Los grandes accionistas de Telefónica presionan a Pallete por el dividendo

BBVA, Caixabank y BlackRock quieren garantías de que el dividendo puede mantenerse en los próximos años con unos ingresos con un crecimiento no garantizado

El presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete.

Telefónica no vive sus mejores momentos. Su presidente, José María Álvarez-Pallete, tampoco. El futuro del negocio no está muy claro y los inversores se están dedicando a castigar las acciones de casi todas las compañías. Algo parecido a lo que lleva soportando el sector bancario en 2019 y lo poco que va transcurrido de 2020.

Todo los valores que lleven asociada su actividad a la banca o las telecomunicaciones están bajo sospecha. Telefónica perdió el pasado año un 15% de su valor en el mercado, o lo que es igual, 5.770 millones de capitalización bursátil. En lo que va de año también está en números rojos. Ni siquiera, como antes, es capaz de aprovechar los tirones del IBEX.

Por eso, los principales accionistas de la compañía, BBVA, BlackRock y Caixabank, que controlan el 17,2% del capital, han empezado a aumentar la presión sobre la cúpula directiva. También los otros fondos que tienen por debajo del 3% el capital y que, por tanto, no tienen obligación de declarar su posición ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

BBVA es el accionista mayoritario de Telefónica. Tiene el 6,961% de las acciones. El otro banco de referencia es Caixabank, con el 5,019%. Para ambos, los dividendos de Telefónica son una parte importante de sus beneficios. En el caso de Caixabank, los dividendos derivados de las participaciones empresariales han salvado los resultados de la entidad durante los años duros de la crisis. En BBVA, menos, puesto que hace años que la entidad se deshizo de la mayor parte de sus participaciones accionariales en la industria.

Telefónica, con un potencial de crecimiento muy limitado

Para BlackRock el problema es doble. Es el segundo accionista principal de Telefónica y el primero de casi todos los bancos del Ibex (la excepción es Bankinter). No se puede permitir mucho más tiempo para recoger el fruto de unas inversiones millonarias. Y por eso presionan sobre la gestión.

La mayor parte de los analistas consideran que el sector de las telecomunicaciones, que siempre ha sido muy generoso con los dividendos a los accionistas, no tiene posibilidades de seguir manteniendo un 6,74% de retribución que da Telefónica en los próximos ejercicios. Consideran que los beneficios de explotación (los derivados de su trabajo diario) se pueden mantener estables, pero su potencial de crecimiento es muy limitado.

Por eso, varios de los consejeros, con Álvarez-Pallete al frente, han adquirido acciones de la compañía (26 millones de euros) en un intento de convencer a los inversores de las bondades de confiar su dinero a Telefónica. Para defender el valor, la compañía ha aumentado su autocartera hasta el 2,4%, una medida que no gusta mucho a la CNMV.

Lejos de aquella empresa que batió el récord de beneficios en España

Puede que no les falte razón. Telefónica obtuvo en los nueve primeros meses del año un beneficio de 1.344 millones de euros. Es cierto que en los nueve primeros meses de 2019 se apuntó un cargo negativo de 1.876 millones por gastos de reestructuración, de los que 1.732 millones corresponden a España. Como reconoce la propia compañía, sin estos cargos extraordinarios, el beneficio atribuido hubiera sido de 2.588 millones de euros.

En 2018, Telefónica ganó 3.331 millones de euros, un 6,4% más que en el ejercicio anterior. No supera los 4.000 millones de euros desde 2013. Nada que ver con aquella compañía que en 2010 batió el récord de beneficios de una empresa española en toda la historia, con 10.167 millones de euros, tras crecer un 30,8% sobre el año anterior. La anterior marca la había establecido el Banco Santander (de Emilio Botín) en 2009: 8.943 millones de euros.

El principal problema está en que el sector de las telecomunicaciones en Europa no está para bromas. Nadie cree que Orange, por ejemplo, pueda mantener su dividendo. Telefónica Deutschland ha anunciado ya un recorte del 37% de la retribución a las accionistas. La sombra de un recorte de dividendos planea con fuerza sobre la compañía.

"La penalización a Telefónica viene de su deuda"

IG España cree que Telefónica "debería sacarse un as de la manga en forma de una venta de envergadura o una diversificación importante". Renta 4 asegura que "la reestructuración que está llevando a cabo la compañía no se traducirá en más ingresos hasta dentro de dos o tres años". IG Markets es de la opinión de que "el negocio tradicional es poco rentable y la competencia es feroz". Self Bank dice que "las expectativas de negocio son planas y no atraen a los inversores". Además, insiste en que "la penalización a Telefónica viene de su deuda".

La compañía cerró los nueve primeros meses de 2019 (los resultados completos del año no se conocerán hasta el 20 de febrero) con una deuda de 38.923 millones de euros, seis veces más que los beneficios anuales. Sus ingresos se situaron en el mismo periodo en 36.023 millones, pero sólo crecieron un 0,7% de media.

En la deuda está el pecado original de Telefónica. En el año 2015, los títulos se compraban por 14 euros; en 2016, en noviembre, valían poco más de la mitad. En agosto del pasado año, las acciones marcaron mínimos por debajo de 6 euros. El viernes pasado cerraron a 6,118 euros. Telefónica se puede comprar en el mercado pagando 31.765 millones.

Los analistas ya dudan de las posibilidades de éxito

En octubre de 2007, cuando apenas se hablaba de las hipotecas "subprime" en EEUU, la compañía marcó su máximo valor histórico: 106.936 millones, con las acciones a 22,40 euros. Llegó a ser la segunda compañía por capitalización bursátil del EuroStoxx, por detrás de Total, y la cuarta operadora mundial, tras China Mobile, AT&T y Vodafone. No fue, sin embargo, el máximo precio por título. Éste se alcanzó en 2000, antes de la crisis de las tecnológicas, en 29,24 euros. ¡Cómo ha cambiado todo!

Álvarez-Pallete habló en noviembre del pasado año de "una nueva Telefónica. Una Telefónica preparada para los próximos 100 años. Una Telefónica con el propósito de generar valor para todos los grupos de interés y la sociedad a largo plazo, creando relaciones de confianza, con crecimiento y eficiencia". El acuerdo del consejo de administración fue distribuido por carta a todos lo empleados de la compañía en la comunicación "más importante desde que soy presidente". Llegó a Telefonica en abril de 2016 para sustituir a uno de los directivos más importantes del panorama empresarial español, César Alierta.

Los analistas empiezan a dudar de las posibilidades de éxito. La deuda es una losa en tiempos de vacas flacas. La compañía está atrapada en Reino Unido con O2. Además, tiene que vender activos sí o sí. Y para eso ha contratado a Morgan Stanley. Hispanoamérica, donde Alierta aterrizó en 1994, en Perú, pagando por la compañía local el doble que la oferta de una compañía americana (2.002 millones de dólares de entonces) hoy parece poco rentable. Intentará cambiar esa percepción agrupando todas las participaciones en una sola filial con el fin de aumentar su precio.

De no hacerlo, el riesgo está en que sea comprada por una gigante. AT&T lo intentó hace unos años, pero Luis de Guindos lo impidió. César Alierta sopesó una fusión entre iguales con Deutsche Telekom que hoy no podría hacerse en idénticas condiciones. Álvarez-Pallete no cuenta con la bendición del Gobierno. Pedro Sánchez no le perdona que siempre evitara una reunión con él.

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