La zona euro es la más expuesta del G7 a una crisis alimentaria
Oxford Economics advierte de que los fenómenos meteorológicos extremos pueden elevar más los precios de los alimentos en los países del euro que en otras grandes economías
Sequías, olas de calor y pérdida de biodiversidad pueden convertir los alimentos en una fuente persistente de inflación, presión social y riesgo para los bancos centrales.
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Una crisis alimentaria mundial provocada por fenómenos meteorológicos extremos elevaría los precios más en la zona euro que en el resto de grandes economías del G7, según Oxford Economics.
Un impacto «severo» en los precios de los alimentos a causa de eventos climáticos podría aumentarlos en 1,6 puntos porcentuales anuales en los países que comparten el euro, según indicó la consultora económica en un informe. Ese shock se traduciría en un incremento de la inflación general de hasta 0,6 puntos porcentuales, según los economistas Robert Marks y Ronan Hegarty, autores del estudio publicado el jueves.
Los desastres naturales y las olas de calor pueden provocar más malas cosechas, daños en infraestructuras e interrupciones en las cadenas de suministro a medida que avanza el calentamiento global. Esta semana, varios países europeos han sufrido una ola de calor.
El consiguiente aumento de los precios de los alimentos añadiría presión sobre los bancos centrales en su esfuerzo por controlar la inflación.
Precios agrícolas
«El cambio climático y la pérdida de biodiversidad contribuyen cada vez más a la inflación y a la volatilidad de los precios de los alimentos, lo que representa un riesgo a largo plazo para las economías», señalaron los autores.
Según el informe, investigaciones recientes han identificado al menos 14 episodios de subidas repentinas de precios locales o regionales desde 2022 vinculados a fenómenos meteorológicos extremos sin precedentes.
Una sequía en Brasil provocó un aumento del 55 % en los precios mundiales del café entre 2023 y 2024. Las olas de calor en Ghana y Costa de Marfil generaron un incremento del 280 % en los precios del cacao, según Oxford Economics.
La sensibilidad europea es mayor porque la región está más expuesta a los mercados globales de alimentos que otras economías del G7. Una crisis de precios podría provocar un aumento de 1 punto porcentual en los precios de los alimentos en el Reino Unido, frente a solo 0,28 puntos en EE. UU. y 0,35 puntos en Japón.
Riesgo monetario
El informe llega en un momento en el que los bancos centrales analizan con más atención el impacto del cambio climático sobre el suministro y los precios de los alimentos. La inflación alimentaria es especialmente delicada porque afecta de forma directa al coste de la vida y puede alterar las expectativas de inflación de hogares y empresas.
Según Oxford Economics, los precios mundiales de las materias primas tardan, de media, dos años y medio en recuperar sus niveles previos a una crisis. Esa persistencia complica la respuesta de los bancos centrales, que pueden enfrentarse a shocks de oferta más frecuentes, más largos y más difíciles de absorber.
«El canal de precios agrícolas y alimentarios merece especial atención en las pruebas de estrés climático, el análisis de escenarios y los ejercicios de gestión de riesgos», escribieron los investigadores.
Riesgo alimentario
La lectura para Europa es especialmente relevante. La zona euro ya se enfrenta a un equilibrio complejo entre inflación, crecimiento débil y política monetaria restrictiva. Si los fenómenos extremos elevan de forma recurrente los precios de alimentos y materias primas agrícolas, el margen de los bancos centrales para tratar esos shocks como episodios temporales puede reducirse.
El riesgo no está solo en una subida puntual del café, el cacao o los cereales. El problema aparece cuando sequías, olas de calor, daños logísticos y pérdida de biodiversidad se combinan para aumentar la frecuencia de los shocks alimentarios y prolongar su efecto sobre los precios.
Para los inversores, la crisis de precios alimentarios introduce una variable adicional en sectores como alimentación, distribución, consumo, seguros, agricultura, materias primas y deuda pública. También obliga a revisar los escenarios de bancos centrales, especialmente en economías donde el peso de los alimentos y la exposición a precios globales generan mayor sensibilidad.
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