Cuando empiezas en Ikea y acabas entre alcachofas: el ecuador de otra campaña

Una campaña es un viaje incierto hacia un destino desconocido durante el que se come de todo, se viste de todo, se juega a todo y puede pasar de todo; Comenzó la campaña con catálogos estilo Ikea y ritmos latinos y avanza todavía a través de campos de alcachofas.

Ha llegado el ecuador de una campaña más de unas elecciones más, y es verdad que no hay tantos carteles en las calles, pero la presencia de los candidatos se ha hecho notar en todas las formas y lugares imaginables: en mítines, en televisión, dando paseos, en un piso, en la gran ciudad y en el pueblo, en bares, en mercadillos y hasta en granjas y establos.

Lo primero que conviene saber es que deporte y campaña electoral son conceptos compatibles. El líder del PP, Mariano Rajoy, sale a "caminar rápido", que es como se llama la serie de vídeos que su partido ha colgado en la web para mostrar a un candidato en bermudas y zapatillas de deporte, dando zancadas madrugadoras por Badajoz o por Torrevieja.

Sin cámaras, Pedro Sánchez sale a hacer footing todas las mañanas que le permite la agenda, quizá a más velocidad que Rajoy y seguro que a más velocidad que Albert Rivera, que preparó el debate del pasado lunes nadando en la piscina, su ejercicio favorito.

Probablemente más rápido fuera la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, para llegar a un acto del pasado fin de semana a bordo de una bicicleta del servicio municipal.

"Baile" y "campaña" también son conceptos conciliables, así que no importa tanto la coreografía como mover el cuerpo: Juan Carlos Girauta, de Ciudadanos, se marcó un "waka waka" a lo Shakira tras el primer gol de España en la Eurocopa, y casi casi se marca otro María Dolores de Cospedal por el mismo motivo.

Hacer deporte es lo mejor para llevar una vida sana y quemar esas calorías inevitables que un candidato puede acumular en campaña, porque también hay actos que son comidas opíparas, o tapeos por la ciudad que toque. Aquí se encuentra la tercera compatibilidad: se puede pedir el voto tapeando.

Alberto Garzón e Íñigo Errejón disfrutaron de unos espetos a pie de playa en una visita nocturna a Rincón de la Victoria, tras el mitin de Málaga; lo mismo comió Pedro Sánchez en Marbella unos días después.

Algo más lejos, en Granada, Rajoy se detuvo en un bar para probar un pincho de difícil ingesta entre tentaciones de cañas y vinitos; tentaciones, por cierto, que los candidatos riojanos no rehuyeron cuando participaron en las fiestas de San Bernabé, en Logroño, hace pocos días.

'Si no los comes, al menos los compras'. Esta podría ser la máxima del candidato cuando se deja ver por el mercadillo de una localidad, como Rafael Catalá en Tarancón recientemente, llevándose unos apetecibles tomates.

La campaña acerca a votantes y a aspirantes, tanto que uno puede encontrarselos en cualquier actividad cotidiana, bien sea jugando al dominó en el bar de al lado (Sánchez y Rivera), en el mercado o en una romería, que es donde estuvo el número uno del PP por Murcia, Teodoro García, en Cañada de Gallego hace unos días.

La cuarta compatibilidad tiene que ver con el vestuario; en campaña uno se puede poner de todo.

A Rajoy se le ha visto enfundado en el mono blanco de la Lonja de Santa Pola, gorrita incluida, y a Jorge Fernández Díaz en el uniforme con mascarilla que usan los trabajadores de una fábrica de pintura industrial en Barberà del Vallés (Barcelona).

Así que mejor no reparar mucho en el vestuario de los candidatos, a no ser que haya que ir al debate a cuatro, en donde los detalles de la vestimenta se miran con lupa, o consigas acercarte a tendencia en Twitter, que es lo que le pasó a la colorida camisa de Garzón en su mitin malagueño.

Porque, al final, el lado humano de los candidatos casi parece el único lado de los candidatos: se ha visto a Iglesias, Rivera, Sánchez y Rajoy en televisión, rodeados de chiquillos y chiquillas, sacando a "ese niño" que llevan dentro, y se les ha visto y oído hablando de irse de cañas o de hacer determinadas cosas tras la siesta. Por hablar, se ha hablado hasta del trasero de Sánchez.

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