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En portada Julian Assange

"Obama decide cada martes quién vive y quién muere. Los llaman los "martes del terror"

Por Giles Whittell / Fotografía: Andy Gotts - XL Semanal

Lleva tres años encerrado en la Embajada de Ecuador en Londres, pero no se está quieto. Assange vuelve al ataque con un libro en el que analiza la política exterior de Estados Unidos a partir de los cables que publicó WikiLeaks. Hablamos con él de sus teorías conspiratorias, de la acusación de violación que pesa contra él y de los planes que, asegura, la CIA le tiene reservados.

Para acceder a la embajada de ecuador en Londres hay que dejar el pasaporte y el teléfono y esperar. los despachos diplomáticos están a la izquierda. A la derecha, la habitación donde vive Assange. En realidad, él duerme en un cuarto de baño reconvertido, una puerta más allá.

Su habitación tiene una ventana, pero con el cristal esmerilado. Si la Embajada tuviera un aparcamiento subterráneo, quizá hubieran podido llevarse a Assange al aeropuerto escondido en un coche diplomático. Pero la Embajada no lo tiene.

Me han dicho que Assange ha engordado mucho y tiene problemas de higiene personal. He leído descripciones de su «demencial falta de profesionalidad» y de su narcisismo; hay quien especula que tiene el síndrome de Asperger. El Assange con quien me encuentro se muestra casi tan formal como el alto directivo de una multinacional. Está delgado, tranquilo y viste un traje y una camisa con el cuello abierto, perfectamente limpios. Es evidente que no ha perdido ninguna de sus facultades. 

Me estrecha la mano y se sienta al otro lado de una mesa en una mal ventilada sala de reuniones que comparte con el embajador. Se ha dejado crecer una barba blanca. Le sienta bien y le da cierto aire de aventurero de los mares que quizá sea intencionado. En el pequeño rincón que le han dejado en la Embajada vive «con todas las limitaciones y dificultades que hay en un barco de guerra, por poner un ejemplo».

¿Ha tenido ocasión de respirar aire fresco en los últimos tres años? Deniega con la cabeza. Ya no se acerca al balcón. Demasiado peligroso. «Salir al balcón plantea problemas de seguridad. Nos han llegado amenazas de bomba y amenazas de asesinato procedentes de gente muy diversa». ¿Cree que alguien podría dispararle si se asoma? «Me parece poco probable -dice-. Pero soy una figura pública, muy polémica, sobre todo en Estados Unidos. Como resultado, nos han llegado bastantes amenazas hechas por personas mentalmente perturbadas».

LA CIA Y SUS PLANES CONTRA ÉL

El fundador de WikiLeaks considera que si alguna vez vuelve a estar en libertad, la CIA podría secuestrarlo o 'dronarlo', es decir, enviarme un avión no tripulado usado para eliminar enemigos. «Vamos a ver -matiza-. Soy un tipo de raza blanca. A no ser que me convierta al islam, es poco probable que me envíen un avión de ese tipo, pero todos hemos visto que las cosas se han ido inclinando en esa dirección». También cree que, si la Policía británica le hiciese salir de la Embajada, tendría que afrontar un proceso criminal puesto en marcha por Estados Unidos que nunca va a perdonarle la difusión en Internet de sus secretos. 

Assange lleva más de mil días recluido en una habitación y media y tiene todas las papeletas para seguir en ella mil días más. «En su momento predije que la cosa iba a durar entre cinco y siete años, y sigo pensando lo mismo». Eso supone entre dos y cuatro años más encerrado.

Hace un par de meses, los entendidos en el caso veían las cosas de otra manera. Tanto los que desean su muerte como los que lo idolatran pensaban que la situación estaba a punto de dar un vuelco. En Suecia iban a retirar los cargos por abusos sexuales porque prescribían. Por primera vez en cinco años, la fiscal sueca que lleva su caso se mostró dispuesta a viajar a Londres y hablar con él. Y entonces el Foreign Office hizo saber al Gobierno ecuatoriano que estaba harto de este «abuso en nuestras relaciones diplomáticas» (o traducido, de este estrafalario gasto de 12 millones en concepto de seguridad, cantidad que cuesta vigilar a Assange). Ecuador no ha dado su brazo a torcer. Pero en Suecia, aunque los cargos de abusos sexuales prescribieron, sigue en pie una acusación de violación más grave y Assange se niega a ir a Estocolmo para ser interrogado. Está empeñado en recuperar su papel de líder guerrillero que lucha contra las más altas esferas de la inteligencia estadounidense.

