28 de Noviembre, 11:53 am

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Eduardo Punset

¿Hacia dónde va la investigación médica?

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Dos premios Nobel y un antiguo premio Príncipe de Asturias se unieron para presentar la candidatura del premio de Investigación Científica y Técnica de este año. El premio le tocó, efectivamente, al biólogo Gregory Winter y al patólogo Richard A. Lerner. Estoy seguro de que mis lectores se sentirán cómodos con este nombramiento del jurado científico de la Fundación Príncipe de Asturias, porque los premiados son claros exponentes de lo que viene en ciencia y en la vida cotidiana.

¿Qué es lo que viene? Los dos galardonados han contribuido como pocos a dos principios que serán básicos en la ciencia y la vida en las décadas próximas: la revolución inesperada en las políticas de prevención y la mejora del sistema inmunitario.

Veamos el primer punto. He dicho muchas veces que todo el mundo tenía razón a la hora de querer generalizar las prestaciones sociales como la sanitaria, educativa, de entretenimiento y hasta de seguridad ciudadana. No podíamos, efectivamente, dejar al margen a los sectores más necesitados a la espera de contar con los recursos necesarios; ahora bien, esta generalización de las prestaciones ha colapsado el suministro de muchas de ellas en el campo sanitario o educativo o de seguridad ciudadana, por citar solo las más apremiantes.

La única manera de resolver esta contradicción entre la demanda excesiva y el colapso causado por la falta relativa de recursos consiste en mermar la demanda futura de prestaciones sociales gracias a políticas insospechadas y revolucionarias de prevención. Tanto el británico Gregory Winter como el norteamericano Richard A. Lerner son claros exponentes de esta nueva manera de hacer.

El bioquímico Gregory Winter ha conseguido que el sistema inmunitario de los humanos no identifique como cuerpos extraños y pueda asimilar anticuerpos humanizados. Nadie conoce mejor que nuestro propio sistema inmunitario cuáles son los peligros que amenazan la salud y cuáles le son beneficiosos. La gran ventaja del trabajo desarrollado por esos científicos consiste en no intentar descubrir la pólvora para sanar a una persona, sino en concentrarse en lo esencial, básico y conocido.

En idéntico caudal se desarrolló la investigación llevada a cabo por el norteamericano Richard Alan Lerner; él ha sido el artífice más importante de la concepción, diseño y creación de bibliotecas combinatorias de anticuerpos que han permitido ampliar el rango de acción del sistema inmunitario.

Otro científico también premiado recientemente en España, aunque en un contexto distinto, fue el médico Shinya Yamanaka. Fue él quien puso en marcha una técnica para devolver a las células adultas las propiedades de las células madre embrionarias, al demostrar que las células adultas de ratón pueden ser reprogramadas para dar lugar a cualquier tejido del organismo.

Se ha iniciado la sustitución de la vieja medicina de las enfermedades por la nueva medicina de la salud, basada en la mejora de lo que ya existe como el sistema inmunitario, en la transformación de células humanas realmente necesarias o en incidir sobre las estructuras cerebrales o genéticas recurriendo, simplemente, a la experiencia individual.

No puedo olvidarme de lo que me dijo un científico no hace mucho tiempo; su profesión consistía en identificar aquellos países que tenían futuro y deslindar los que no lo tenían en absoluto. «Mi trabajo es fácil me dijo, no lo tienen aquellos que se empeñan en los viejos esquemas agrarios y turísticos. Lo tienen, en cambio, los que promueven políticas de prevención para hacer frente a las nuevas necesidades, así como los que se dedican a transformar cosas que ya tenemos como las células madre».

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