27 de Noviembre, 18:06 pm

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Opinión

¿Qué va a suceder con Hungría y Ucrania?

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Hungría: política económica impredecible. Ante los inversores internacionales, la controvertida política económica del Gobierno de Viktor Orbán está dejando a Hungría claramente fuera de juego. Y, sin embargo, ese país, que está en recesión económica por segundo año consecutivo, necesita con urgencia inversiones. Mientras que la demanda interior lleva ya seis años prácticamente estancada, ahora también el consumo exterior flaquea de manera perceptible a causa del debilitamiento económico de la zona euro, el principal mercado de exportación de Hungría.

Ante las desventajosas condiciones fiscales que se les ofrecen, los bancos internacionales sacan dinero de continuo. Únicamente en el ámbito presupuestario (el déficit no llega al 3%), Hungría destaca como uno de los alumnos modélicos de su zona. Mientras que a las compañías extranjeras se las bombardea de un modo tan imprevisible como radical con impuestos o medidas de regulación del mercado (hace poco, por ejemplo, se ha obligado a las que suministran energía a reducir los precios de gas y electricidad para los hogares en torno a un 10%), el gobierno trata de evitar a toda costa establecer programas de austeridad dentro de sus fronteras, pues los sabe impopulares.

De ahí que tampoco se hayan producido avances en las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional, en las que Hungría se juega un acuerdo de derecho de giro de entre 15.000 y 20.000 millones de euros, y que, de momento, se han aparcado porque dicho país no se muestra dispuesto a hacer concesiones. Para refinanciar sus obligaciones exteriores, Hungría apuesta ahora por los inversores internacionales y, como empieza a verse, el entorno de mercado actual resulta propicio para ello, dado que los inversores en deuda soberana están buscando rendimientos atractivos. Hace algunos días, el gobierno ha reunido 3.250 millones de dólares con la venta del primer bono denominado en una moneda extranjera, y es posible que también otras próximas emisiones sean bien recibidas por el mercado.

A los participantes en el mercado les preocupa, sobre todo, el riesgo de que la política monetaria se vuelva considerablemente más expansiva, cosa que podría suceder cuando el banco emisor estrene nuevo gobernador. Ya en las últimas semanas, la moneda nacional se ha debilitado notablemente. Gozar de una cierta estabilidad económica es, sin embargo, vital para Hungría y, de reducirse muy marcadamente el apetito de riesgo internacional, la cotización del florín volvería a tender a la baja.

A su vez, considerando los numerosos créditos circulantes en divisa extranjera, una moneda débil tendría efectos negativos sobre el crecimiento económico. Eso lo saben perfectamente también los responsables del banco emisor de Hungría, cuyo margen de maniobra para seguir bajando los tipos de interés básicos desde su nivel actual del 5,50%, se está reduciendo a ojos vistas. Para la buena marcha de la economía nacional, un buen entendimiento entre banco emisor y gobierno sería sin duda beneficioso. Se da por descontado que el próximo gobernador de esa entidad (cuya designación, a la que se procederá ya en marzo, ha sido el tema de encendidos debates públicos) será una persona del entorno (amplio) de Viktor Orbán.

Con la reciente colocación de bonos se logró garantizar una parte del servicio de la deuda, pero Hungría,debido a la poca confianza que demuestran los inversores a largo plazo, continúa muy expuesta a los cambios de ambiente de los mercados de capitales. Si el volumen de contratación disminuye significativamente, a Orbán le quedarán pocas alternativas a la reanudación de las negociaciones con el FMI.

Ucrania, en el campo de tensión económica entre Rusia y la Unión Europea. Seguramente, la agenda política de Ucrania, muy influenciada por cuestiones de economía exterior, continuará también este año girando en torno al problema del gas natural. Mientras que Rusia acucia a Ucrania para que se incorpore a la unión aduanera que la primera forma ya con Belarús y Kazajistán, en otro paso hacia la proyectada "Unión Euroasiática", y utiliza como principal medio de presión el muy elevado precio, negociado en 2009, al que la compañía estatal Gazprom vende el gas natural a su primer comprador mundial, Ucrania quiere conservar su independencia y no cerrarse la opción de ingresar en la Unión Europea.

Desde el año pasado, a Ucrania también le llegan por primera vez desde Alemania, a través de Polonia, suministros de gas natural que, si bien de muy poco volumen, son mucho más baratos y se realizan de forma fiable. Sin embargo, todavía pasará mucho tiempo hasta que se encuentren suficientes proveedores de gas nuevos, y Rusia ejerce presión, ya que el contrato formalizado para un periodo de diez años prevé que Ucrania tiene que pagar en todo caso, aun cuando no compre gas natural (contrato firme de compra). Tampoco las relaciones con la Unión Europea están exentas de conflictos: hay un acuerdo de asociación listo sobre la mesa, pero la evolución política y los procedimientos legales contra políticos de la oposición como Yulia Timoshenko, obstaculizan un posible acercamiento. La solución de la cuestión energética es, no obstante, indispensable para la capacidad de maniobra de Ucrania.

También en las actuales negociaciones con el Fondo Monetario Internacional desempeñan un papel central los precios de la energía: las exigencias más importantes del proveedor de fondos internacional son la elevación de las tarifas de gas y calefacción para los hogares y la renuncia al tipo de cambio fijo con el dólar. Esta última implica tanto una depreciación a corto plazo como el establecimiento de un nuevo régimen cambiario más flexible. A corto plazo, la medida contribuiría a reducir el déficit por cuenta corriente y a estabilizar las reservas monetarias. Además, la política monetaria podría entonces hacerse más expansiva y los bancos estarían en condiciones de volver a proporcionar crédito a la economía real. Sin embargo, Ucrania considera ambas exigencias poco apropiadas y, por tanto, espera poder hacer frente a sus obligaciones de reembolso de créditos con el exterior recurriendo al mercado de capitales. Ese plan podría tener éxito en el actual entorno de mercado, dados los altos rendimientos que ofrece el país. La pregunta es durante cuánto tiempo, ya que a largo plazo no es posible pagar intereses tan altos a los proveedores de fondos. Por eso, llegar a un acuerdo con el FMI sería, sin duda ,la solución más razonable.

En el periodo previo a las elecciones legislativas, Ucrania se halla en una situación macroeconómica delicada, con el crecimiento económico contrayéndose y el déficit por cuenta corriente en rápido aumento. En 2012, el banco nacional consiguió alcanzar su objetivo de mantener el tipo de cambio estable con una combinación de medidas administrativas y relacionadas con el mercado. Ahora bien, pagó un alto precio por ese logro. En primer lugar, ese mismo año perdió casi la cuarta parte de sus reservas de divisas (7.300 millones de USD) por el apoyo a una flaqueante grivna; en segundo lugar, la creciente presión bajista que sufrió dicha moneda en el segundo semestre supuso un lastre continuado para el mercado de dinero. A causa de los inusitadamente altos intereses, las actividades de crédito prácticamente se han paralizado, con los correspondientes efectos perniciosos sobre la economía.

Ronald Schneider, director del departamento de Mercados Emergentes Globales y Europa Oriental (Renta Fija) en Raiffeisen Capital Management

Raiffeisen Capital Management Principal gestora de fondos de Austria, con 30.000 millones de activos gestionados, el 19% del mercado del país

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