¿Cómo es un día para usted?, me intereso. «Era inevitable que me hiciera esta pregunta -dice-. Lo entiendo, pero dirigir una organización de investigación que lleva al límite la libertad de expresión y la protección de las fuentes es un trabajo muy duro en condiciones normales, un trabajo muy exigente y que ocupa mucho tiempo. Llevar a cabo este trabajo en el interior de una Embajada sometida a vigilancia constante provoca que ocupe todavía más tiempo». Hace una pausa. «También tengo algunos beneficios. Aquí no hay policías, lo que para un periodista especializado en seguridad nacional resulta muy positivo. Hay una vigilancia intensiva, pero la Policía no puede entrar ni hacer registros y detenciones». ¿Qué es lo que más echa de menos? «No voy a darles a mis enemigos el placer de decir lo que ansío o lo que echo de menos».

LA SEGURIDAD: UN EDIFICIO CERCADO 

Assange está obsesionado con el operativo de seguridad a su alrededor. El edificio está vigilado a todas horas por dos agentes de Policía, uno en la puerta y otro en el vestíbulo, a los que se suman varios policías más desplegados por el perímetro. El operativo requiere a cien agentes yendo y viniendo en furgonetas. Según explica, lo habitual es que en la zona haya cuatro furgonetas, que se transforman en ocho durante los cambios de turno, «excepto cuando la BBC emite un informe en el que explica que este gasto desmesurado resulta grotesco, y las furgonetas desaparecen unos días». 

«Con el tiempo he llegado a conocer bastante bien esta operación de vigilancia -afirma-. Hay aspectos que están más que claros, parece interesante la connivencia de los grandes almacenes Harrods (que están frente a la Embajada) con la Policía. Hemos obtenido unos documentos de Harrods que indican que la Policía puede aparcar las 24 horas del día junto a la acera de los edificios de enfrente, que están todos controlados por los almacenes». Assange apostilla: «Harrods es propiedad del fondo de inversión estatal de Catar».

Vale la pena recordar que hay dos versiones sobre por qué Assange se encuentra metido en este lío, dos explicaciones muy diferentes. La primera versión es la suya. Es la historia de una cruzada contra los secretos de Estado, iniciada cuando WikiLeaks publicó unas imágenes tomadas desde dos helicópteros Apache norteamericanos que dieron muerte a por lo menos 14 personas, entre ellas dos periodistas de la agencia Reuters, en Bagdad en 2007. Las imágenes fueron subidas a la Red tres años después.

La grabación era espeluznante y al poco tiempo la siguieron centenares de miles de informes militares estadounidenses hechos en Afganistán e Irak, así como un cuarto de millón de cablegramas confidenciales del departamento de Estado. Toda esta documentación fue enviada a WikiLeaks por el soldado Bradley Manning, quien está cumpliendo una condena de 35 años en una prisión militar por espionaje y robo de propiedades gubernamentales. Assange asegura que el Departamento de Justicia estadounidense le tiene preparado un destino semejante, y es posible que tenga razón.

La segunda explicación del embrollo la ofrece una fiscal sueca, Marianne Ny, que lleva cinco años investigando la acusación de que Assange no se refrenó mientras mantenía relaciones sexuales con dos admiradoras suecas (por separado) durante el verano de 2010, pese a que ellas lo pidieron. 

Pregunto: hiciera lo que hiciera con las dos chicas, ¿le parece que puede ser interpretado o malinterpretado como «violación»? Assange se niega a entrar en detalles. Prefiere hablar de lo sucedido hace dos meses, cuando la fiscal Ny anunció que lo visitaría, pero finalmente no lo hizo. 

EE.UU.: ¿UNA INVESTIGACIÓN SECRETA EN MARCHA? 

Los detalles son complejos, pero la atmósfera de conspiración es típica de cuanto rodea a Assange. Él está convencido de que la estrategia de Ny, anunciando que iría pero no yendo, ha sido la de avanzar a paso de tortuga mientras los estadounidenses van acumulando documentación para cimentar un proceso criminal contra él... Y es posible que también tenga razón. Una de las principales actividades de Assange es seguir el trabajo de un Gran Jurado establecido en Virginia Occidental para investigarlo. Este Gran Jurado no lo ha acusado de nada públicamente, pero, por lo que Assange entiende, sus integrantes «han estado enviando a agentes del FBI por todo el mundo». «Han llevado a personas a Washington para ser interrogadas -detalla-; han enviado aviones privados a Islandia (país en el que trabajan varios de sus compañeros), sin permiso del Gobierno nacional, para investigarnos; han hecho otro tanto en Dinamarca y en Suecia; han retenido a personas más o menos relacionadas conmigo en aeropuertos estadounidenses; han detenido a muchas otras personas y las han obligado a prestar declaración ante el Gran Jurado; se han incautado de información diseminada en distintos servidores estadounidenses; han cancelado las cuentas de Gmail de cuatro de nuestros periodistas y le han puesto la mordaza a Google, que ha dicho públicamente que está combatiendo otras órdenes en relación con este caso. Así que la amenaza judicial es muy seria».

