12 de Diciembre, 16:43 pm

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Opinión

Cristina VallejoTwiter

Muere la Thatcher, pero el neoliberalismo continúa

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Muere Margaret Thatcher, pero sus ideas están más vivas que nunca. Lo estamos comprobando estos días en el mismo Reino Unido, donde su vástago político David Cameron la emula en lo económico, incluso dando el estoque definitivo al estado del bienestar, y la sobrepasa por la derecha en cuestiones tales como la inmigración, presionado por los xenófobos emergentes en el país. 

Pese a todo, el Reino Unido que ahora deja la dama de hierro no es el que a ella le gustaría: parte de los bancos siguen nacionalizados y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, sigue siendo uno de los más heterodoxos del mundo, en dura competencia con el estadounidense y, hasta hace poco, también con el japonés (ahora Japón ha dado un salto cuantitativo y cualitativo que será imposible de imitar).

Siempre me preguntaré cómo habría enfrentado ella la crisis económica de la que su país fue una de las primeras víctimas. De lo que no cabe duda es de que, gracias a políticas absolutamente contrarias a las que ella predicó (nacionalizaciones, aumento del gasto público y expansión monetaria), el laborista Gordon Brown (sí, algunos nos seguimos acordando de él pese a su escaso carisma), que fue el que antes y de manera más acertada reaccionó, logró sacar al Reino Unido de la crisis. 

¿Habría dejado caer bancos Margaret Thatcher? ¿Habría reducido al mínimo el gasto social para que las agencias de calificación no pusieran bajo vigilancia la "Triple-A" del Reino Unido? En definitiva, ¿estaría ahora el Reino Unido en una profunda depresión de haber sido ella quien hubiera estado al mando del país tras la caída de Lehman Brothers, o antes, cuando comenzaron a sufrir los bancos británicos? Si tuviéramos que apostar, lo haríamos al "sí". 

Lo sabemos, todo esto es historia ficción. Pero es que somos muy aficionados a ella. Que no nos puedan los prejuicios: la dama de hierro, quizás, se nos hubiera mostrado como una gran pragmática. Lo confesamos: nos resulta muy difícil imaginarlo. 

Pese a todo, pese a los ejercicios de heterodoxia que se han puesto en marcha en todos los sitios (es puro pragmatismo), Margaret Thatcher se puede ir tranquila. Sus ideas son las que mandan. La Thatcher tiene sustitutos y fanáticos. Son los que gobiernan. Al menos en Europa. Y no hace falta apelar a las políticas que impone la troika a los países rescatados. Esto viene de mucho más atrás. 

Podemos situar el inicio del triunfo del neoliberalismo thatcheriano, cuyas raíces hay que buscar en la escuela austriaca, (sí, esa que experimentó el liberalismo en el Chile de Pinochet), en, creo, el diseño de la Agenda 2010 del canciller alemán Gerhard Schroder, del SPD, en los primeros años de la década pasada. Ahí se puso negro sobre blanco la claudicación de la socialdemocracia, aunque unos años antes, el sociólogo Anthony Giddens, británico precisamente, ya había escrito el catecismo del "social-liberalismo", la llamada Tercera Vía, a la que se apuntó Tony Blair, sucesor de la dama de hierro tras el ínterin en que mandó el gris John Major. 

Algunos siempre pensamos que Tony Blair era sólo una Margaret Thatcher con sonrisa. El social-liberalismo y los partidos socialdemócratas de hoy son Margarets Thatcher con sonrisa. 

No es posible hablar de la dama de hierro sin hacerlo de Ronald Reagan. Formaron el tándem perfecto que expandió el neoliberalismo por el mundo, los que permitieron que Francis Fukuyama dijera la tontería esa de que habíamos llegado al final de la historia, porque durante su mandato se fue fraguando el colapso del comunismo (o, mejor, del capitalismo de Estado). La casualidad les hizo posible mostrar al mundo que su modelo era mejor. Otra vez habían ganado los malos. 

En Estados Unidos, Reagan también tiene herederos pero, afortunadamente, no están en el Gobierno, y forman una minoría en el Partido Republicano: están en el Tea Party. ¿Qué diría Reagan viendo a Ben Bernanke, también republicano, imprimiendo tantos dólares? Afortunadamente, a Reagan tampoco le tocó gestionar una crisis financiera en Estados Unidos. De otro modo, la Gran Depresión hubiera sido una broma al lado de lo que hubiera ocurrido en el mundo en estos últimos años. Lo del Reaganomics no sólo no hubiera funcionado, sino que hubiera sido contraproducente, un desastre.

Y, no, no me vengan con lo de la deuda que ha acumulado Barack Obama durante su mandato. No vale: mírense las cifras de endeudamiento que dejaron tanto Reagan como Bush. Y las de superávit de Clinton. 

Cristina Vallejo Redactora de Inversión

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