16 de Febrero, 17:05 pm

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Alquiler de vivienda

Los arrendadores los prefieren guapos, pero ya no tanto

MARÍA GÓMEZ SILVA

Los propietarios rebajan los precios y relajan sus exigencias a los inquilinos por la crisis, aunque la mayoría mantiene ciertos requisitos para protegerse contra un impago

Cualquiera que haya buscado alguna vez un piso en alquiler sabe que se trata de un proceso tedioso. Comienza por revisar los anuncios en las páginas web (lo que en una gran capital puede llevar días), contactar con los propietarios , concertar citas para visitarlos, recorrerse la ciudad a la caza y captura de una oportunidad y finalmente decidirse por uno, confiando en que alguien no se haya adelantado . Pero una vez dados todos estos pasos, llega la parte más complicada: Cumplir con los requisitos del arrendador, que van mucho más allá de pagar puntualmente la renta a comienzos de cada mes.

Aval bancario, uno o varios meses de fianza, nómina, contrato de trabajo indefinido, seguro de impago y hasta la mediación de una agencia de alquiler son algunas de las peticiones formuladas por los que desean alquilar su vivienda.  Los expertos del sector coinciden en que la crisis ha hecho mella en el comportamiento de los propietarios, de modo que éstos se muestran más flexibles a la hora de negociar el precio o suavizar sus exigencias con objeto de alquilar cuanto antes el inmueble y empezar a cobrar. Pero no a cualquier precio. La morosidad y el desempleo han aumentado por la coyuntura económica, de manera que nadie desea encontrarse con un inquilino que no paga y llevará meses desahuciar.

"Con la crisis, la gente va muy justa. El inquilino no se puede permitir un aval de varios meses y los propietarios abren la mano porque piensan que si no pasan por el aro, no lograrán alquilar nunca", explica Juan Alberto Pérez Senso, socio director de Pérez-Álvarez Abogados, bufete con un servicio especializado en inmobiliaria.

Pérez Senso asegura que "se han relajado las exigencias de garantías so pena de asumir un riesgo de impago y de tener que acudir a un desahucio", "un trámite lento y costoso que impide la amortización del inmueble y coloca al dueño en una situación de inseguridad e incertidumbre", según Miguel Ángel Alemany, director general del portal pisos.com.

Carlos Ruiz, gerente de Arrenta una sociedad dedicada al arbitraje y la garantía de cobro en caso de impago, coincide con Pérez Senso en que se han rebajado los requisitos en el sentido de que ya no se pide a los inquilinos "que cobren 3.000 euros y sean funcionarios" como condición para alquilarles el piso. Sin embargo, matiza: "La mayoría de los propietarios busca una tranquilidad. Con la crisis, está subiendo la morosidad y la gente no se fía. Se quiere alquilar rápido, pero mejor seguro y con tranquilidad", explica.

En general, nómina, aval y depósito bancario son las tres palabras mágicas que salen de la boca de los propietarios. Las tres fueron incluidas en el 5% de los anuncios de alquiler publicados en pisos.com (porcentaje que se eleva hasta el 50% en algunas provincias como Guipúzcoa), aunque como recuerda Miguel Ángel Alemany,  el hecho de que no aparezcan en algunos anuncios "no significa que no se hayan solicitado", sino que "se especificaron más tarde, durante la negociación".

Respecto a la utilidad de estas herramientas, la nómina no sirve de garantía ante un impago, pero ofrece una pista sobre la situación financiera del arrendatario, mientras que el aval y el depósito constituyen un colchón frente a posibles morosos durante los 6 meses de media en que se tarda en ejecutar un desahucio judicial.

El aval tiene la desventaja de que supone un coste de mantenimiento para el inquilino al que hay que añadir el bloqueo de una cantidad equivalente al número de meses de alquiler que se quieran garantizar. Por poner un ejemplo, un aval de 6 meses para un alquiler de 775 euros mensuales en ING Direct exigiría el depósito de 4.650 euros más unos gastos de unos 180 euros anuales.

El arrendatario suele recelar de esta herramienta debido a que  le paraliza una suma importante de dinero, del que a veces ni tan siquiera dispone.

Una alternativa es depositar varios meses de fianza en la cuenta del arrendador, que la devolverá una vez finalice el contrato.

También es posible suscribir un seguro contra impago, hacer uso de las empresas públicas de fomento del alquiler, o contratar los servicios de sociedades como Arrenda, que ofrece entre 6 y 12 meses de seguro ante impago (sin necesidad de sentencia condenatoria) y arbitraje para la solución de conflictos frente a la lentitud de la justicia ordinaria.

El gerente de Arrenda, Carlos Ruiz, destaca que es especialmente adecuado para casos en los que el inquilino no disponga de liquidez para contratar un aval, o no cumpla los requisitos de solvencia que manejan los seguros (suelen pedir que el alquiler no supere el 35% de los ingresos). En su caso, sólo requieren que el inquilino disponga de 650 euros limpios tras abonar la renta mensual.

"Nosotros lo que aconsejamos a nuestros clientes es que pidan o bien un aval bancario o bien un depósito adicional en garantía del cumplimiento de las condiciones del contrato", explica Juan Alberto Pérez Senso, socio director de Pérez-Álvarez Abogados, quien recuerda el prejuicio que supone un mes de alquiler sin abonar, especialmente cuando el propietario tiene una hipoteca sobre el inmueble arrendado y cuenta con la mensualidad para afrontar el pago de la hipoteca.

Más allá de este tipo de garantías, lo que coinciden en señalar todos los expertos consultados es que lo más conveniente para ambas partes es especificar todos los apartados en un contrato formal, a ser posible supervisado por un profesional del sector.

Asimismo, la organización de consumidores y usuarios (OCU) recomienda  intentar "negociar una rebaja de la renta" o "proponer un pago más amplio por adelantado (por trimestres o semestres) a cambio de una rebaja" para casos en los que el propietario se muestre muy exigente.

En todo caso, como recuerdan en Pérez-Álvarez Abogados, un alquiler es un contrato entre dos partes y exige que haya un acuerdo entre ambas para poder formalizarse.

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