Al cabo de 40 minutos me indican que me dan más tiempo con Assange, pero si me centro en el libro: «El libro» se titula The WikiLeaks files y es una recopilación de artículos sobre la política exterior estadounidense basados en los cablegramas diplomáticos que WikiLeaks subió a la Red hace cuatro años.

Assange ha escrito un prólogo en el que se mofa de Washington, y la mayoría de los artículos han sido escritos por especialistas en distintas regiones del globo que comparten la convicción de que Estados Unidos es el culpable de todos los males del mundo. Pero el libro es interesante y serio. Assange está empeñado en que lo tomen en serio. Porque hay muchos que siguen considerándolo un excéntrico pirata informático propenso a relacionarse con famosos. Su imagen pública también se vio afectada por un artículo de Andrew O'Hagan, autor de su biografía, publicado el año pasado. Describía a Assange como vanidoso, mezquino, vengativo y tan arrogante que necesitaría «un cursillo para aprender a reírse un poco de sí mismo». Añadía que «el hombre que se había asignado a sí mismo la misión de revelar los secretos del mundo era incapaz de exponer los suyos». 

Assange ni siquiera se explaya sobre su legendario talento como pirata informático. Según O'Hagan, una vez le dijo que era el tercer mejor ciberpirata del mundo y que Edward Snowden, que filtró los secretos de la National Security Agency (NSA), era el noveno. ¿Sigue ejerciendo de pirata informático? «Me he convertido en un experto en criptografía y en el funcionamiento de los sistemas electrónicos de inteligencia, pero, que yo sepa, nadie me ha acusado de ser un pirata informático desde que era adolescente -responde con tranquilidad-. En este sentido tengo tanto de pirata informático como Bill Gates o Steve Jobs, que también fueron ciberpiratas en su juventud».

ECUADOR: UNA DE LAS CLAVES DEL CASO 

Otro aspecto interesante de The WikiLeaks files es el capítulo dedicado a Ecuador. Los cablegramas reproducidos en sus páginas respaldan la percepción de que Washington miró con desconfianza la llegada de Rafael Correa a la Presidencia en 2007 y más tarde hizo lo posible por obstaculizar sus políticas de izquierdas. En los cables se habla de las sospechas de Correa sobre operaciones encubiertas de la CIA, incluyendo el fallido golpe de Estado en 2010. Todo lo cual contribuye a explicar la decisión tomada por Correa de ofrecer tanta ayuda a Assange... y de forma tan prolongada. El australiano ha sido informado de que puede permanecer en la Embajada tanto tiempo como quiera, con independencia de quién gobierne en Quito. 

SU VINCULACIÓN CON SNOWDEN

Hablamos también sobre Edward Snowden y su decisión de asilarse en Rusia, lo que, según Assange, fue idea suya. Assange considera que las amenazas directas a su vida por parte de la maquinaria estadounidense de seguridad se han atenuado desde 2010, pero no le convence la idea de que resulta mejor que te persiga un superpoder que se atiene a los procesos legales que un superpoder como Rusia, capaz de recurrir a otros métodos, como el polonio. De hecho, hace caso omiso cuando le recuerdo el caso de Alexander Litvinenko, el crítico de Vladimir Putin que fue asesinado en Londres mediante una intoxicación radiactiva. Assange prefiere volver a cargar contra los americanos. «En Estados Unidos, Obama todos los martes se reúne para decidir quién va a seguir vivo y quién va a morir atendiendo a unas leyes secretas», asegura, refiriéndose a los encuentros en la Casa Blanca donde el presidente aprueba los listados de enemigos que ha de batir por medio de operativos contraterroristas con aviones no tripulados desde Somalia hasta Afganistán. «Los 'martes del terror' los llaman en Washington. Todo esto funciona por medio de leyes secretas. Sin posibilidad de apelación».

