Sacyr-Repsol, la peor maniobra política de ZP y Sebastián

Dicen algunos empresarios inclinados a la derecha que poner a un jefe de estudios de un banco como ministro tiene sus consecuencias. Y, tratando de descontarle el sesgo político a la aseveración, no les falta razón. Porque el embrollo de Repsol es la más pura demostración de cómo se puede poner en peligro un sector empresarial estratégico para ayudar a un amigo.

 

Primero Total, después Eni, más tarde Gazprom y ahora Lukoil y lo que te rondaré morena con tal de conseguir que algún inversor pague los 26 euros por acción con los que Sacyr Vallehermoso daría por terminada su pesadilla de dos años como principal accionista de Repsol, una operación que en otoño de 2006 bendijo Miguel Sebastián (ex jefe de estudios de BBVA) desde la extinta Oficina Económica del Gobierno, el propio Zapatero y Emilio Botín, con un préstamo de alto riesgo.

Luis Del Rivero, presidente de la constructora, quiso así cobrarse el favor que previamente le había hecho a los nuevos inquilinos de la Moncloa cuando en 2005 maniobraron para echar de BBVA a Francisco González. El empresario murciano, para no ser menos que José Manuel Entrecanales -se había comprado Endesa- y Florentino Pérez -primer accionista de Iberdrola- se metió a petrolero sin haber visto un barril -de crudo- en su vida.

Ahora, el presidente de Sacyr ha pedido ayuda desesperada a Sebastián para quitarse de encima esa pesada carga de Repsol -acumula minusvalías de más de 3.000 millones- para que no le quiten a él hasta la camisa. Desesperado se ha echado a los brazos de cualquiera, sin medir si es un monopolio rusa, una empresa privada con muchas sombras o una pública con acento francés o italiana.

Una operación que amenaza con hacer saltar por los aires al sector energético español -¿qué pasará con Gas Natural y la compra de Fenosa con la que se había comprometido La Caixa y Repsol?- y el capital de la primera petrolera nacional, cuyos minoritarios vuelven a ser ninguneados

Pero, además, pone de relieve las confusas relaciones entre La Caixa y Antonio Brufau, más cortantes que el frío que trae Lukoil de Rusia. Brufau, que por su amistad con Moncloa tragó a disgusto con la injerencia de Del Rivero, hace tiempo que no sigue los rezos de la caja catalana, ahora en etapa desinversora ante lo que se le avecina.

En definitiva, y a la espera de que algún ingenuo pague de verdad lo que pide Sacyr, un desaguisado de grandes proporciones del que todos salen perdiendo.  No se olivden de lo que ha pasado y lo que pasará con Endesa.




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