Esplendor y renacimiento del Ritz parisino

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Parece una paradoja. pero justo cuando la gran hostelería parisina de lujo está atravesando una enorme crisis -con una caída de entre el 10 y el 40 por ciento del volumen de negocio desde los atentados islamistas de noviembre de 2015- es cuando el nuevo Ritz reabre sus puertas. Frank Klein, presidente del Ritz, no es ni sordo ni ciego, pero haría falta bastante más para acabar con su optimismo y su orgullo. De momento, lo que le preocupan son las palabras que utilizamos para hablar de su hotel. «¿Por qué nuevo Ritz? -se sorprende-. Las obras que se iniciaron hace cuatro años no han creado un nuevo establecimiento en el sentido de que sea diferente de lo que siempre ha sido. No, el Ritz que van a descubrir es eterno y el tiempo no hace mella sobre él. Simplemente hemos hecho lo necesario para que su historia continúe». ¡Y menuda historia! Se inicia a principios del siglo XX con la éterea silueta de Marcel Proust deslizándose de noche por la puerta giratoria del hotel para irrumpir en la suite que ocupaba durante todo el año la princesa Hélène Soutzo. Un poco antes, una llamada de teléfono de Céleste Albaret, la criada de Proust, despertaba de su sueño a la aristócrata rumana. La argucia era siempre la misma: «Al señor Proust, que cree que va a morir esta noche, le gustaría ver con la mayor brevedad a la señora princesa para saber qué vestido llevaba en la recepción de la señora de...». Cuando llegaba el escritor se le mostraba el vestido. Tenía toda la libertad para observarlo y, una vez que volvía a su casa, lo describía en el libro En busca del tiempo perdido, en el que figuraría el personaje de la señorita de Saint-Loup, inspirado en la princesa Soutzo.

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