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Opinión

Turquía preocupa por su posible recesión

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Hace ya una semana que Turquía entró en la primera recesión de la última década. La situación económica se da en un entorno próximo a elecciones, que se llevarán a cabo el próximo 31 de marzo. Esta circunstancia podría ocasionar un severo golpe a Recep Tayyip Erdogan en la fecha antes citada.

El producto interior bruto se contrajo un 2,4 por ciento el último trimestre, con respecto a los tres meses anteriores, cuando cayó un 1,6 por ciento. En comparación con el año anterior, el PIB se redujo en un 3 por ciento.
El crecimiento a toda costa impulsado por el empuje de Erdogan y su presión sobre el banco central para que mantuviera los tipos de interés bajos, provocó que el capital llegara a Turquía durante una era de estímulo monetario récord en todo el mundo. Pero una expansión casi ininterrumpida que elevó la economía en un promedio de crecimiento de casi un 7 por ciento cada trimestre desde finales de 2009, ha fracasado tras un colapso de la moneda, errores de política y una ruptura diplomática sin precedentes con Estados Unidos. 

Turquía fue una de las economías emergentes de más rápido crecimiento en 2017, pero su crecimiento no fue equilibrado. El exceso de gasto público y el rápido crecimiento del crédito provocaron un aumento de las importaciones y un aumento del déficit de la balanza por cuenta corriente. Como era de esperar, la economía está pagando el precio de los excesos del pasado.

Para los inversores, la preocupación es que Turquía se enfrente a un largo período de recuperación a medida que el torrente de capital extranjero se agote, mientras los hogares y las empresas empiezan a pagar sus deudas. El consumo privado cayó un 8,9 por ciento anual en el último trimestre, y el PIB per cápita de Turquía decreció un poco más de 10.000 dólares en 2017 a 9.632 dólares. En todo el año, la economía creció un 2,6 por ciento.
A pesar de la recesión, las instituciones turcas exponen que lo peor ya ha quedado atrás y que la economía está en camino de una rápida recuperación. El aumento de las exportaciones y los ingresos del turismo serán los principales impulsores del crecimiento.

La lira es la tercera peor divisa dentro de los mercados emergentes este año, con una pérdida de alrededor del 3 por ciento frente a la divisa estadounidense.

En un esfuerzo por reiniciar el crecimiento, el gobierno ha presionado a los bancos estatales para que aumenten los préstamos, ayudando a que el crecimiento del crédito anualizado se vuelva positivo. Está trabajando en un nuevo plan para reforzar aún más el capital de los bancos estatales.

Como el banco central mantiene altas las tasas de interés para estabilizar la lira y mantener la inflación bajo control, el motor de la economía de Turquía está fallando. El crédito bancario real se contrajo un 7,2 por ciento trimestralmente en los últimos tres meses de 2018. La producción industrial de Turquía en diciembre fue la que más cayó desde junio de 2009. Por ahora, el panorama sigue siendo incierto. El PIB podría estar en contracción durante la primera mitad de 2019, seguido de cuatro trimestres de crecimiento tibio que promediará menos del 3 por ciento del año anterior.

Jorge López, de XTB

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