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Opinión

Javier FloresTwiter

La apreciación del euro, en el punto de mira de Draghi

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"I never comment on exchange rates" (Mario Draghi, 10 de enero de 2013).

El mensaje de Draghi esperamos que se centre en lo relacionado con el exceso de liquidez, cuya retirada está provocando, en parte, la apreciación del euro y el encarecimiento de la financiación. La posibilidad de que Portugal e Irlanda se beneficien de las OMT puede ser otra cuestión para aclarar. No esperando, por último, que se complique en exceso, si trata el tema de las recientes incertidumbres políticas que afectan a España e Italia.

Al respecto de la apreciación del euro, cada vez que el euro se aprecia de manera significativa, algún político europeo muestra preocupación, más recientemente el presidente francés ante el Parlamento Europeo, y pide intervenir, en tanto que el Banco Central Europeo (BCE) mira hacia otro lado. Es evidente que un banco central no puede dar cumplimiento simultáneo a objetivos, en ocasiones contradictorios entre sí, especialmente si alguno de esos objetivos no forma parte de su mandato. En el caso del BCE, el mandato declarado es la estabilidad de precios, aunque, en la práctica, éste se ha desplazado hacia la estabilidad financiera. Es difícil imaginar que el BCE pueda verse envuelto en una "guerra de divisas" en la que estarían deseando embarcarse algunos políticos europeos de modo más contundente que el de las declaraciones, a pesar del riesgo de avivar la inestabilidad del mercado.

No todo son desventajas, aunque alguna sí hay, a la fortaleza del euro. Un análisis de la posición del BCE sobre el tipo de cambio del euro desde su creación en 1999 nos permite identificar una serie de constantes que ayudan a explicar la posición actual y futura de la institución al respecto de la divisa. 

El motivo por el cual el euro nunca ha sido un objetivo principal de la política monetaria del BCE es, en primer lugar, que debido a su mandato está más apegado al valor interno del euro (la tasa de inflación) de su valor externo (tipo de cambio), algo que está justificado por lo extenso del área económica, y, en segundo lugar, porque existe un cierto grado de ambigüedad en los Tratados sobre lo que se entiende por una "política de tipo de cambio". No es, por lo tanto, el nivel absoluto de su cotización como las rápidas fluctuaciones lo que podría llegar a ser molesto para el BCE. La única excepción se dio en el año 2000, cuando el BCE intervino en los mercados de divisas para comprar euros, debido a que su valor se había vuelto tan bajo que amenazaba con incrementar peligrosamente la inflación importada, es decir, su mandato principal.

Otra cuestión diferente es cuando el BCE interviene verbalmente, algo que suele suceder tarde y con poca contundencia, cuando, por ejemplo, se refiere a la "política de dólar fuerte" en el contexto del G7 o del G20. Por todo ello, aunque, en general, no se pueda decir que el BCE es indiferente a la cuestión de los tipos de cambio, sí es cierto que su análisis es más elaborado que el que escuchamos de boca de algunos políticos europeos, y que el tipo de cambio del euro no es preocupante, de modo que no solamente no esperamos un movimiento al respecto, sino que tampoco esperamos cambios en la actual política monetaria del BCE. Ante el débil estado de la economía y la existencia de riesgos a la baja, hacen poco probable que el BCE se plantee llevar a cabo de manera inmediata una estrategia de salida de la política monetaria expansiva.

Javier Flores Responsable del Servicio de Estudios y Análisis de ASINVER.

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