Ormuz reabre la gran pregunta energética tras el pacto entre EE. UU. e Irán

EE. UU. e Irán anuncian un acuerdo interino para reabrir Ormuz, pero el mercado aún duda de las reglas del tránsito

El estrecho de Ormuz concentra una parte crítica del comercio mundial de petróleo y gas. Su cierre ha tensado precios, transporte marítimo, refino y cadenas de suministro.

Ninguna región del mundo produce más petróleo y gas que los países situados alrededor del golfo Pérsico. Buena parte de esa energía solo puede exportarse en buques cisterna que cruzan el estrecho de Ormuz, una vía marítima que ha permanecido prácticamente cerrada durante más de tres meses desde que EE. UU. e Israel iniciaron la guerra contra Irán a finales de febrero.

La interrupción se ha extendido al conjunto de la economía mundial. La oferta de petróleo, gas y otras materias primas se ha estrechado, lo que ha llevado los precios a niveles muy superiores a los registrados antes de la guerra.

Ahora existe la expectativa de que la situación pueda empezar a cambiar. El 15 de junio, EE. UU. e Irán anunciaron un acuerdo interino para detener la guerra y reabrir el estrecho, con un pacto formal previsto para el 19 de junio. El anuncio fue recibido con un optimismo prudente en los mercados de energía y transporte marítimo, aunque muchas preguntas siguen sin respuesta: cómo se reabrirá la ruta, qué restricciones se mantendrán y qué reglas regularán el paso de los buques.

La guerra también ha expuesto la fragilidad de esta vía marítima y ha reabierto el debate sobre si el comercio mundial de energía puede seguir dependiendo de forma tan intensa de un único cuello de botella.

Qué es Ormuz

El estrecho de Ormuz está situado entre Irán, al norte, y los Emiratos Árabes Unidos y Omán, al sur. Conecta el golfo Pérsico con el océano Índico. Tiene unos 161 kilómetros de longitud y 39 kilómetros de anchura en su punto más estrecho. Los carriles de navegación en cada dirección apenas miden unos tres kilómetros.

La ruta es esencial para el mercado energético. Por ella transita alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Arabia Saudí, Irak, Irán, Kuwait, Baréin, Catar y los Emiratos Árabes Unidos exportan crudo a través de Ormuz en condiciones normales, y la mayoría de esos cargamentos se dirige a Asia.

Los países del golfo también albergan refinerías que producen grandes volúmenes de diésel, combustible para aviación, nafta —utilizada para fabricar plásticos y gasolina— y otros productos petrolíferos que se exportan a todo el mundo a través del estrecho.

Más allá de la energía, Ormuz es también un punto crítico para productos como aluminio, fertilizantes e incluso helio, utilizado en la fabricación de semiconductores.

Tráfico hundido

El tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz se ha reducido de forma drástica desde el inicio de la guerra. El número medio de buques que cruzan a diario la vía ha caído por debajo de 10, frente a unos 135 en tiempos de paz.

El desplome del tráfico también ha obligado a los productores de petróleo de la región a detener gran parte de su producción al quedarse sin espacio suficiente para almacenar crudo.

El cierre efectivo del estrecho se debió en gran medida a la respuesta de Irán a los ataques de EE. UU. e Israel contra su territorio. Además de lanzar ataques de represalia, Teherán impuso fuertes restricciones al transporte marítimo por Ormuz y atacó de forma intermitente buques dentro y alrededor del golfo Pérsico. Los riesgos de seguridad alcanzaron un nivel tan elevado que la mayoría de los armadores dejó de enviar barcos por ese paso.

Algunos buques, aun así, continuaron realizando la travesía. En ciertos casos apagaron sus transpondedores para evitar ser detectados. También hay indicios de que el ejército estadounidense ayudó de forma discreta a guiar algunos barcos a través de la vía marítima.

Irán, por su parte, permitió el tránsito de determinados buques a través de un corredor cercano a su costa, a menudo después de negociaciones sobre paso seguro y, en algunos casos, con peticiones de pagos de hasta 2 millones de dólares.

Más tensión

La interrupción se agravó a mediados de abril, cuando EE. UU. impuso un bloqueo a los buques vinculados a Irán en el golfo de Omán para presionar a Teherán y forzarlo a reabrir la vía marítima.

Irán resistió y, en mayo, amplió el área de control que reclama alrededor del estrecho. También creó una nueva entidad, la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, para controlar los cruces. Funcionarios iraníes han discutido además la posibilidad de establecer algún tipo de peaje permanente en coordinación con Omán, situado al sur del estrecho.

La tensión aumentó de nuevo a comienzos de junio, cuando fuerzas estadounidenses dispararon contra varios buques en el estrecho, incluido un petrolero que Washington aseguró que había violado su bloqueo. Tres marineros indios murieron en el incidente.

Qué cambia el acuerdo

Como parte del acuerdo interino de paz, EE. UU. e Irán aceptaron dejar de atacarse y reabrir el estrecho de Ormuz «de inmediato» una vez que el pacto quede firmado oficialmente. También se espera que Irán reciba en una fase posterior cierto alivio de las sanciones petroleras.