Al cabo de un rato, me indican que ahora sí que se ha acabado el tiempo. Ya fuera, intercambio varios mensajes de texto y me dejan entrar otra vez. Da la impresión de que Assange está ahora más relajado. Pregunto si se ejercita en la cinta para correr, que es un regalo del cineasta Ken Loach. Responde que sí, «aunque supongo que iba a ponerlo en su artículo de todas maneras». Dice estar convencido de que las acusaciones por violación en Suecia «pronto van a quedar en nada», pero no se muestra tan seguro en lo tocante a la acusación formal del Gran Jurado estadounidense. Entretanto está leyendo a Mandela y a otros autores que proporcionan consejos para sobrellevar la reclusión en espacios reducidos.

Las claves del caso sueco contra Assange

Hace ya cinco años, el 20 de agosto de 2010, Sofia Wilén y Anna Ardin se presentaron en una comisaría de Estocolmo. Ambas frecuentaban el círculo de Julian Assange en Suecia, donde el fundador de WikiLeaks vivía entonces. Horas más tarde, la Fiscalía ordenaba el arresto de Assange por un supuesto delito de violación, otro de coacción y dos de abusos sexuales. Comenzaba así el laberinto judicial que ha llevado al activista a permanecer refugiado en la Embajada ecuatoriana en Londres desde el 19 de junio de 2012.

Assange, que declaró -y mantiene- que sus encuentros con las mujeres fueron consensuados, fue puesto en libertad, mientras proseguían las investigaciones, y huyó a Londres un mes después: el 27 de septiembre. El caso siguió su curso en Suecia hasta que, tras desestimarse todos los recursos presentados por los abogados de Assange para evitar que prosperase, la justicia sueca emitió una orden de arresto europea. El activista se presentó ante la Policía británica al día siguiente y permaneció cinco días en prisión. Tras depositar una fianza de 200.000 libras, salió en libertad con un dispositivo electrónico de localización en la muñeca. Dos meses después, Suecia solicitó la extradición del activista al Gobierno británico. En noviembre, el Reino Unido accedió a la solicitud de los suecos, si bien los recursos de los letrados del fundador de WikiLeaks retrasaron el proceso hasta que, el 30 de mayo de 2012, la Corte Suprema británica validó la sentencia. Assange mantuvo, en todo caso, su libertad vigilada y, 20 días después, el 19 junio, el australiano solicitó asilo en la Embajada de Ecuador, donde permanece desde entonces.

En este tiempo, tres de los cuatro cargos contra él han prescrito, si bien el más grave, el de violación, sigue vigente, aunque Assange está convencido de que «pronto va a quedar en nada». A su entender, el proceso de extradición a Suecia «es una maniobra» para llevarlo a una jurisdicción donde resulte más fácil enviarlo después a Estados Unidos. Un país que, por otro lado, no ha presentado acusación alguna contra Assange ni ha solicitado su extradición, aunque su nombre surgiera en el consejo de guerra contra el exsoldado Bradley (hoy, Chelsea) Manning como instigador del robo de 700.000 documentos clasificados. Assange, de hecho, ha accedido a trasladarse a Suecia si se le garantiza que no será posteriormente extraditado, a lo que el Gobierno sueco responde que no puede predeterminar una posible decisión judicial en este sentido, aunque lo cierto es que, como cualquier otro ejecutivo, tiene el poder de rechazar una solicitud de extradición. Teniendo en cuenta que la acusación por violación contra Assange no prescribe hasta 2020, todo parece indicar que tardará en abandonar su refugio. F.G.

Universo Assange

El australiano ha conseguido tejer en torno a él una compleja trama de asistentes, abogados y celebridades que contribuyen tanto a acrecentar su fama como su misterio. pero no todos permanecen fieles...

Los asistentes

El "traidor"

Domscheit-Berg

Era el portavoz de WikiLeaks, pero ahora es enemigo declarado de Assange. O viceversa. ¿La razón? El libro de Domscheit-Berg sobre su etapa con Assange que sirvió de base para la película El quinto poder, que minimiza el papel de Assange y destaca su carácter disfuncional.

¿Su novia?

Sarah Harrison

Es desde 2010 la asistente y puede que novia de Assange. Colaboraba con un centro de investigación en Londres cuando estalló el caso WikiLeaks. Empezó catalogando filmaciones de Irak para Assange.

Los seguidores

El director

Ken Loach

El director de cine es de los famosos que aún apoya a Assange. Lo ha comparado con el protagonista de su filme Jimmy's Hall, la historia de un irlandés que abre el ayuntamiento para que la gente comparta sus ideas, lo que enfurece a las autoridades.

La "celebrity"

Jemima Khan

Rica heredera, it girl en su día y ahora periodista, puso 20.000 libras para la fianza de Assange, pero ha cambiado de opinión. Ahora lo compara con el líder de la cienciología porque se ha endiosado y exige 'fe ciega' a sus seguidores.

