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Opinión

Rafael RubioTwiter

¿Está tan lejos España de una intervención por parte de la UE?

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Los problemas que suscitan los resultados de las elecciones en Italia van a hacer que reaparezca el fantasma de la intervención no sólo en el país transalpino sino también en España.

Hace apenas ocho meses existía un consenso mayoritario sobre la necesidad de que el presidente de Gobierno solicitara un rescate de la Unión Europea. El presidente del BCE, Mario Draghi, parecía tenerlo todo previsto. Los viajes de De Guindos y Soraya Sáenz de Santamaría a Alemania y Washington para entrevistarse con los responsables del Fondo Monetario Internacional (FMI) respectivamente auguraban, a finales del pasado mes de mayo, una próxima petición de rescate por parte de España.

¿Tanto han cambiado las circunstancias cómo para que España queda fuera de la posibilidad de solicitar un rescate a Europa? Las dificultades españolas por las que una mayoría de analistas era partidaria de solicitar el rescate provenían de cuatro frentes:

1.- Nuestra Deuda Pública no deja de aumentar.- Este problema persiste porque la Deuda Publica española cerró el 2012 suponiendo un 83,5 por ciento del PIB, lo que en valores absolutos significa 882.300 millones de euros (400 millones de euros al día). La Deuda significa, mes a mes, un mayor porcentaje del valor de todo lo que servimos o producimos en España. Pese a la clara mejoría en la Balanza de Pagos, el problema de la Deuda Pública persiste y es todavía una amenaza porque se incrementa a un ritmo excesivo.

2.- El saneamiento definitivo de la banca. Constituyó durante mucho tiempo un grave problema para la economía españolas y, sin duda, es ahora uno de los problemas en vía de solución, aunque para ello hayamos tenido que solicitar la ayuda de la Unión Europea. Resta saber nuestra capacidad para gestionar el llamado "banco malo" (SAREB), donde han ido a parar los activos inmobiliarios y créditos de las entidades con mayores dificultades. En cualquier caso, a la Unión Europea le preocupa mucho menos ahora el SAREB que el conjunto del sector financiero hace ocho meses.

3.-Las autonomías, gran problema. Era un grave problema y lo sigue siendo por mucho que se hayan puesto en marcha una serie de reformas. La mayoría de las comunidad autónomas siguen teniendo graves problemas financierosque se reflejan en decisiones como la más reciente de Cataluña de no pagar a las farmacias ante la subida del gasto de 90 a 120 millone,s de enero a febrero, como consecuencia de la suspensión del copago farmacéutico, recurrido ante el Tribunal Supremo por la Administración Central.
El Gobierno ha puesto en marcha un nuevo programa de pago a proveedores, pero se trata sólo de un parche ante las dificultades de algunas autonomías de reducir su déficit.

4.- La prima de riesgo. Es verdad que la presión ha cedido de la prima de riesgo en los últimos meses, desde que Mario Draghi anunciara en el mes de junio la disposición del Banco Central Europeo de comprar Deuda a corto y medio plazo de los países en dificultades. España coqueteó durante mucho tiempo con una prima de riesgo cercana a los 550 puntos. Ahora se encuentra en los 350 puntos para las obligaciones a diez años. El Tesoro español está optando por endeudarse a más corto plazo con tipos de interés más asequibles. Sin embargo, puede significar un problema ya que ello nos obligará a renovar anualmentegrandes volúmenes de Deuda.

Parece, en resumen, que España tiene en vías de solución uno de sus más graves problemas; ha logrado minimizar otros dos; pero mantiene fuera del control un cuarto. A esos cuatro problemas habría que añadir uno nuevo que resulta fundamental para la recuperación de la economía española: la escasez de créditos para las pequeñas y medianas empresas. Europa, a través del comisario OliRhem y de Mario Draghi, ha subrayado este problema y ha encomendado al Gobierno que busque una solución. La cuestión es sí las medidas puestas en marcha y anunciadas esta misma semana por el Gobierno serán suficientes para hacer llegar a la economía española los suficientes recursos para activar la economía. Son muchos los expertos que consideran que no serán suficientes para contrarrestar la caída de empleo prevista y la inercia bajista de los últimos meses.

En cualquier caso, no hay que olvidar que el mayor obstáculo par que España lograra un rescate fue la propia Alemania. La canciller Merkel, ante la proximidad de las elecciones, no fue partidaria de tal rescate que le habría obligado a solicitarlo al Parlamento alemán. Poco han cambiado las cosas en este sentido. Mariano Rajoy ha gestionado con cierta habilidad esta situación tratando de arrancar concesiones a AnjelaMerkel antes de ponerla en el brete de oponerse al rescate. A fín de cuentas, Alemania está viendo como se desacelera su economía y sabe del riesgo que tendría cualquier dificultad de España.O también de Italia, que es a partir de esta semana su principal quebradero de cabeza.

Rafael Rubio Director de Bolsalia

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