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Entrevista

Pedro el grande. El mejor médico de rodilla de España (y quizá del mundo): "Algunos futbolistas se operan en secreto"

Fernando Goitia - XL Semanal

Políticos, toreros futbolistas, hasta Lola Flores pasó por las privilegiadas manos de este cirujano. No en vano Pedro Guillén ha realizado más de treinta mil operaciones a lo largo de su vida. Lejos del retiro, a sus 75 años sigue en forma, liderando la investigación celular y atendiendo a su extensa lista de pacientes y a 'XLSemanal' en su clínica madrileña.

El doctor Guillén lleva gorro, bata, mascarilla colgada del cuello; todo el conjunto en un color azul quirófano, el lugar del cual acaba de salir. «Disculpe, jefe dice al llegar: acabo de hacer una artroscopia. Ya estoy a sus órdenes». Esa cirugía recién rematada a última hora de la tarde es la séptima que realiza en un día.

A este ritmo no es extraño que Guillén, uno de los traumatólogos más reputados del mundo y el mayor de España, ya lleve más de treinta mil. El doctor recibe a XLSemanal en su santuario la clínica Cemtro, al norte de Madrid para repasar una vida, la suya, repleta de meniscos, articulaciones, huesos y tejidos rotos y una larga lista de pacientes ilustres.

XLSemanal. Le acaban de conceder el premio Mapfre a toda una vida profesional. ¿Le pone sentimental?

Pedro Guillén. Un poco. Es que yo llevo en esto desde el 64. Estos premios a los que uno no se presenta, como lo de ser candidato al Príncipe de Asturias, te los dan porque hay mucha gente que te conoce de tantos años. Son los premios que te ganas a pulso gracias a tu trabajo y tu esfuerzo. ¡Toda una vida! Eso es mucho premiar, ¿no? Muy contento, vamos.

XL. ¿Tiene algún principio fundamental que rija su práctica?

P.G. Dos cosillas: que el que cada día no es mejor pronto deja de ser bueno. Y la otra, que trates a los demás como te gusta que te traten a ti. Serás un gran médico técnicamente, pero si eres muy frío te resultará más difícil ayudar al paciente. En la medicina falta un poco de humanidad.

XL. Se lo conoce por acuñar el término 'genufonía' [sonidos de la rodilla]. ¿Es esta, al final, la clave en medicina: escuchar?

P.G. Bueno, al paciente hay que escucharlo más; el tiempo que necesite. Cuando contrato a alguien busco, claro, a los mejores, pero, si no veo capacidad de entender al paciente y a su familia, no me interesa.

XL. Se licenció en 1964. ¿Diría aquello de «la medicina ha avanzado una barbaridad»?

P.G. ¡Y tanto! En mi campo, el gran avance es la artroscopia. Había rinoscopias, laringoscopias, rectoscopias..., todos ellos son procedimientos para acceder al interior del cuerpo a través de orificios naturales. Para llegar al resto del cuerpo humano, sin embargo, tenías que abrir; no había otro modo. Bien, pues con la artroscopia se hace uno o dos agujeritos, accedemos a la articulación y operamos sin abrir. Fue la catalizadora de la cirugía mínimamente invasiva, una revolución tremenda.

XL. ¿Qué implicaciones tiene esto?

P.G. Que se puede hacer mucho haciendo apenas un par de incisiones. Para que lo vea claro, en 2004, el 40 por ciento de la cirugía mundial se realizaba ya por alguna de las -oscopias. En 2008 ya era el 60 y se estima que en 2015 será el 90. Yo he hecho hoy seis artroscopias y cinco de los pacientes están en casa. Es un avance tremendo que obliga a reformular los hospitales, ya que dejan de tener sentido, salvo para enfermos crónicos.

XL. Con la que está cayendo en la sanidad pública, eso es mentar a la bicha...

P.G. En ese tema hablemos de mejorar la gestión, pero no de acabar con el sistema. No se puede tocar; si lo tocan, están atontados.

XL. Se habla de gestión mixta, copago, privatizar... ¿Defiende usted algún modelo concreto?

P.G. Bueno, eso son los detallitos. Yo lo que no me creo son esos miedos que se extienden de que se desmonta la sanidad. Sería una osadía. Ahora bien, lo que le puedo decir es que en este país no hay muchas posibilidades de vivir si no se trabaja. El español está obligado a sudar más la camiseta. Punto.

XL. ¿Qué le preocupa del mundo actual?

P.G. Que el resultado económico se ha impuesto a la moral. Triunfar a toda costa es lo único que importa.

