16 de Diciembre, 02:46 am

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qué son los fondos de consolidación

Invertir en bolsa pero con una red de seguridad

La política de bajos tipos de interés que lleva defendiendo el Banco Central Europeo desde 2012 está siendo un quebradero de cabeza tanto para pequeños ahorradores como para los clientes de banca privada. En ambos casos, su aversión al riesgo forma parte de su idiosincrasia a la hora de invertir, pero, una vez descartados los depósitos y la renta fija, es necesario encontrar rentabilidad en productos de renta variable. Este tipo de activos no son aptos para todos los corazones, especialmente para este tipo de cliente cuyo principal objetivo es preservar su patrimonio.

Es por lo tanto cuando comienzan a surgir productos diseñados específicamente para invertir en renta variable, aunque van acompañados por una red de seguridad.

José Couret, director de Lombard Odier en España, reitera que el hecho de que las entidades ofrezcan «productos más sofisticados a sus clientes de banca privada es consecuencia de tener tipos de interés negativos en el euríbor y en gran parte de la renta fija». Couret explica que son los clientes los que demandan alternativas de inversión. De la misma opinión es José Ramón Aranda, director de banca privada de Banca March: «En el entorno actual en el que nos encontramos con el esperado cambio en la política monetaria de la zona euro y con los tipos oficiales de interés en niveles anormalmente bajos, es justo el inversor conservador y tradicional el que se ve más afectado y debe replantearse sus objetivos» y es aquí, continúa Aranda, cuando debe decidir entre seguridad en la cartera o maximizar la rentabilidad potencial lo que implica incorporar activos de mayor riesgo.

Ignacio Viayna, director de banca privada de GVC Gaesco, añade que al disponer de patrimonios elevados, el inversor puede acceder a determinados vehículos o productos más específicos que quedan a su alcance, y, por otro lado, requieren diversificar e incluso tomar riesgos diferentes en otro tipo de activos complementarios.

Pero los expertos coinciden que esta innovación no tendría sentido si no viniera acompañada de asesoramiento. Viayna al respecto insiste que «el principal producto para nuestro cliente de banca privada es la gestión y el asesoramiento a unos niveles de calidad»

La incorporación de MiFID II es otro factor determinante para la introducción de nuevos productos. «La nueva normativa europea implica una mayor transparencia de contratación de productos, tanto a nivel informativo como en el plano de los costes asociados», señala Couret, que a su vez destaca que esto también implica una mayor diversificación de carteras con la consiguiente consecuencia de que las entidades se ven obligadas a mejorar la oferta existente de productos y vehículos de inversión así como la diversidad de los activos y zonas geográficas en las que canalizarlas.

Fondos de consolidación

Hasta la fecha, los productos por los que apostaban los inversores de banca privada más sofisticados son los ampliados: el inversor puede acceder a través de partners a operaciones y sociedades inmobiliarias o capital riesgo. Sin embargo, Santander ha lanzado un fondo de consolidación, producto que también lo comercializan, entre otros, BBVA y Abante.

Joaquín Casasús, director general de Abante Asesores Gestión, explica cómo surgió la idea: «En el actual entorno de tipos de interés, los inversores tienen que asumir riesgo si quieren optar a obtener rentabilidad». No obstante, el mejor activo para obtenerlo es la renta variable, pero genera cierta inquietud en los inversores que «les lleva a vender en el peor momento», como advierte Casasús. «Estos errores se evitarían con un fondo que proteja la inversión de los escenarios adversos» destaca el experto. Es por eso que la gestora tiene en cartera el Abante 80 por ciento Protección Creciente, en el que también participa Morgan Stanley, y que suma ya 25 millones de euros desde su lanzamiento hace poco más de un año. 

Al cliente de banca privada, este fondo le permite «invertir en una cartera en la que si las cosas fueran mal sabes que como mínimo el valor del fondo será del 80 por ciento del valor máximo alcanzado previamente», señala Casasús. La cartera del fondo, en su escenario central, alberga un 50 por ciento de renta variable, un 45 por ciento de renta fija y un 5 por ciento de liquidez.

Adela Martín, directora del área de banca privada de Banco Santander, justifica el estreno de la entidad en este tipo de fondos porque existe una «necesidad de buscar alternativas con clientes conservadores que quieren beneficiarse del potencial de la renta variable en un escenario de tipos como el actual». De esta manera, el Santander PB Consolida 90 invertirá con una combinación de activos para cubrir el valor liquidativo en cada momento (cuyo resultado se obtiene dividiendo el patrimonio total del fondo entre el número de participaciones en cada momento). Para ello, el fondo invertirá a través de un algoritmo de gestión sistemática basado en el reparto porcentual de activos de mayor y menor riesgo en cada momento con un porcentaje que iría entre el 40 y el cien por ciento para renta fija y monetarios y de entre el 60 y el 0 por ciento para renta variable, aunque el fondo arranca con un 40 por ciento de la inversión en activos de bajo riesgo. 

