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Opinión

Rafael RubioTwiter

¿El contribuyente o las preferentes? ¿Por qué enfrentarlos?

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En medio de una crisis que está provocando tanto daño a los clientes de entidades financieras, ya sean de productos de activo o de pasivo, corremos el riesgo con frecuencia de apuntar donde no debemos. Y, a veces, incluso disparamos.

No es la cuestión enfrentar a quienes suscribieron participaciones preferentes de entidades financieras y a los contribuyentes, asumiendo que el dinero que a uno se le perdone deberán pagarlo los otros. Es erróneo bajo mi punto de vista este planteamiento que, como el insensible comentario de la ex ministro Trujillo afirmando que sólo cabía pagar el crédito hipotecario suscrito, sólo ayuda a ocultar las muchas irregularidades cometidas por las entidades financieras en los últimos tiempos y, especialmente, a sus protagonistas.

La comercialización de las participaciones preferentes entre los particulares fue, de entrada, una irregularidad que no debió permitir el Banco de España. Pero lo permitió muy conscientemente de que el dinero captado sería dinero que se ahorraría en el futuro el sector público, los contribuyentes. Y esto fue muy claro desde el primer momento: los que compraron participaciones preferentes han hecho una aportación importante a la reestructuración del sistema financiero español y evitado que el sector público tuviera que hacer una mayor contribución todavía.

Tal y como estaban diseñados había muy pocas posibilidades de que se pudieran cobrar los intereses ofrecidos. Y las entidades, como sus máximos responsables, lo sabían. Y también el Banco de España. Pero, además, lo colocaron con engaño: sin decir que era deuda perpetua, que el reparto de intereses se haría si se cumplían una serie de requisitos...

Es injusto sugerir que los ahorradores que compraron participaciones preferentes eran codiciosos como los principales ejecutivos de las entidades financieras donde colocaron su dinero. Se trata en buena parte de ahorradores mayores de 60 años que buscan la mayor rentabilidad para su dinero acumulado en buena parte tras una larga vida de trabajo y privaciones y que constituye su fuente principal de financiación en su jubilación. Y colocan ese dinero en una entidad financiera importante supervisada por el Banco de España. Pero, los supervisores sólo descubren las irregularidades "a posteriori" cuando se les ha arrebatado el dinero y entonces, sólo entonces, abren expediente y multan a las entidades que obraron mal. Pero, para entonces,  el dinero de los ahorradores que compraron preferentes estaba en las caja de las entidades financieras. Ese dinero capitalizó a bancas y cajas y permitió, entre otras cosas, el reparto de fuertes indemnizaciones y suculentos planes de pensiones para los grandes ejecutivos, apartado éste que, aunque sea pequeño respecto a su déficit de capital, ha incrementado sus necesidades de ayudas financieras.

El de los titulares de preferentes y de los hipotecados es un mismo problema. No cabe hablar de que los que se hipotecaron podrían haber alquilado viviendas, como hacen la mayoría de los ciudadanos europeos. El problema es que la hipotecas se vendieron con suelos, cuotas fijas cuando eran variables, sin posibilidad de dación como forma de pago...

Y, sobre todo, se vendieron hipotecas sabiendo que  muchos no las podrían pagar de la misma manera que se colocaron preferentes sabiendo que no se iban a pagar los intereses. Es un mismo problema y no es justo ni necesario enfrentar a contribuyentes, hipotecados o titulares de preferentes cuando su problema es el mismo.

Rafael Rubio Director de Bolsalia

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