El euro gana peso en Europa del Este pero sus mayores economías se resisten
Croacia refuerza su influencia dentro del BCE y Hungría estudia adoptar la moneda común, mientras Polonia, Rumanía y la República Checa mantienen distancia
La ampliación del euro en Europa del Este avanza de forma desigual y revela distintas estrategias económicas, políticas y monetarias dentro de la Unión Europea.
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El debate sobre la adopción del euro vuelve a ganar fuerza en Europa del Este. Cuando Boris Vujcic asuma la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE) el 1 de junio, su nombramiento mostrará cómo Croacia se ha consolidado como uno de los países de la región con mayor influencia dentro de la eurozona.
En Zagreb, Vujcic será reemplazado por Ante Zigman, también europeísta. Su esposa dirige el ministerio croata responsable de la gestión de los fondos de la Unión Europea.
La vecina Hungría también busca ponerse al día. El nuevo gobierno del primer ministro Peter Magyar prepara una estrategia para adoptar la moneda común, lo que supone un cambio radical frente a la etapa de Viktor Orbán. Si ese proceso se concreta, Hungría se convertiría en el octavo país de la región en adoptar el euro. Bulgaria fue el último en incorporarse, el 1 de enero.
Grandes ausentes
Las tres mayores economías de la región, sin embargo, siguen fuera de la lista. El ministro de Finanzas polaco, Andrzej Domanski, declaró esta semana que no existe apoyo político para unirse al euro a corto plazo. Según defendió, mantener el zloty está funcionando, ya que la economía polaca crece más rápido que la de la zona euro y el desempleo es menor.
Rumanía, por su parte, intenta superar su última crisis política y encontrar la manera de controlar su déficit presupuestario. En ese contexto, elaborar un plan para unirse al euro no figura entre sus prioridades inmediatas.
La República Checa mantiene una posición aún más distante. Los checos, tradicionalmente euroescépticos respecto a su moneda, no abandonarán la corona en los próximos años. De hecho, el gobierno del primer ministro Andrej Babis ya no elaborará un informe anual sobre la preparación del país para cumplir los criterios de entrada.
«No queremos el euro», declaró Babis. «No hay razón para que hablemos de ello».
Región desigual
El contraste muestra una Europa del Este cada vez más dividida en su relación con la moneda única. Para algunos países, el euro representa una vía de integración institucional, acceso a influencia en el BCE y anclaje financiero. Para otros, mantener la moneda nacional sigue siendo una herramienta de autonomía económica y política.
Croacia se ha beneficiado de su integración en la eurozona y gana presencia institucional. Bulgaria acaba de incorporarse. Hungría, bajo una nueva orientación política, abre la puerta a estudiar el proceso. Pero Polonia, Rumanía y la República Checa siguen viendo más costes que beneficios inmediatos.
El debate no es solo monetario. También refleja posiciones distintas sobre la integración europea, la gestión de déficits, el uso de fondos comunitarios, la inflación, los tipos de interés y la capacidad de cada país para sostener su propia política económica.
Otros frentes
La región afronta, además, otros focos económicos y políticos. En Croacia, los bancos podrían verse afectados si un fallo del Tribunal Supremo resulta favorable a los prestatarios de préstamos en francos suizos en una disputa legal que se prolonga desde hace una década.
En la República Checa, el fundador de CSG, que cedió la empresa de defensa a su hijo, busca recaudar hasta 200 millones de euros para expandir un grupo industrial creado hace unos años. El primer ministro Babis también ha redoblado la presión sobre el banco central para recortar los tipos de interés, pese a los riesgos inflacionistas derivados de los precios de la energía.
En Hungría, el banco central se inclina por recortar el segundo tipo de interés de referencia más alto de la UE, tras una mejora en las perspectivas de inflación y en los mercados locales. Mientras tanto, Magyar afirmó que su gobierno está «muy cerca» de un acuerdo con la UE que permitiría liberar miles de millones de euros en ayudas suspendidas.
Ucrania y Serbia
La guerra sigue marcando la agenda regional. Rusia intensifica los ataques con misiles balísticos para intentar recuperar la iniciativa estratégica, mientras Ucrania se queda sin suministros clave de defensa aérea de fabricación estadounidense para interceptarlos. El presidente Volodímir Zelenski lo expuso en una carta dirigida a Donald Trump y al Congreso de EE. UU., a la que tuvo acceso Bloomberg.
En Serbia, el presidente Aleksandar Vucic lleva tiempo buscando inversiones en China, y Pekín ha respondido de nuevo. Empresas chinas invertirán 940 millones de euros adicionales para ampliar su presencia en el país, según declaró Vucic. Al mismo tiempo, decenas de miles de personas protestaron en Belgrado contra el gobierno, con el objetivo de mantener la presión antes de las elecciones que previsiblemente convocará a finales de este año.
La política también se mueve en otros países. En Eslovaquia, el primer ministro Robert Fico inauguró un cementerio rehabilitado con los restos de más de 17.000 soldados del Ejército Rojo, cumpliendo una promesa hecha al presidente ruso Vladímir Putin.
En Eslovenia, el líder nacionalista Janez Jansa volvió para un cuarto mandato como primer ministro. Su coalición aprobó rápidamente una enmienda que reintrodujo el 17 de mayo como día de recuerdo para las víctimas de la violencia comunista, reavivando disputas sobre el pasado del país.
Señales económicas
En Polonia, un programa para limitar los precios del combustible en las gasolineras incentiva a conductores de países vecinos a cruzar la frontera y repostar una de las gasolinas más baratas de la UE. La semana pasada, un litro de gasolina Eurosuper 95 costaba de media 1,49 euros, el precio más bajo del bloque después de Malta.
El banco central polaco decidirá esta semana sobre los tipos de interés. Algunos responsables políticos empiezan a considerar una posible subida a finales de año, aunque la debilidad de la economía podría hacerles esperar por ahora.
La República Checa, por su parte, quiere mantener «relaciones pragmáticas y equilibradas» con China, según declaró el ministro de Asuntos Exteriores, Petr Macinka, en una señal de intento por reconstruir los vínculos entre ambos países.
En Kosovo, el gobierno aprobó ayudas económicas y mayores prestaciones por maternidad antes de las elecciones del 7 de junio, en las que el primer ministro Albin Kurti busca la reelección tras meses de bloqueo político.
El mapa económico de Europa del Este queda así dividido entre integración monetaria, tensiones políticas, dependencia energética, guerra, inversión china y presión social. La moneda única avanza, pero las mayores economías de la región siguen midiendo si el euro les ofrece más estabilidad que pérdida de margen propio.
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