Este tipo de productos, insiste Casasús, va dirigido a inversores que prefieran renunciar a parte de la rentabilidad que ofrece la bolsa a cambio de una protección ante las caídas. El directivo reitera que la aparición de este fondo obedece más a responder las necesidades que tiene el cliente y no tanto a la competencia entre las entidades.

Para Adela Martín, el tener este tipo de vehículos dentro de su cartera también permite a la entidad ampliar la oferta de productos para muchas carteras de clientes, pero insiste en que se trata de un producto que debe ser contratado si su asesor o banquero privado cree que se ajusta al perfil y necesidades del cliente.

Una vez explicado esto, desde Santander comentan el funcionamiento del fondo: «Una vez que el fondo alcanza el valor liquidativo determinado, se consolida un mínimo del que no puede bajar y el objetivo es que ese valor liquidativo consolidado no baje del 90 por ciento del máximo alcanzado». Aunque esto no quiere decir que el partícipe no tenga en determinados momentos una nula rentabilidad o, incluso, pérdidas.

BBVA apuesta desde 2015 por este tipo de fondos con BBVA Consolidación 85, que gestiona ya 988 millones de euros. La rentabilidad de este vehículo fue del 2,72 por ciento en 2016, cifra que también repitió en 2017. Casasús destaca que 2018 será un año complicado en búsqueda de rentabilidades y activos por lo que estos productos pueden ser parte de la solución, «pero hay que tener en cuenta que no hay recetas mágicas». E insiste que cualquier inversor que quiera obtener una mayor rentabilidad deberá adoptar una estrategia que implique una mayor asunción del riesgo. Adela Martín también cree que la incorporación de este tipo de fondos solucionaría esa búsqueda de rentabilidad con un riesgo limitado: «Es un complemento más necesario en escenarios volátiles como el actual», sentencia. 

Para Paula Mercado, directora de análisis de VDOS, estos fondos permiten reducir la volatilidad, aunque el inversor debe saber que la rentabilidad será escasa. La experta continúa advirtiendo al inversor que «tanto los fondos con objetivo de rentabilidad como los garantizados son muy exigentes en cuanto a la permanencia del inversor durante la duración de la estrategia, penalizando salidas fuera de las ventajas de liquidez con comisiones de reembolso». Por este motivo, recomienda preguntarse si va a necesitar o no toda la inversión antes de esas ventanas. José María Luna, responsable del departamento de análisis y estrategia de Profim, cree que este tipo de fondos son un derivado de los fondos mixtos pero con la «particularidad de que consolidan una ganancia, aunque no limitan las pérdidas». En su opinión, pueden ser una alternativa para invertir en renta variable para inversores muy conservadores ya que «el hecho de que consoliden permiten un mayor control de los riesgos de la inversión», pero destaca que la hora de invertir se tengan en cuenta las comisiones de reembolso, «que no garantiza el cien por cien de lo invertido y que son productos de gestión activa, por lo que hay que tener en cuenta quién en su equipo gestor».

Otras alternativas

También hay expertos que creen que hay alternativas más allá de este tipo de vehículos. Es el caso de Viayna, que destaca que 2018, aunque sin ser un años excelente, todavía será bueno para las empresas cotizadas: «Los costes aunque han subido todavía son razonables, la economía mundial sigue creciendo por encima del 3 por ciento y la volatilidad ha vuelto a la media (1 de cada 6 días) por lo que seguimos apostando por renta variable aunque con un cambio paulatino hacia defensivos».

Aranda, por su parte, defiende la co-inversión en la que hacen gala Banca March ya que «se trata no solo de demostrar el compromiso total de los accionistas del banco con nuestros clientes al compartir con ellos proyectos de inversión en activos reales, sino de también son un componente de valor añadido en las carteras». En cambio, la opinión de Couret va más allá y considera que lo importante «en la gestión de patrimonios, es realizar una correcta asignación de activos con una buena diversificación tanto de tipología como de zona geográfica».

Por su parte, Mercado insiste que para invertir en renta variable existen otras alternativas que «ofrecen una mayor rentabilidad y con un mayor control sobre la volatilidad».

Mientras que Martín y Casasús destacan la inversión en fondos, aunque la responsable de Santander Banca Privada añade también otros productos estructurados, inversiones alternativas, real estate o carteras discrecionales, mientras que el segundo, apuesta por los fondos como la mejor alternativa para la mayoría de los inversores.

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