27 de Mayo, 02:59 am

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estrategias de inversión

Alternativas a los fondos de deuda pública española

Alicia Miguel Serrano

En el último año, los fondos de deuda pública española no solo no han ofrecido apenas rentabilidad a los inversores, sino que en muchos casos han traído pérdidas a sus carteras. Una tendencia que se ha agudizado en los últimos seis y tres meses, periodos en los que los vehículos analizados por VDOS -aquellos dentro de la categoría de deuda pública española y que requieren mínimos de inversión por debajo de 6.000 euros- muestran rentabilidades negativas. 

Así, las pérdidas no son solo una perspectiva futura, en un entorno de tipos bajo mínimos, sino que empiezan a ser una realidad presente. Y los expertos coinciden en el riesgo que empieza a suponer estar en deuda pública española de cara a los próximos meses, ante el aumento de la inflación y las políticas de normalización monetaria, que impulsan al alza los tipos. Y también, ante el hecho de que las comisiones de los fondos puedan comerse toda la rentabilidad o incluso llevarla a terreno negativo.

David Cano, director general de AFI Inversiones Financieras Globales EAFI, defiende que «el escenario para los inversores en deuda pública de cara a los próximos de seis a 18 meses es negativo», situando el riesgo de pérdidas en un 9, en una escala del 0 al 10: «A medida que avance el ciclo expansivo en la eurozona y la inflación se vaya normalizando, en un contexto de ausencia de compras por parte del BCE (a partir de septiembre) y elevaciones en la curva estadounidense, habrá un aumento de los niveles de rentabilidad de la deuda pública en la zona euro, de tal forma que los fondos que inviertan en este activo van a sufrir pérdidas», explica.

Con un riesgo de pérdidas de un 8, Patricia Mata, responsable de imdi Funds en el Grupo CIMD, reconoce también que el momento no es el mejor para este tipo de productos, pues «la curva de tipos española está en negativo hasta los tres años y las expectativas con respecto a la normalización de la política monetaria del BCE suponen un riesgo importante», algo a lo que añadir el peso de las comisiones soportadas por los fondos. Por eso, este año espera rentabilidades negativas y una volatilidad algo más elevada debido a los movimientos del BCE. «En los plazos cortos las rentabilidades de partida ya son negativas. En los plazos medios y largos la normalización de política monetaria impactará, negativamente, en relación directa con la duración de la cartera del fondo», añade.

Aunque prefiere no utilizar la palabra «peligro», Jordi Justicia, director general de Ginvest AM, recordaría a un inversor que actualmente decidiera invertir en deuda española que rentabilidades pasadas no son garantía de rentabilidades futuras y que este tipo de fondos se han beneficiado de una etapa de políticas expansivas que han llevado los tipos de interés a mínimos históricos y, justamente por eso, las rentabilidades de estos últimos años han sido espectaculares. Pero no será igual de ahora en adelante: «Teniendo en cuenta el escaso potencial de rentabilidad a medio-largo plazo y asumiendo las comisiones medias de gestión que se aplican a este tipo de productos, el diagnóstico no es nada alentador para el inversor actual en este tipo de productos», dice, y sitúa el riesgo de pérdidas en entre 9 y 10, es decir, casi una certeza. 

«Actualmente la rentabilidad de un bono a cinco años del Reino de España apenas supera los 35 puntos básicos y el 10 años los 150. Si bien parece prematuro hablar de un recalentamiento de la eurozona, los riesgos para la estabilidad financiera de mantener los tipos demasiado bajos en un período excesivamente largo hace prever una progresiva normalización de la política monetaria que nos llevará a una subida gradual de las rentabilidades en los bonos. Es decir, que la curva se desplazará en su totalidad provocando minusvalías en el precio de la deuda en todos sus tramos», añade, justificando su tesis de pérdidas.

Sin hablar de peligro, José María Luna, de la EAFI Profim, sí cree que los inversores deben ser conscientes de que la rentabilidad esperada para este año no será, ni de lejos, similar a la lograda años atrás, y habla de números bajos menores al 1 por ciento-o incluso negativos-, dependiendo de cada fondo. Así, en el mejor de los casos (con un BCE aún apoyando y sin presiones inflacionistas en la zona euro) prevé rentabilidades positivas pero no superiores al 1 por ciento, y eso siempre que el fondo tenga comisiones atractivas. «Si no se da ese escenario, lo más probable es que continúe goteando a la baja la rentabilidad media de este segmento de mercado», reconoce, y también podrían darse pérdidas, aunque descarta un hundimiento: «Hay una alta probabilidad de que la media de este tipo de fondos tenga una rentabilidad negativa en 2018, aunque algún vehículo, bien por la gestión activa que haga de la cartera y/o por sus bajas comisiones, pueda defenderse mejor y acabar en positivo».

