16 de Octubre, 02:03 am
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Opinión

Rafael RubioTwiter
Rafael Rubio

De Guindos-Rodrigo Rato, un conflicto de alta tensión

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"Si hubiese tenido que hacer una apuesta, difícilmente habría dado un duro por De Guindos. Sin embargo, el ministro se ha salido con la suya", confiesa el consejero delegado de una entidad financiera. El conflicto entre Luis de Guindos y Rodrigo Rato era más que un secreto a voces en el mundo bancario español. Desde hace unos meses el ministro de Economía no dejaba de señalar a cualquiera que le visitara en su despacho que el problema del sector financiero lo constituían sólo dos entidades: "Una necesita 5.000 millones para sanear su cartera inmobiliaria y otra 12.000 millones. Pero el verdadero problema -matizaba inmediatamente De Guindos- es que la entidad que necesita más dinero no tiene equipo gestor, a diferencia del otro banco". Como a buen entendedor, palabras sobran, el ministro se lamentaba de la dificultad que existía para cambiar de presidente a alguien que lo ha sido casi todo en el mundo de la política y de las instituciones financieras. Efectivamente, conseguir el cese de Rodrigo Rato como presidente de Bankia no era tarea fácil. Entre otras cosas porque a Rato en los últimos meses le ha llegado todo tipo de mensajes detallando el discurso de De Guindos contra su gestión en Bankia. Y Rato utilizó sus apoyos en el partido para resistirse como gato panza arriba.

El ataque final

Hace sólo unos días, el informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), curiosamente la institución que dirigiera Rodrigo Rato, parecía dictado por el propio ministro de Economía. El FMI aprobaba la gestión realizada en el sector financiero con la excepción de Bankia "cuyo balance, gobierno corporativo y gestión debería mejorar". En la presentación de su reforma financiera, el ministro de Economía no había cesado en insistir en la necesidad de mejorar el gobierno corporativo en lo que ya pareció una alusión directa a los problemas de Bankia. Tras el informe del FMI parecía claro que iba a producirse el ataque final de De Guindos por reorganizar la cúpula de Bankia.
Mientras tanto, el ministro de Economía había tenido no una sino varias reuniones, juntos y por separado, en los dos últimos meses con los presidentes de los grandes bancos. La conclusión fue clara desde el principio: hay que cambiar la dirección y cerrar filas a favor de Bankia para lograr su supervivencia porque solucionar el problema a través de una fusión sería hacer recaer demasiado esfuerzo en el banco elegido y, tal vez, ponerlo en riesgo. Botín, González y Fainé no han dejado de hablar bien en los últimos tiempos de Bankia y han dado órdenes a su equipo para no ser activos en el robo de clientes de Bankia. Saben bien que un problema de esta entidad afectaría muy negativamente al resto de los bancos.

Auditoria sin firmar

Sólo faltaba la espoleta final. Y esta se produjo ante la negativa del auditor de Deloitte a firmar la auditoria del Banco Financiero y de Ahorros (BFA) matriz de Bankia, donde están aparcados los activos más problemáticos de la entidad. La negativa a firmar la auditoria suponía el reconocimiento de serios problemas e irregularidades en el BFA. Se trataba de un serio contratiempo que era necesario justificar con una decisión no menos grave: el cese del presidente de la entidad. El que fuera vicepresidente económico de Gobierno y director general del FMI no tuvo otra salida que la dimisión y en su carta de cese debió incluir la propuesta de sustituto de José Ignacio Goirigolzarri, aquel hombre que debió haber llamado a su lado, como consejero delegado hace solo unos meses, para cubrirle las espaldas en la entidad en lugar de optar por un profesional casi desconocido.
De Guindos descansa hoy más tranquilo. Ha resuelto un problema pendiente desde hace mucho tiempo que era necesario resolver cuanto antes.

Rafael Rubio Director de la revista 'Inversión'

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