Sin embargo, muchos de los detalles más relevantes no se han hecho públicos: cómo se reabrirá el estrecho, qué restricciones seguirán en vigor y quién regulará el tráfico.

Irán afirmó que el transporte marítimo por el estrecho estará regulado por Teherán y Omán. Esa formulación sugiere que puede intentar conservar cierto control sobre la vía marítima, en lugar de limitarse a regresar al statu quo previo a la guerra.

El acuerdo entre EE. UU. e Irán también abre un periodo de 60 días de negociaciones sobre el futuro del programa nuclear iraní, lo que subraya el carácter provisional del pacto.

Por eso, el acuerdo no implica necesariamente una vuelta inmediata al tráfico habitual previo a la guerra. Los armadores necesitarán garantías de que los buques que entren en el golfo Pérsico podrán salir de forma segura, sin largas demoras ni nuevos peajes. Además, la acumulación de barcos pendientes de cruzar la vía podría tardar semanas en normalizarse.

Control legal

La cuestión jurídica añade otra capa de complejidad. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, los países pueden ejercer soberanía hasta 12 millas náuticas, unos 22 kilómetros, desde su costa. Esa zona se conoce como aguas territoriales.

El estrecho de Ormuz atraviesa aguas territoriales de Irán y Omán. Sin embargo, los Estados deben permitir el «paso inocente» de buques extranjeros por sus aguas territoriales y no pueden impedir el paso inocente o de tránsito por estrechos utilizados para la navegación internacional.

El tratado también establece que los países no pueden cobrar a los buques extranjeros únicamente por atravesar sus aguas territoriales.

Aunque el Gobierno iraní firmó la convención en 1982, su Parlamento nunca la ratificó.

Rutas alternativas

No todos los productores pueden evitar Ormuz. Kuwait, Catar y Baréin no cuentan con rutas alternativas viables para sus exportaciones.

Arabia Saudí, el país que más petróleo transporta a través del estrecho, ha desviado parte de su crudo por un oleoducto que cruza el país hacia el oeste hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. En mayo exportó 3,65 millones de barriles diarios de crudo desde Yanbu, algo más de la mitad de los envíos de enero, el último mes sin alteraciones antes del cierre de Ormuz.

El oleoducto puede transportar 7 millones de barriles diarios, pero parte de ese petróleo se reserva para uso interno y la propia ruta ha sido objetivo de ataques iraníes.

Los Emiratos Árabes Unidos también pueden sortear Ormuz mediante un oleoducto que conecta sus campos petrolíferos con el puerto de Fujairah, en el golfo de Omán. Pero esa infraestructura puede transportar menos de la mitad de los volúmenes habituales de exportación del país, y las instalaciones de ambos extremos han sufrido ataques. La petrolera estatal Abu Dhabi National Oil acelera la construcción de un segundo oleoducto para duplicar la capacidad exportadora desde Fujairah en 2027.

Irak tiene pocas alternativas viables. Un oleoducto hacia un puerto turco en el Mediterráneo no está conectado actualmente con los principales campos petrolíferos del sur del país, mientras que los planes para reactivar envíos a través de Jordania y Siria solo cubrirían una fracción de los volúmenes que normalmente salen por Ormuz.

Asia busca suministro

Las interrupciones también han llevado a los países asiáticos, entre los más dependientes del suministro de Oriente Medio, a buscar petróleo en otros mercados, incluido EE. UU.

Aunque esas alternativas suelen ser más caras, muchos importadores han aceptado pagar primas elevadas para asegurar el suministro.

La crisis ha expuesto el riesgo de depender en exceso de una sola ruta comercial. Incluso si Ormuz reabre, puede acelerar los esfuerzos de los compradores para diversificar fuentes de crudo y reducir la vulnerabilidad ante futuros bloqueos.

La gran pregunta para el mercado energético no es solo cuándo volverán a pasar los barcos por el estrecho. Es bajo qué condiciones lo harán, quién controlará el tránsito y cuánta confianza necesitarán armadores, aseguradoras e importadores antes de considerar que Ormuz vuelve a ser una ruta segura.

Claves para suscriptores

Qué significa esto para tu dinero

Accede a:

  • impacto en mercados
  • activos beneficiados
  • estrategia recomendada
Ver implicaciones

Este contenido este disponible para los suscriptores. Accede ahora para leer el articulo completo sin restricciones.

Disfruta de contenido exclusivo, an?lisis en profundidad y mucho m?s con tu suscripcion. Este contenido este disponible para los suscriptores. Accede ahora para leer el articulo completo sin restricciones.


● Desde 1987, la revista Inversión ayuda cada mes a miles de inversores españoles a tomar grandes decisiones con análisis, estrategia y visión de mercado. Suscríbete a la edición en papel, con acceso web incluido, por 28,99 € el primer año (-42 %).

Portada del número 1.359 (junio) de la revista Inversión.

En portada