción de esta infraestructura de IA, valorada en varios billones de dólares, depende de un pequeño grupo de grandes empresas», advierte Dan Ives, director gerente sénior de Yorkville Ives & Co.
El mercado se enfrenta así a una nueva fase del desarrollo de la inteligencia artificial. La demanda tecnológica sigue creciendo, pero ya no basta para justificar cualquier valoración. La capacidad de financiación, los plazos de construcción y, sobre todo, la generación de caja empiezan a determinar qué empresas conservan la confianza de los inversores.
Con la colaboración de Abhishek Vishnoi y Sunny Bangia.
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