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Arturo Pérez-ReverteTwiter
Arturo Pérez-Reverte

La fragata 'Mercedes' y el ARQUA

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Acaba este año con una buena noticia que no calienta el bolsillo, es cierto; pero sí un rinconcito de la memoria histórica, la de verdad. La que a veces alegra un poco el corazón en el ingrato ejercicio de recordar, en esta infeliz España, lo que fuimos y lo que somos. Y lo hace con un acto de cultura y de justicia: las catorce toneladas de oro y plata de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, arrebatadas por España a la empresa cazatesoros Odissey tras una batalla legal de cinco años, serán custodiadas y expuestas en el ARQUA. No sé si ustedes estarán al corriente de lo que significan esas siglas, aunque deberían. Porque el modernísimo y bien concebido ARQUA es el museo de arqueología subacuática de Cartagena, pero no sólo eso. También es, y con todos los motivos -algún milagro hacemos de vez en cuando, pese a nuestra tradición de chapuzas y desidia-, el gran centro de referencia español en la protección y restauración del patrimonio subacuático, y un fascinante espectáculo abierto al público interesado en saber cómo se desvela esa Historia extraordinaria que tres mil años de naufragios y peripecias históricas hicieron dormir bajo nuestras viejas aguas. 

Hay en todo esto, además, un aspecto que me pone. Mucho. El tesoro de la Mercedes expuesto en un museo español de esa categoría, aparte de convertirse con toda seguridad en elemento estrella del ARQUA, será, además, una doble bofetada histórica a ciertos anglosajones que durante siglos, concienzudamente, se dedicaron a hacernos la puñeta. De una parte, a los expoliadores norteamericanos que saquearon -gracias a la estúpida y sospechosa pasividad de las autoridades españolas del momento- el pecio hundido frente a la costa del Algarve. De la otra, a la Inglaterra hipócrita y arrogante que, en un acto de infame piratería oficial, que en su momento fue incluso criticado por sus propias prensa y opinión pública, causó la tragedia de la Mercedes cuando, en plena paz hispano-británica y sin que mediase declaración de guerra previa, cuatro fragatas españolas que venían de América con caudales y pasajeros civiles fueron atacadas frente al cabo Santa María por una fuerza inglesa enviada a interceptarlas.

Fue una iniquidad y una tragedia. Para salvar algo las formas, los británicos mandaron otras cuatro fragatas; con la diferencia abrumadora de que los españoles venían con mujeres y niños a bordo, minados por las fiebres y maltrechos por una larga travesía, y las fragatas inglesas -una era un navío de línea reconvertido- artillaban más cañones, cuyo calibre era además superior, y mortíferas carronadas. Todo el procedimiento fue, de principio a fin, de una vileza inaudita. Los ingleses abrieron fuego sin respetar la negociación previa. Los españoles, aun sabiéndose perdidos, sostuvieron con mucha decencia el combate por el honor de la bandera; y en el curso de éste, la Mercedes voló por los aires matando a 249 hombres, mujeres y niños; ante los ojos espantados, por cierto, del segundo comandante de la escuadra, Diego de Alvear, que desde la Medea, donde navegaba con uno de sus hijos, vio estallar la fragata donde iba el resto de su familia: esposa y siete hijos. Al fin, los ingleses capturaron las tres restantes; que, aunque pasadas de balazos, seguían a flote. El botín fue de tres millones de pesos, pero el tesoro que transportaba la Mercedes -medio millón de monedas- se quedó abajo, dos siglos en el fondo del mar. Hasta que Odissey lo rescató, y España, en raro concierto en el que Pepé y Pesoe unieron fuerzas en vez de acuchillarse suicida y mutuamente como suelen, logró que un juez de Florida devolviese el cargamento a sus propietarios históricos.

Ahora el ARQUA se hará cargo del asunto, como digo. Y no puede menos que alegrarme la tarea que ese extraordinario museo tiene por delante. Su magnífica oportunidad. Estoy seguro de que la exposición del cargamento de la Mercedes no será sólo un montaje de monedas de oro y plata rescatadas. En torno al tesoro, y con ese pretexto, la historia de las cuatro fragatas españolas apresadas en el combate del cabo Santa María, de su polémico cargamento y de lo que el tiempo iba a deparar a su espectacular y trágica aventura, podría convertirse en una importantísima exhibición permanente de arqueología subacuática, de arquitectura naval, de navegación del siglo XVIII, de marinos ilustrados y de memoria épica. Historia apasionante del mar y de los españoles que lo navegaron cuando fragatas como la Mercedes, la Santa Clara, la Fama y la Medea unían, acechadas de azares, temporales y enemigos, las dos orillas de un océano que durante muchos siglos, para bien y para mal, el nombre de España llenó de sentido.

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