La tormenta de los bonos se hace global: los inversores exigen el mayor interés en décadas
La deuda a largo plazo sufre una oleada de ventas que lleva las rentabilidades a máximos de varias décadas, mientras los inversores exigen una prima mayor ante los déficits, la inflación y la avalancha de emisiones.
Los operadores están en alerta máxima por la caída de los bonos.
La tormenta que sacude al mercado de bonos ha dejado de ser un fenómeno localizado y amenaza ya con convertirse en uno de los grandes focos de tensión para los mercados globales. Los inversores están exigiendo una rentabilidad cada vez mayor para prestar dinero a los gobiernos durante décadas, en un movimiento que ha llevado los costes de financiación soberana a máximos de muchos años en Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido o Japón.
La presión se concentra especialmente en los vencimientos más largos, donde el mercado está descontando un escenario de inflación más incierta, déficits públicos elevados y una oferta creciente de deuda. El resultado es un fuerte repunte de las rentabilidades que empieza a poner a prueba la capacidad de los gobiernos para financiarse en un mundo en el que ya no pueden asegurar costes bajos durante décadas.