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TRIBUNA

Trampas al solitario en pensiones

Luis Sáez de Jáuregui

El PSOE ha presentado hace unos días su propuesta «para un Gobierno progresista y reformista». Reformas, desde luego, contiene el documento. Que tengan un carácter progresista es otro cantar, al menos en materia de pensiones. Porque la propuesta de Pedro Sánchez es un saco de dinamita para hacer volar por los aires el carácter contributivo de las pensiones de jubilación.

Ya lo había avanzado el año pasado la que fuera ex secretaria de Estado de Empleo con José Luis Rodríguez Zapatero, Mari Luz Rodríguez, al asegurar que «en ningún sitio está escrito que las pensiones contributivas se tengan que pagar solo con las cotizaciones sociales». Bien, pues ya está puesto por escrito, porque el documento presentado por los socialistas para sentar las bases de una negociación que les lleve hasta la presidencia del Gobierno propone «impulsar en el seno del Pacto de Toledo un acuerdo sobre la articulación del modelo de financiación del sistema con nuevos ingresos procedentes del sistema tributario».

La creación de una nueva figura impositiva para financiar las pensiones actuales viene a paliar la vía de agua que sufre el sistema desde hace años. Pero no es otra cosa que pan para hoy y hambre para mañana, porque si bien contribuiría a mantener cierto nivel en las cuantías de las pensiones de hoy, estaría condenando a la casi desaparición de las pensiones futuras. Esa va a ser la consecuencia final de desvincular las pensiones de los esfuerzos de cotizaciones realizados.

Hasta el día de hoy, el principio que regía el sistema de pensiones era: tanto contribuyes durante tu vida laboral a financiar la pensión de los jubilados, tanto percibirás cuando te jubiles tú. Existía una correlación. Y esto es lo que dejaría de existir en el momento en que las pensiones de jubilación pasen a financiarse vía impuestos con cargo a los Presupuestos Generales del ejercicio corriente. Las partidas a financiar vía impuestos son tantas, y las perspectivas de déficit del Estado tan poco halagüeñas, que acabarán siendo reducidas a la mínima expresión: serán asistenciales. 

Con el sistema actual, y pese a todas las reformas hechas y a las venideras, el Estado adquiere un compromiso que está obligado a cumplir. No puede dejar de pagar las pensiones por las que ya se ha contribuido. Pero si se rompe esa relación de contributividad, ¿alguien cree que se pagarían vía impuestos prestaciones de más de 1.500 euros, como las actuales, en un país con grandes bolsas de pobreza y altas tasas de paro? 

El pasado verano se abrió la veda con las pensiones de viudedad y orfandad. En la presentación de los Presupuestos para 2016, el Gobierno de Mariano Rajoy anunció su intención de terminar con la contributividad de ambas. El importe de estas pensiones dependía del salario que ganara el cónyuge (o padre) fallecido. Y, en caso de no ser suficientes, por ser muy pequeñas, la parte que faltaba se financiaba vía impuestos. Con la reforma se establecería una especie de 'tarifa plana' para viudos, viudas y huérfanos que, con toda seguridad, solo podrían contar con una cobertura básica. O ¿alguien cree que se pagarían -con los impuestos de todos- pensiones de más de 2.000 euros a viudos o viudas que tuvieran patrimonio inmobiliario? ¿No se priorizarían esos impuestos para mejorar, por ejemplo, la Sanidad o el Educación?

En pensiones, los políticos tienden a hacerse trampas al solitario. Y tienen todas las de perder.

* Luis Sáez de Jáuregui, director de Distribución y Ventas de AXA.

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