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Tsipras prepara su estrategia para sacar a Grecia del túnel

Darío Menor

Reforzado en casa tras la confirmación de su liderazgo el domingo en Syriza con el 92,3% de los votos en el congreso del partido izquierdista, Alexis Tsipras se dispone a afrontar una de las batallas más importantes en su carrera política: convencer a los acreedores para que acepten una reestructuración significativa de la gigantesca deuda pública griega, disparada después de que el país recibiera tres préstamos internacionales en los últimos años para evitar la bancarrota. Para alcanzar este objetivo que permitiría a lo helenos comenzar a ver el final del túnel tras siete años de continuos recortes en los que la economía s contrajo una cuarta parte, resulta imprescindible superar el examen al que Atenas se somete estos días: desde ayer representantes de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional se reúnen con altos mandatarios helenos para controlar en qué punto se encuentran las reformas exigidas por los organismos acreedores. Entre ellas se encuentran las privatizaciones o la reforma laboral, temas que han provocado un gran desgaste en el Ejecutivo.

Del éxito de estos encuentros dependen dos pagos vitales para Atenas. El primero es de 1.700 millones de euros, y corresponde a la cantidad todavía pendiente de entregar tras la primera evaluación a las cuentas griegas. Se utilizará en su totalidad para devolver deudas anteriores. El Gobierno de Syriza espera que la evaluación concluya antes de finales de noviembre y que lo haga de forma positiva, lo que permitiría a Tsipras desplegar en el Eurogrupo previsto para el 5 de diciembre todas sus armas: pedirá el desembolso de la siguiente fase del rescate, valorada en 6.100 millones de euros, y sobre todo, exigirá a los acreedores una reestructuración de la deuda pública de su país que propicie una mejora en las condiciones de vida de sus compatriotas.

Para tratar de convencerles hará gala de la mejora de la economía: esta año se espera una contracción del 0,3% del PIB, aunque el Ejecutivo asegura que la cifra final será positiva, mientras que en 2017 se prevé un crecimiento del 2,7%. Tsipras tratará además de aprovechar las divergencias de opiniones entre los acreedores: el FMI y algunos líderes europeos están a favor de relajar la postura con Atenas y consideran excesivo el objetivo de superávit primario del 3,5 % del PIB, mientras que Alemania se muestra inflexible y no acepta reabrir el melón griego hasta 2018, cuando concluye el tercer rescate. El Gobierno de Angela Merkel sabe que eventuales concesiones a Grecia resultan impopulares entre los alemanes y dan alas a la pujante formación ultraderechista y euroescéptica Alternativa para Alemania.

Tsipras cuenta con un as en la manga que tratará de jugar cuando no le queden más cartas: hacer piña con los otros dirigentes de la izquierda europea que quieren poner fin a la época de la austeridad y obligar así a Alemania a cambiar el rumbo de la UE. El mes pasado consiguió congregar en Atenas a los líderes de Francia, Italia, Malta, Portugal y Chipre para acordar una estrategia que acabe con los recortes y apueste por políticas que impulsen el crecimiento económico. 

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