XL. ¿Lo dice como experto en medicina deportiva o en general?

P.G. En general... A ver, conozco el mundo del deporte, pero no quiero hablar... Mire, ¿puede un futbolista hacer lo que le dé la gana? No puede. ¿Permitiría el presidente del club que un tío que gana millones estuviera siete meses de baja? ¿Entiendes lo que quiero decir?

XL. Que muchas veces en que convendría un tratamiento suave se opera o se fuerza para que vuelvan a competir...

P.G. Es que en el deporte de contacto casi todo el mundo juega con algún problema: algo que duele, un esguince en proceso de curación, un tobillo maltrecho... En un equipo se hace lo posible por curarte rápido, porque eso afecta al valor del club como empresa. Conozco el fútbol y lo que sufren estos chicos. Cuando se lesionan, no se los ve como enfermos, sino como inversiones. Las cosas se plantean mal.

XL. ¿Aquello de que los deportistas se recuperan antes, entonces, no es cuestión de tener un físico especial?

P.G. No. Sus obligaciones los obligan a poner más empeño y, además, tienen acceso a los mejores especialistas.

XL. Lo normal para un deportista es lesionarse la rodilla en algún momento...

P.G. Todos, todos. De hecho, si no compites, es difícil que te lesiones de tanta gravedad. Hay gente que en un circo hace más virguerías con la pelota que Messi, pero él lo hace en el campo todas las semanas. Si no eres bueno compitiendo, es que no lo eres. Punto.

XL. ¿Quién fue el primer deportista al que operó?

P.G. Los primeros fueron del Atlético de Madrid, pero mis primeras artroscopias se las hice a mineros. Se rompen más que los futbolistas. Trabajan en cuclillas, agachados, se giran, se levantan y adiós, menisco. Todas las empresas de minas estaban aseguradas en Mapfre Fremap, donde yo trabajaba en los setenta, y los operé a todos. Los del deporte vinieron después, al enterarse de lo bien que iba.

XL. ¿Recuerda algún paciente especialmente impaciente?

P.G. Mire, ¿sabía que hay jugadores que se operan en secreto? Por ejemplo, el hombro de un portero. Si alguien supiera lo que tiene, no lo ficha nadie. Pero como es una intervención por artroscopia, se hace el agujerito y ni se enteran. Así es el mundo; si muestras tus debilidades... Es un mundo muy complejo el de estos chicos. Eso sí, si son estrellas, no hay cómo ocultarlo; los periodistas siempre tomáis la delantera.

XL. Pero en secreto se habrán operado pocos, ¿no?

P.G. Claro, por mis manos ha pasado mucha gente a la que admiraba. Futbolistas como Míchel, Sanchís, gran amigo mío, Santillana, Butragueño... A Orenga, del baloncesto, le suturé el menisco hace 20 años y ahí sigue. A Sabonis lo operé dos veces...

XL. ¿Y al rey?

P.G. Lo he tratado, pero operado no. Inauguró todo esto el 28 de mayo de 1998. Un gran honor.

XL. ¿Quién se ha recuperado más rápido?

P.G. Gordillo. Le di de cuatro a cinco semanas y, a los nueve días de una meniscectomía, el tío ya jugaba. Y hablo de hace 22 años. U Óscar Freire, que al mes de operarse de una plica sinovial ganó un campeonato del mundo. Hay chicos que se comen el mundo y hay otros que no hay forma. Si son grandes atletas, da igual.

XL. ¿Conocer a tanto famoso le habrá abierto alguna puerta?

P.G. Yo todo me lo he ganado con trabajo, ojo, pero que te conozcan viene bien. Recuerdo cuando operé a Hugo Sánchez, que le quité un trocito de menisco; al poco me iba a su país y me dijo: «¿Va a México? Mire, llévese estas fotos firmadas y, cuando vaya a dar propina, saque una de estas». Pues en el hotel al que fui me dieron una cama horrible, había una gente alborotando en mi planta y no podía dormir. Bajé a recepción y en cuanto les saqué la foto de Hugo Sánchez me dieron una suite [se ríe].

XL. ¿La rodilla ha sido siempre la 'niña de sus ojos'?

P.G. Sí, porque es la lesión más frecuente y la más grave en traumatología. Es la articulación más compleja. Le he dedicado muchos esfuerzos. También al calcáneo, a la hernia de disco, al pie... Pero sí, sobre todo a la rodilla.

XL. ¿Cuál es la lesión más grave en traumatología?

P.G. La luxación de rodilla. Es que se sale todo.

