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Travis Tygart, el hombre que cazó a Armstrong

Carlos M. Sánchez

Preside con dureza la agencia antidopaje de EE.UU.

Travis Tygart y Lance Armstrong parecen estar hechos en el mismo molde. Ambos tienen 41 años, gozan de una excelente forma física, hacen deporte diariamente, tienen rasgos angulosos, ojos de pistolero, perfil desafiante. Los dos son tercos y obsesivos. Y ambos son padres de familia, devotos de los suyos. Tygart está casado y tiene tres hijos. Armstrong, cinco. Para entender quién es Tygart, hay que empezar por sus hijos. Los tres hacen atletismo en el colegio. Tygart es un apasionado del deporte escolar. Él mismo fue jugador de baloncesto y béisbol y entrenador. Su misión confesa: hacer del deporte un santuario en el que se recompense a los atletas por su talento y su trabajo, no por sus artimañas.

Proviene de una respetable familia de abogados de Florida. Estaba predestinado a estudiar leyes, aunque primero se graduó en Filosofía. Dio clases en un instituto público durante tres años. Más tarde se licenció en Derecho. «Quería trabajar en algo que conectase el deporte y la ley, mis dos pasiones. La injusticia me pone furioso... en el deporte o en cualquier otra parcela de la vida», cuenta. Tenía que acabar en la Usada, la Agencia Antidopaje de Estados Unidos, que preside desde 2007. Tygart fue acorralando a Armstrong con tenacidad, prometiendo tratos de favor o apretando las tuercas y dedicando a esta tarea buena parte de los recursos de la agencia durante cinco años.

Consiguió así los testimonios de 26 ciclistas y redactó un informe abrumador de mil páginas, donde se dibuja la historia del dopaje más sofisticado y sistemático de la historia. Armstrong lo acusó de caza de brujas, de vendetta y se querelló contra la Usada. Tygart recibió tres amenazas de muerte contra él y contra su familia. «Hay gente a la que no le gusto. Pero yo amo mi trabajo y sé por qué lo hago». No se rindió ni cuando lo hizo el FBI, que después de dos años tras la pista de Armstrong retiró todos los cargos. «Habrá que preguntarles a los federales por qué lo archivaron». La reacción de Tygart fue fulminante: acelerar sus propias pesquisas. ¿Por qué? «Deportistas limpios me han contado cómo se sienten engañados por los ventajistas, cómo se sienten robados. Yo quiero acabar con todo eso. Quiero que al final del día la verdad prevalezca. Es de justicia».  

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