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El Hobbit y yo: Los secretos de la películas más esperadas del año

Daniel Méndez

Una década después de 'El Señor de los anillos', el director regresa al universo de Tolkien con el triple de presupuesto. 'XLSemanal' viajó hasta Nueva Zelanda para contar, en exclusiva, los secretos de rodaje de este más difícil todavía.

A la voz de «Silencio, por favor», los rumores y el frenesí en el estudio cesan de inmediato. Todo el mundo contempla la escena en uno de los monitores dispuestos por el recinto. Se respira tensión en el ambiente; un aire de solemnidad, como en un templo ante la liturgia. Estamos en Wellington, Nueva Zelanda, en el rodaje de la trilogía de 'El hobbit'. O, mejor dicho, en plena Tierra Media.

Peter Jackson, chaqueta de lana gruesa, pelo despeinado, da instrucciones a Orlando Bloom, que hace de Legolas, un elfo. «Yeah, yeah, yeah», replica. Bloom tose brevemente y repite la toma. Alrededor, en una gran nave del Stone Street Studio -corazón del paraíso cinematográfico que Jackson ha levantado en Miramar, este suburbio de la capital neozelandesa-, trabajan unas 50 personas. Un asistente corrige las posiciones de los enanos que acompañarán en su aventura a Bilbo Bolsón, el protagonista de esta historia [El hobbit: Un viaje inesperado, se estrena el 14 de diciembre]. En otro lugar, un grupo se afana en ubicar un reflector de cinco metros de alto. De pronto, Bloom se acerca y se sienta frente a uno de los monitores a observar el rodaje de la escena. ¡Un momento!, ¿Orlando Bloom? ¿Pero si está rodando ahora mismo? En las pantallas 3D, efectivamente, aparece Legolas. ¿Y entonces? Una observación atenta aclara la cuestión. No es Bloom. Es igual que él, con su melena rubia y su vestimenta atemporal, aunque bastante más alto: es un doble; la prueba de que en este rodaje la frontera entre realidad y ficción es siempre difusa. No se podía esperar menos de un proyecto pensado como trilogía y llamado a dominar las taquillas durante los próximos tres años, cuyo presupuesto se estima en 810 millones de dólares, 270 por película. Esto es, casi el triple de lo que Jackson gastó en su tríptico de El señor de los anillos.

No es la única diferencia entre ambas producciones. «El mundo del Anillo -ilustra Jackson- es mucho más oscuro y lleno de extremos: el bien y el mal, el blanco y el negro. El libro de El hobbit es una aventura para los más pequeños, como un cuento de hadas, y eso se refleja en la película. Aun así, quería dar consistencia al conjunto, que se viera que son parte de un mismo mundo, en épocas distintas».

En el set aparece Evangeline Lilly, la actriz canadiense que da vida a Tauriel, una elfa del Bosque Negro que no aparece en la obra original de J. R. R. Tolkien publicada hace ya 75 años, y Jackson aprovecha para disertar sobre uno de los temas que más ampollas ha levantado entre los seguidores del mitificado autor británico: la invención de personajes por parte de los guionistas. «Hemos tenido acceso a toda una serie de apéndices escritos por el propio Tolkien que, en algún momento -afirma Jackson-, se replanteó reescribir El hobbit tras terminar El señor de los anillos. Ahí encontramos pequeñas pistas sobre partes de la historia que están solo desarrolladas a medias».

La idea inicial de Jackson, hace ya más de una década, era rodar El hobbit, pero Tolkien había vendido los derechos cinematográficos de la obra en 1969 y el cineasta solo consiguió hacerse con los de El señor de los anillos. Por eso empezó con las peripecias de Frodo Bolsón, el Portador del Anillo, y solamente ahora -tras una larga batalla legal- ha podido filmar las de su tío Bilbo.

El rodaje de la trilogía de El hobbit arrancó el 21 de marzo de 2011, aunque la verdadera odisea echó a andar mucho tiempo atrás. Peter Jackson y su esposa, Fran Walsh, llevan involucrados en este proyecto desde el principio, si bien inicialmente ejercían como productores y guionistas en un texto escrito a ocho manos junto con Philippa Boyens y Guillermo del Toro. Del Toro era quien debía tomar las riendas de la dirección, pero tras dos años de trabajo abandonó la aventura, en lo que definió como la «decisión más difícil» de su vida. Una maraña de problemas reventaron la paciencia del responsable de cintas como Hellboy o El laberinto del fauno. Es comprensible si repasamos los obstáculos que el proyecto ha sorteado por el camino.

A saber: la quiebra de Metro-Goldwyn-Mayer, principal financiador de la película y una demanda de los herederos de Tolkien bloqueando el proyecto hasta que la productora de El señor de los anillos [New Line, también corresponsable de El hobbit] pagara el 7,5 por ciento de los beneficios obtenidos por la trilogía ganadora de 17 Óscar. Con la silla del director vacante, Jackson parecía la única opción viable. Y así fue. «No quería hacer la película de Guillermo, aunque parte de su ADN permanece. Hizo muchas cosas que me gustaron y he tomado algunas. Nos sentimos un poco dueños de la Tierra Media y pensaba que me arrepentiría si no me involucraba».

Pese a la implicación inquebrantable de Jackson, el mal fario continuó haciendo de las suyas. El siguiente escollo que sortear fue una huelga de actores. El director amenazó con irse a filmar a otro país si el sindicato no renunciaba a sus exigencias salariales. Y, para rematarlo, a finales del pasado enero una perforación en el estómago obligó a Jackson a pasar por el quirófano, paralizando otra vez el rodaje.