XL. Está usted en el Colegio Europeo de Traumatología del Deporte. ¿Tienen respaldo colectivo las burlas francesas sobre el dopaje en España?

P.G. No, eso es un chiste. También estoy en la Comisión Médica del Comité Olímpico y le digo que eso no pasa de una gracia. Siempre hay graciosos por ahí. Ya verá como alguien sale con alguna gracia con el Papa y Messi.

XL. Muchos argentinos ya vieron la 'mano de Dios'...

P.G. Sí, bueno. A Maradona lo quiero mucho. No lo operé, pero al otro sí...

XL. ¿Se refiere a Bernd Schuster?

P.G. Eso, Schuster.

XL. ¿Los relaciona porque a los dos los lesionó Goikoetxea?

P.G. Sí, ¡qué tío! Se cargó a los dos mejores del mundo.

XL. ¿No operó a Maradona porque era del Barça?

P.G. Así es, pero es que en Barcelona tienen muy buenos médicos. Eso, y que hay una ley no escrita que dice que quienes tratan a los del Madrid no tratan a los del Barça.

XL. Usted también es pionero en España en terapias celulares...

P.G. Es el futuro. La célula como medicamento. Nosotros ya estamos curando con células. ¿Tienes mal el cartílago? Pues te lo cultivo y te pongo nuevo. Lo que no sabemos hacer es crearlo a partir de la sangre, que eso ya es investigación en células madre. La célula madre todavía no ha curado nada.

XL. ¿Y las terapias génicas?

P.G. A eso también le falta mucho. No hay nada aprobado por la ciencia. Aquí se juega con la esperanza de la gente. Un laboratorio anuncia resultados parciales, suben sus acciones y consigue inversores. Eso permite que una investigación prosiga, pero el profesional debe ser cauto.

XL. Y sus pacientes, ¿de dónde proceden?

P.G. De todas partes, pero desde el 11-S hay mucho árabe. Por los controles que hacen en Estados Unidos... De Bahréin, Catar, donde hay mucho asesor extranjero trabajando. En esos países dicen que, por si se les acaba el petróleo, quieren acumular conocimiento e innovación. Y están intentando investigar. Es que todo país que no investiga se empobrece.

XL. ¿Lo dice por España?

P.G. No hablo de política. Me molesta que se saque siempre lo negativo de este país. En España, de todos modos, se hace mucha investigación, pese a la crisis. Sacando los medios de debajo de las piedras, estamos haciendo investigación. Siempre hay que buscar cosas nuevas.

Reflexiones trauma... tológicas

Jugadores de largo recorrido. «A Messi no lo he tratado. Él se lesiona poco porque es pequeño y tiene músculos cortos, que sufren menos. Las piernas arqueadas, también,como las de Raúl, que se ha lesionado muy poco. A no ser que te rompan algo, claro».

A la faraona no la para un menisco. «Lola Flores se rompió el menisco bailando. La operé y al poco me invitó a su primera actuación. Bailó a las dos semanas y media. Daba patadas al suelo y me decía: 'Mira, Pedro, qué bien va'. Y yo ahí, ¡angustiadísimo!».

Un presidente en el quirófano. «A José María Aznar lo quiero mucho. Siendo presidente, lo operé dos veces: pie y rodilla. También a Álvarez-Cascos, Rato, Javier Solana... Pero a mí me da igual quien llegue. Trato bien a todos mis pacientes. Punto».

El caso de Rafa Nadal. «Si Nadal hubiera jugado al fútbol, no habría podido tirarse siete meses sin competir. Le habrían obligado a operarse, porque la suya es una lesión como hay cien. Solo puedes dejar que se cure con calma u operar».

A los toreros, un capote. «Por mis manos han pasado los dos maridos de Rocío Jurado, Pedro Carrasco y Ortega Cano, y toreros como Ángel Peralta, Luis Miguel, el Soro, el Juli (en la imagen). Estos pueden curarse con calma, no como los futbolistas, que soportan la presión del club».

Mi colección de meniscos (tengo 218)

Esta es la única meniscoteca que hay en el mundo, asegura Pedro Guillén. Tengo 218 meniscos; muchos de ellos, de celebridades como Lola Flores, Hugo Sánchez, Óscar Freire, Arconada, Bakero... Pero no colecciono famosos, sino mecanismos de rotura. Cada uno me ha enseñado la clínica de distintas lesiones. Hace más de diez años que no añado nada, porque hoy en día ya nadie te quita el menisco. Con la artroscopia no tiene sentido. Como mucho, me faltaría el de alguien que se lo rompe en el espacio. Ese no lo tengo; todo lo demás, casi seguro».

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