S&P degrada riesgo crediticio de Nicaragua a "B" con perspectiva negativa

La firma Standard & Poor's (S&P) informó hoy de que degradó la calificación de la deuda soberana de largo plazo en moneda nacional y extranjera de Nicaragua de "B " con perspectiva estable a "B" con perspectiva negativa debido a la "explosiva" crisis sociopolítica en este país.

"La perspectiva es negativa dados los riesgos de aumento del conflicto doméstico" sobre las cuentas fiscales, el crecimiento económico, el sistema bancario y la disponibilidad de financiación externa, explicó S&P en un informe.

S&P observó que Nicaragua "se apoya esencialmente en el financiamiento que otorgan acreedores oficiales".

"Impedimentos al acceso de préstamos multilaterales o de bancos locales podrían debilitar aún más sus perfiles financieros y externos", advirtió la calificadora.

S&P alertó de que pueden "volver a rebajar la calificación en los próximos 12 meses si se profundizan la violencia doméstica y la polarización".

Nicaragua ha sido una de las economías más dinámicas de América Latina en los últimos ocho años, con un crecimiento promedio anual del 5,2 por ciento.

El Banco Central redujo de un 4,5 al 1 por ciento su previsión de crecimiento de la economía este año como resultado de los "disturbios que se han venido presentando en Nicaragua" desde el pasado 18 de abril, según su titular, Ovidio Reyes.

Previo al conflicto se calculaba un crecimiento de entre un 4,5 y un 5 por ciento, con una inflación del 5,5 al 6,5 por ciento.

Con dicha modificación también subió el pronóstico de inflación para 2018 a un rango entre un 6,5 y un 8,5 por ciento.

Nicaragua logró un crecimiento del producto interior bruto (PIB) del 4,9 por ciento en 2017, con una inflación del 5,68 por ciento, según el Banco Central.

Nicaragua está sumergida en la crisis más sangrienta de su historia en tiempos de paz y la más fuerte desde la década de los años 1980, también con Daniel Ortega como presidente, que ha segado entre 295 y 351 vidas.

Las protestas contra Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, comenzaron el 18 de abril pasado por unas fallidas reformas de la seguridad social y se convirtieron en una exigencia de renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción.

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