La familia

La madre

Christine Assange

La madre de Assange, que se dedicaba al teatro, apoya sin fisuras a su hijo. Lo define como compasivo, obsesionado con la verdad y honesto. De niño, dice, le encantaba la naturaleza y explorar, nada de ser un nerd.

El hijo

Daniel Assange

Cuando Assange tenía 17 años, dejó embarazada a una chica de la misma edad: Teresa. Tuvieron un hijo, Daniel, y llegaron a casarse. Un par de años después, según Assange, ella lo dejó. De madre e hijo apenas se sabe nada.

Los apoyos

El periodista

Alan Rusbridger

El director de The Guardian cuenta que en la reunión de ocho horas que tuvieron para ver si publicaban sus documentos, Assange no paraba de gritar. Llegaron a un acuerdo, pero no volvió a tratar con él. Lo describe como «brillante, paranoico y obstinado».

La fiadora

Sarah Saunders

La empresaria es uno de los principales apoyos de Assange. No solo lo hospedó en su casa, sino que puso la mayor parte de fianza que le permitió salir de la cárcel y asilarse en la Embajada. Ella lo describe como un tipo encantador y un foodie.

Los abogados

La abogada

Amal Alamuddin

Es una de las decenas de abogados que se han implicado en la defensa de Assange. Lo que la hace relevante es que mientras llevaba el caso de WikiLeaks se supo de su relación con George Clooney.

El exjuez

Baltasar Garzón

Ha sido uno los últimos en unirse a la defensa de Assange, lo que contribuye a su proyección internacional. Recientemente ha emplazado a Francia a dar asilo a su cliente.

Diferencias y parecidos entre Assage, Manning y Snowden

Cuando Assange llevaba un año en la Embajada, su fama se vio eclipsada por la de Edward Snowden, que difundió él solo más documentos secretos que todos los filtrados de WikiLeaks. No dio la impresión de que Assange se sintiese molesto. Al contrario, envió a su 'editora de investigaciones', Sarah Harrison, a Hong Kong para que estuviera al lado de Snowden y decidir dónde debía exiliarse para eludir al FBI. Desde entonces, Snowden está en Rusia.

«Snowden era consciente de que, si se exiliaba en Rusia, la campaña contra él sería doblemente fuerte -explica Assange-. Él prefería Latinoamérica, pero le aconsejé que pidiera asilo en Rusia. Si se refugiaba en América Latina, corría el riesgo de que lo secuestraran por orden de la CIA». ¿O de que lo mataran? «De que lo secuestraran y, posiblemente, de que lo mataran». Snowden, por su parte, no se ha prodigado en comentarios sobre Assange. De hecho, podría haber usado WikiLeaks para sus filtraciones, pero prefirió usar su propia estrategia, contactando directamente con el periodista Glenn Greenwald, colaborador de The Guardian. Y esta gestión de la prensa, sin duda, ayudó a que la imagen de Snowden sea mucho mejor que la de Assange, cuyos contactos con The Guardian y The New York Times acabaron mal, según los periodistas, por el carácter intratable del hacker. La percepción de Snowden, en cambio, es mayoritariamente buena. Porque si algo ha cambiado de WikiLeaks a Snowden es la percepción del chivato. Lo primero que hay que aclarar es que Snowden es una fuente que ha obtenido por sí mismo la información, mientras que Assange es un mero distribuidor. La fuente original es otra persona: Bradley (hoy, Chelsea) Manning, el soldado condenado a 35 años de cárcel por filtrar información. Es decir, Snowden arriesga más que Assange, y eso es reconocido. Podría habérsele reconocido el mérito también a Manning, pero eso no ocurre. Las razones para que el público no empatice con Manning las explicaba Greenwald, quien desde que se implicó en el caso Snowden se ha implicado también en la defensa de Manning. El soldado fue aislado desde el primer momento, sin posibilidad de hablar con la prensa. Nunca ha sido 'humanizado', explica Greenwald. Y el hecho de que sea transexual (cambió de sexo ya en prisión) tampoco le ha favorecido. Es fácil argumentar que filtró la información por sus problemas de género y porque está desequilibrado.

Pero hay un factor adicional que marca la diferencia entre Manning y Assange y Snowden. Lo filtrado por WikiLeaks pone en evidencia a la diplomacia de Estados Unidos, pero no son delitos. En cambio, buena parte de lo publicado por Snowden son prácticas abusivas, si no ilegales, de los servicios de inteligencia. A.T.

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