Por si todo esto no fuera suficiente, cuatro empleados de una granja que proporcionó ganado para el rodaje aseguran que 27 animales -entre caballos, pollos, cabras y una oveja- fallecieron por la negligencia del equipo del filme. Una acusación que la producción rechaza, pero que ha derivado en un boicot mundial por parte de las organizaciones de defensa de los animales a una cinta en la que más del 55 por ciento de las imágenes en que aparecen animales han sido generadas por ordenador. Con tanto contratiempo, no sorprende el comentario que Jackson dejó en su Facebook al terminar la grabación: «¡Lo logramos! Día 266 de rodaje y terminamos de grabar las escenas principales de El hobbit».

Jackson ha rodado en 3D y a 48 fotogramas por segundo, el doble de lo habitual y un hito inédito en la historia del cine. «Es algo diferente -explica-. En películas como esta, de fuerte carácter épico, esta nueva técnica permitirá al espectador sumergirse más a fondo en la historia. Ya lo verán». Será tan diferente, de hecho, que en los cines donde se proyecten las copias con esta tecnología revolucionaria -el diez por ciento de las que se pondrán en circulación- será necesario impartir cursos especiales a los operarios para que se familiaricen con ella. Como se ve, nada es sencillo en la Tierra Media, el continente ficticio creado por Tolkien donde transcurren sus novelas.

GANADALF (IAN MCKELLEN): "El guión ha hecho de Gandalf un tipo algo menos mandón que en la novela"

Todo un veterano de la Tierra Media, dudó si repetir como Gandalf. «Al final sentí algo inusual: que este es un trabajo que los fans quieren que haga». Y aquí está, en una versión más amable del poderoso mago: «Es más humano, el guion ha hecho de él alguien menos mandón que en la novela». Llegó al rodaje relajado, con ganas de encontrar viejos rostros conocidos, pero le costó adaptarse al método de rodaje en 3D, que exige que una escena se ruede en dos sets para luego unir las tomas: «Yo estaba en un sitio y el resto de los actores, en otro. No me siento bien sin poder ver a la gente con la que hablo».

BILBO (MARTIN FREEMAN): "Creo que Bilbo ha mantenido relaciones sexuales, pero no estoy seguro"

Hasta que Jackson anunció su incorporación al elenco, Freeman era un rostro televisivo conocido por su participación en series británicas como The office o Sherlock. En su caravana de rodaje define así a su Bilbo Bolsón: «Sabe mucho y es muy respetado en su comunidad, pero ha aprendido de los libros, sin riesgos. Creo que ha mantenido relaciones sexuales, pero no estoy seguro». ¿Presión? De eso nada: «Cientos de personas han trabajado en esta cinta. Yo soy apenas uno más». Y añade, con un marcado acento inglés: «No es mi película, sino la de Peter Jackson».

GOLLUM/SMEAGOL (ANDY SERKIS): "Poco antes de empezar a rodar, Jackson me pidió que, además de hacer de Gollum, dirigiera la segunda unidad"

Andy Serkis pensaba que volvía a Nueva Zelanda para meterse en la piel de Gollum, pero Peter Jackson tenía una labor más reservada para él: «Poco antes de que empezara todo, Peter me llamó y me dijo: '¿Pasarías un año y medio dirigiendo la segunda unidad de rodaje?'». Eso sí, cuando toca, Gollum/Sméagol también chupa cámara. De hecho, la primera escena que se rodó fue su encuentro con Bilbo: por supuesto, aparece el célebre anillo. A eso se lo llama empezar la casa por el tejado. El actor, que para Jackson también ha hecho de King Kong y del capitán Haddock, está a punto de emanciparse de su sempiterno padrino: pronto comenzará a dirigir una versión de Rebelión en la granja, la novela de George Orwell.

La pesadilla de ser el nieto de Tolkien

Hasta que Peter Jackson empezó con el proyecto de El señor de los anillos, nadie se fijaba en mí. Nada pudo haber preparado a mi familia para lo que se nos vino encima cuando se estrenó la película», recuerda Simon Tolkien, nieto del escritor británico. El tsunami de la fama afectó incluso a su hijo Nicholas, que entonces tenía 13 años. «Lo acosaban y le tomaban el pelo en el colegio, donde le empezaron a apodar El Hobbit». «Fue como si nos pasara un camión por encima. De pronto, Simon Tolkien -un abogado londinense- se convirtió en el nieto de J. R. R. Tolkien. Puede sonar extraño, pero todo aquello empezó a confundirme sobre mi propia identidad. Fue como si yo, Simon, hubiera desaparecido. Para colmo de males, tuve un desencuentro muy doloroso con mi padre, y la prensa empezó a escribir historias muy desagradables [se dijo que Cristopher Tolkien, su padre, lo había repudiado por haberse implicado en el proyecto cinematográfico. Los abogados de Cristopher lo negaron más tarde]. Yo quería escribir, pero pensaba: '¿Qué sentido tiene cuando eres nieto de alguien como J. R. R. Tolkien?'. Por suerte, lo superé y ya estoy a punto de publicar mi cuarto libro. La sombra de mi abuelo sigue ahí, pero ahora la veo como una ventaja más que como una barrera que he de superar».

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