La inflación de EE. UU. presiona a la tecnología con el petróleo todavía al alza
El IPC de abril en EE.UU. supera las previsiones en la tasa subyacente, refuerza la presión sobre los bonos y complica el escenario de tipos para la Fed
Los inversores vuelven a mirar la inflación de EE. UU. como referencia clave para medir la presión sobre tecnología, bonos y petróleo.
Las bolsas afrontan una prueba más exigente después de varios máximos apoyados en la tecnología. El retroceso de los valores vinculados a la inteligencia artificial y a los semiconductores coincide con una nueva subida del petróleo y con un dato de inflación en EE. UU. más incómodo de lo previsto en la parte subyacente.
Los futuros del Nasdaq 100 cayeron un 0,8 % después del impulso reciente de los fabricantes de chips, que había llevado al índice a máximos históricos consecutivos. Los contratos del S&P 500 cedieron un 0,4 %, mientras el sector tecnológico también quedó rezagado en Europa, con una caída del 0,9 % dentro del Stoxx 600.
El ajuste llega en un momento de mayor cautela sobre la duración del avance tecnológico. Los inversores han premiado durante meses a las compañías más expuestas al crecimiento de la inteligencia artificial, pero las valoraciones elevadas dejan menos margen ante cualquier repunte de tipos o deterioro de expectativas. En Corea del Sur, Samsung Electronics y SK Hynix se vieron presionadas por el temor a nuevos impuestos sobre los beneficios asociados a la inteligencia artificial.
Presión tecnológica
El descanso de las grandes tecnológicas no responde solo a una toma de beneficios. La tensión de fondo procede de los tipos de interés. Las compañías de mayor crecimiento son más sensibles a las rentabilidades de los bonos porque una parte relevante de su valoración descansa en beneficios esperados a largo plazo. Cuando el mercado descuenta tipos más altos durante más tiempo, esas valoraciones se vuelven más exigentes.
El último índice de precios al consumo de EE. UU. confirmó que la presión inflacionista sigue siendo más incómoda de lo que esperaba el mercado. El IPC general se situó en abril en el 3,8 % interanual, por encima del 3,7 % previsto y del 3,3 % registrado en marzo. La tasa mensual avanzó un 0,6 %, en línea con las estimaciones.
La señal más relevante llegó desde la inflación subyacente. El indicador se situó en el 2,8 % interanual, una décima por encima de lo previsto y también por encima del 2,6 % de marzo. En tasa mensual, la subyacente subió un 0,4 %, frente al 0,3 % esperado, lo que refuerza la idea de que la presión no se limita solo a la energía.
La energía explicó buena parte del repunte. Sus precios subieron un 3,8 % mensual en abril y representaron más del 40 % del incremento total del IPC. En términos interanuales, el índice energético aumentó un 17,9 %, mientras los alimentos avanzaron un 3,2 %. El dato reduce el margen de la Reserva Federal para relajar su mensaje y mantiene la presión sobre los bonos.
Tipos sin alivio
Según la lectura de los mercados monetarios recogida por Bloomberg, los inversores han retirado la expectativa de recortes de tipos en EE. UU. durante el resto del año y empiezan a valorar una subida para marzo de 2027. Ese giro endurece las condiciones financieras y desplaza el foco hacia la curva de deuda. La rentabilidad del bono estadounidense a dos años subió hasta el 3,98 %, mientras el dólar refuerza su avance reciente.
Florian Ielpo, responsable de macroeconomía de Lombard Odier Investment Managers, sitúa el punto central en la reacción de los bonos. Una lectura de inflación más moderada habría aliviado la presión sobre los activos de riesgo. Un dato más fuerte, en cambio, intensifica la restricción y refuerza la tesis de tipos altos durante más tiempo.
La variable clave pasa ahora por comprobar si el impulso inflacionista de la energía empieza a filtrarse al resto de la cesta. Un dato más persistente presiona al alza las rentabilidades, sostiene al dólar y penaliza los segmentos más sensibles a los tipos, como la tecnología de crecimiento.
Petróleo y Ormuz
El petróleo añade una segunda fuente de tensión. El Brent subió un 2,8 % y superó los 107 dólares por barril, en su tercer avance consecutivo, ante la fragilidad del alto el fuego en Oriente Medio y el bloqueo prácticamente total del estrecho de Ormuz tras más de dos meses de guerra y negociaciones diplomáticas fallidas.
La subida del crudo tiene un efecto directo sobre las expectativas de inflación. También complica el equilibrio de los bancos centrales: si la energía encarece los precios y al mismo tiempo reduce el poder adquisitivo de los hogares, el mercado empieza a descontar un escenario más cercano a la estanflación, con menor crecimiento y menos margen para relajar la política monetaria.
Guillermo Hernández Sampere, responsable de operaciones de MPPM, advierte de que las esperanzas de una resolución han sufrido un revés y que cualquier recuperación adicional se mueve sobre terreno inestable. Su lectura apunta a una reducción de exposición al riesgo para evitar un exceso de posicionamiento en un momento de menor visibilidad.
Riesgo británico
La tensión no se limita a EE. UU. y al petróleo. En Reino Unido, los inversores vendieron bonos soberanos ante la creciente presión política sobre el primer ministro Keir Starmer. Las rentabilidades de la deuda pública británica subieron 10 puntos básicos o más en toda la curva y el bono a 30 años alcanzó el 5,79 %, su nivel más alto desde 1998. La libra esterlina también cedió frente a las principales divisas.
El movimiento introduce un riesgo adicional para los mercados europeos. La combinación de crisis energética, presión inflacionista y fragilidad política puede forzar una prima de riesgo más elevada en la deuda británica. Algunos estrategas de Bloomberg advierten, además, de que el mercado de divisas podría estar subestimando el riesgo político en torno a la libra.
La lectura se trasladó a las bolsas, con caídas generalizadas en Europa y presión especial sobre el Nasdaq, que rompió una racha de seis máximos históricos consecutivos. El dato relevante para los inversores no está solo en la caída de los índices, sino en si el mercado afronta una pausa normal tras los máximos tecnológicos o el inicio de una corrección más amplia provocada por petróleo, inflación y tipos más altos.
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Con información Josep Codina y de Andre Janse van Vuuren y Macarena Muñoz vía Bloomberg.
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