17 de Febrero, 11:28 am

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Opinión

El otro sector financiero

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  • "Se estima que la mal llamada banca en la sombra (no son bancos y operan de forma abierta) supone ya a nivel mundial 40 billones de dólares"

Una empresa necesita financiación para llevar a cabo su proyecto de negocio. Las opciones que se le presentan para obtenerla son de tres tipos: solicitarla a un banco, buscarla en los mercados mayoristas o pedírsela a otro tipo de intermediarios financieros. Bajo la opción de los mercados financieros son los inversores directamente los que asumen el riesgo. No ocurre así en los otros dos casos. La diferencia entre ellos es que la actividad crediticia de los bancos es transparente, supervisada por las autoridades y bajo una regulación estricta. 

Se denomina banca en la sombra a la actividad de intermediación que no proviene de los bancos. Se trata por tanto de entidades cuya actividad puede conllevar riesgos similares a la actividad crediticia normal, pero que no quedan regulados ni supervisados por las autoridades. Tampoco tienen acceso a la financiación de los bancos centrales. De acuerdo con el Banco Central Europeo (BCE), el sector financiero no bancos que incluye este tipo de entidades supone ya el 40 por ciento del total en Europa. El G20 planteó en 2011 la necesidad de estudiarlas para valorar el riesgo sistémico que planteaban. Cuatro años más tarde el Consejo de Estabilidad Financiera rechazó que lo fueran. Pero esto no ha tranquilizado del todo a las autoridades. El último en mostrar su inquietud ha sido el BCE, advirtiendo también de su rápido crecimiento a un ritmo anual cercano a dos dígitos. 

Lo interesante de este debate es el contexto en que se produce. Una política monetaria ultraexpansiva y excepcional que puede perdurarse en el tiempo; un nivel elevado, máximo histórico, de deuda privada y pública a nivel mundial, superior al existente antes de la crisis; la regulación estricta y aparentemente inacabada que limita el margen de asumir riesgo de los bancos. Es normal que el economista del BCE también mostrara hace unas semanas su preocupación por el elevado apalancamiento del sector financiero no bancos. Y no ha sido el único, considerando que tanto el FMI como el BIS han advertido en repetidas ocasiones de la posibilidad de excesos en algunos mercados financieros. Los bancos saben gestionar el riesgo que asumen en su actividad, algo que nadie ha podido comprobar en el caso de estos otros intermediarios financieros. 

Se estima que la mal llamada banca en la sombra (no son bancos y operan de forma abierta) supone ya a nivel mundial 40 billones de dólares. Es una cifra significativa, más aún cuando una de las mayores prioridades entre las autoridades monetarias mundiales es preservar la estabilidad financiera conseguida con tanto esfuerzo. Las expectativas de normalización monetaria estuvieron en buena parte detrás de la inestabilidad de los mercados financieros durante la segunda mitad del año pasado, lo que supuso un deterioro en las condiciones de financiación no bancaria. Frente a las turbulencias en los mercados, los bancos recuperaron parte del peso perdido durante la crisis en la financiación crediticia bajo unas condiciones muy favorables que aún se mantienen. 

Lo que no tiene mucho sentido es que la posible respuesta oficial ante la preocupación sobre el sector financiero no bancario pase por extremar la regulación de los bancos, considerados por algunos como el muro natural de contención del riesgo asumido por el resto del sector financiero. De hecho, a nivel académico se relaciona la elevada regulación que soportan los bancos tras una década de constantes cambios con el fuerte crecimiento de la financiación no bancaria en este mismo periodo. 

José Luis Martínez Campuzano

Portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB).

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