Durante el año ......, los hogares y las sociedades no financieras (SNF) de la zona del euro adoptaron sus decisiones de ahorro, de gasto, de inversión financiera y de financiación en un entorno macroeconómico muy cambiante y sujeto a elevados grados de incertidumbre y tensión. En la primera mitad del año, la recuperación de la actividad económica se fue afianzando y las tensiones financieras en los mercados de deuda pública se mantuvieron relativamente contenidas, con tres países del área bajo asistencia financiera (Grecia, Irlanda y Portugal).
Este panorama cambió a partir ......, cuando el deterioro económico en Grecia sirvió de detonante de un acusado agravamiento de la crisis de la deuda soberana en la zona del euro. El nuevo brote de tensión en los mercados supuso una amenaza para la estabilidad financiera del conjunto del área y debilitó severamente la demanda interna, lo que provocó caídas en el PIB del área, posponiendo las perspectivas de recuperación económica e incrementando las dudas sobre la capacidad de los Gobiernos para, en este contexto, alcanzar sus compromisos en el ámbito fiscal. El deterioro económico, la acusada pérdida de valor de los activos financieros y la incertidumbre sobre los efectos de la crisis y sobre el rumbo de las políticas europeas y nacionales para enfrentar la situación hicieron mella sobre la confianza de las familias y de las empresas.
La política fiscal adquirió un tono restrictivo, con unos compromisos ambiciosos de consolidación cuyo cumplimiento requirió intensificar las medidas de austeridad presupuestaria. En cambio, la política monetaria del Eurosistema conservó una orientación expansiva, al tiempo que el rebrote de la inestabilidad en los mercados financieros indujo a que se reforzaran las medidas de carácter no convencional de apoyo a la liquidez y al crédito. En todo caso, el agravamiento de la crisis de la deuda soberana introdujo una amplia divergencia en las primas de riesgo exigidas por los inversores a los prestatarios en función de su nacionalidad, lo que se tradujo en unas condiciones financieras más estrictas en algunos países, que ejercieron un impulso de carácter restrictivo sobre su actividad económica.
En el primer párrafo, ¿hablamos de 2011 o de 2012? Léanlo de nuevo. Y el segundo se puede considerar un una previsión, aunque no estoy nada seguro que podamos esperar a final de año para que el ECB mueva ficha.
Se trata de la introducción de una nota del BOS sobre la evolución financiera de los hogares y sociedades del área del Euro. Pero también una inquietante descripción del escenario que estamos sufriendo en este momento. ¿No hemos aprendido nada? ¿no lo han hecho nuestras autoridades? Esto es lo terrible: el tiempo pasa y la aproximación al problema de fondo es demasiado gradual como para que realmente estemos cerca de su solución.
Ahora voy a mostrarles las conclusiones del Informe:
La evolución de la situación financiera de los hogares y sociedades no financieras de la UEM durante 2011 estuvo muy condicionada por el agravamiento de la crisis de la deuda soberana y su repercusión sobre la actividad macroeconómica en la segunda mitad del
año. De esta manera, el conjunto del ejercicio se caracterizó por la atonía de las rentas, avances escasos en el desapalancamiento del sector privado, divergencias en las condiciones de financiación nacionales, austeridad en las políticas de concesión de créditos y una pérdida de riqueza financiera e inmobiliaria en algunos países, que, sin duda, condicionó los niveles de gasto en consumo e inversión del sector privado.
La renta de las familias de la zona del euro se incrementó de manera moderada, lastrada por la escasa generación de empleo y la contribución negativa del sector público, que desplegó medidas de austeridad presupuestaria que se intensificaron con el agravamiento de la crisis de la deuda soberana. A pesar del aumento de la incertidumbre a partir del verano, la tasa de ahorro de las familias volvió a reducirse, comportamiento que viene explicado por la evolución de sus determinantes durante la primera mitad del año, pero que es complicado que se prolongue debido al nuevo aumento de la tasa de paro, al deterioro de la confianza y a la necesidad del sector de seguir recomponiendo su situación patrimonial. El endeudamiento de las familias experimentó un ligero ajuste a la baja, permaneciendo en niveles elevados que hacen previsible que su evolución futura continúe marcada por la moderación y siga siendo un factor limitador del gasto.
En el caso de las empresas, la recuperación de su situación económica en 2010 no tuvo continuidad en 2011, lo que afectó de manera más negativa a las de menor tamaño. Se redujo la tasa de crecimiento de los beneficios y aumentó el recurso a la financiación ajena, si bien con un patrón diferenciado a lo largo del año y con amplias divergencias entre países. Estas diferencias se materializaron no solo en el comportamiento de los agregados crediticios, sino también en la evolución del coste de la financiación como un reflejo de la crisis de la deuda soberana. El escaso dinamismo de las rentas no permitió que el sector avanzara en la reducción de su endeudamiento, que se mantuvo estable en niveles elevados.
José Luis Martínez Estratega de Citi en España
