Vocento 15 años 13 de Diciembre, 04:26 am
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Trump incendia Oriente Próximo

Mercedes Gallego

El traslado de la embajada a Jerusalén supone reconocer a la ciudad santa como capital de Israel y dinamita cualquier proceso de paz

Fue como prender la pira de guerra y pedir calma alrededor. Donald Trump se convirtió ayer en el primer presidente de Estados Unidos en nombrar a la ciudad santa de Jerusalén capital de Israel, sin importarle medio siglo de disputas. Y acto seguido hizo un llamamiento «a la calma y a la moderación» para que prevalezcan «las voces de la tolerancia». Así de incongruente es el estilo Trump, un mandatario decidido a sacudir desde la Casa Blanca todo lo establecido sin importarle las consecuencias, ni las advertencias que reciba.

Fueron muchos los líderes mundiales que en los días previos le llamaron para intentar convencerle de que no sacudiera el avispero palestino, pero él decidió que el anuncio debería de haberse producido hace mucho. Durante las últimas dos décadas todas las administraciones norteamericanas han renovado sistemáticamente la dispensa de cumplir una ley aprobada por el Congreso en 1995 que urgía a reubicar la embajada estadounidense en Jerusalén. El propósito era dar margen a las negociaciones de paz con las que Trump dice estar comprometido, solo que ha decidido mirar al conflicto «con ojos nuevos» y «no repetir los errores del pasado», entonó. «Los viejos retos demandan nuevos enfoques», afirmó.

Lo contrario de lo que ha hecho con Cuba, donde su antecesor Barack Obama decidió que no se podían seguir repitiendo las mismas políticas de aislamiento del pasado que no habían funcionado durante cuarenta años y esperar resultados distintos. Trump tardó menos de seis meses en revertir el deshielo y limitar de nuevo los viajes y negocios entre ambos países.

En este caso no es nada que tenga que negociar Estados Unidos. Las conversaciones deben de llevarse a cabo entre las partes afectadas, algo que el mandatario reconoce al decir que su decisión no pretende «de ninguna manera» expresar una posición sobre el estatus final de Jerusalén, «que debe ser decidido por las partes» durante las negociaciones. «Esto no es nada más que reconocer la realidad», según Trump.

 Consternado, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, emitió ayer un comunicado en el que reconoció el momento «de gran ansiedad» y recordó que «desde el primer día» había advertido del peligro que significa tomar medidas unilaterales. Con todo, Guterres prometió hacer todo lo que estuviera en su mano para lograr que las partes vuelvan a la mesa de negociaciones.

Su yerno, negociador

Al frente del diálogo Trump ha puesto a su yerno Jared Kushner, un joven de 36 años sin ninguna experiencia política, hijo y nieto de judíos ortodoxos. Al presidente estadounidense le fascina la idea de que su adorado yerno pueda conseguir lo que se le ha resistido a tantos otros durante casi medio siglo. El marido de su hija Ivanka ha abierto un canal de comunicación extraoficial con el Gobierno de Arabia Saudí, cuyo plan de paz ha enfurecido a los palestinos al considerarlo sesgado en favor de Israel. Fuentes de 'The New York Times' aseguran que el secretario de Estado Rex Tillerson está preocupado por la falta de asesoramiento con la que Kushner lleva a cabo esas conversaciones, sin consultar con el Departamento de Estado.

Tillerson también teme por los efectos de la decisión de Trump. Durante los últimos días ha pasado muchas horas al teléfono avisando a los aliados de países árabes sobre el anuncio que se avecinaba y preparando a las embajadas estadounidense para una potencial oleada de ataques contra intereses norteamericanos. Es esta una de las grandes preocupaciones, el recrudecimiento que traerá del sentimiento antiamericano en el mundo. Sin embargo el grupo judío Americans for Peace Now (Americanos por la paz ahora) advierte de que las verdaderas consecuencias del «sabotaje» de Trump las pagarán los palestinos e israelíes que anhelan la paz.

Hasta que se produzca el traslado oficial de la embajada de Tel Aviv, algo previsto para dentro de varios años, la medida podría ser fácilmente revertida por un nuevo presidente. Por eso el grupo de expertos (think tank) Brookings Institution cree que la verdadera encuesta sobre este tema se realizará en las urnas, cuando Trump aspire a la reelección en noviembre de 2020.

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