Factores de riesgo... y de apoyo

En contra juega el hecho de que la rentabilidad real de la deuda pública española o es muy baja o, dependiendo del tramo de la curva de tipos que analicemos, negativa, de forma que, teniendo en cuenta la situación y sumando los gastos corrientes de los fondos, la conclusión es que «esperar una rentabilidad muy positiva en los fondos de deuda pública española, en estos instantes, es harto complicado», señala Luna. Además de las valoraciones del mercado y de las comisiones de los fondos, los riesgos políticos también podrían pesar, junto a la posibilidad de que la normalización monetaria sea más agresiva o rápida de lo esperado, tanto por parte de la Fed como del BCE. «La vuelta a las tensiones políticas y sociales en Cataluña o una actitud demasiado rápida en la Fed a la hora de subir tipos haría que el comportamiento de la deuda pública española sufriera un revés más negativo del esperado en estos instantes», añade el experto.

Con todo, a favor siguen jugando tanto las compras de deuda pública y privada del BCE como la propia evolución económica y política de la zona euro y, muy significativamente, en el caso de España, recuerdan desde la EAFI Profim. Es el principal factor de apoyo -junto con una posible subida de rating de la deuda española- del que también habla Banco Alcalá para descartar que los inversores en deuda pública española estén asumiendo peligro: «La economía española, a pesar de las incertidumbres políticas, ha evolucionado de forma muy positiva en los últimos años y para el año 2018 se siguen pronosticando crecimientos superiores a la media de los países del entorno (2,5 por ciento) con una inflación contenida y un nivel de paro elevado pero con tendencia decreciente. La visión de los inversores respecto a España ha vuelto a cambiar después de unos últimos meses del año 2017 marcados por la crisis en Cataluña. Vuelve a ser el país más valorado dentro de la periferia y el preferido por los inversores. Si no hay turbulencias por el lado de la política o por el entorno general, el ejercicio no tiene por qué ser negativo para la deuda pública española», comentan sus expertos.

En su opinión, a lo largo del año, en función de la curva alemana, los bonos españoles podrían bajar ligeramente de precio pero también puede haber reducción de diferenciales por la esperada subida de rating que se puede dar a finales de este mes por parte de S&P, que se pronuncia el 23 de marzo. «Si la economía sigue evolucionando de forma positiva, como así se espera, podría haber incluso ligeros movimientos al alza, sobre todo en los vencimientos medios», dicen, aunque descartan que pueda haber valor en los cortos. Por todo ello, y por la cautela del BCE -los mercados no descuentan subidas de tipos hasta el primer o segundo trimestre del año que viene-, el riesgo de pérdidas se situaría solo entre un 3 y un 4 en una escala del 0 al 10, dependiendo de la duración en la que nos encontremos, señalan desde Banco Alcalá.

Por ello, en Banco Alcalá descartan que sea necesario un cambio en los próximos meses pero, como alternativa para aquellos clientes más negativos o cautelosos, sugieren incluir en las carteras fondos de renta fija con exposición flexible, lo que permite que el gestor, en función de las circunstancias de mercado, pueda modular el posicionamiento y conseguir rentabilidades más positivas. Además, para aquellos que piensen que los tipos pueden subir antes de lo que descuenta el mercado, una buena opción podría ser un fondo de bonos flotantes, sin prácticamente riesgo de tipos de interés al ser la duración muy baja. 

¿Momento de buscar alternativas?

Con todo, para otros expertos, esa búsqueda de alternativas es una necesidad, ante el riesgo de pérdidas en deuda española. Fondos de renta fija flexible, fondos de retorno absoluto con perfil conservador, mixtos con un perfil de riesgo también bajo, o incluso vehículos de renta variable de retorno absoluto, sin olvidar la gestión alternativa, son ideas para aquellos que buscan moverse y salir del perímetro de «peligro» en deuda española. Y la gestión activa parece una muy buena idea en este entorno.

«La gestión activa marca la diferencia. En una cartera de fondos diversificada tiene sentido invertir en fondos de renta fija flexibles o con una gestión activa real. Los fondos perfilados o mixtos con un perfil de riesgo conservador pueden ser también una alternativa para algunos inversores, eso sí, apostando por la gestión activa», dice Mata.

Aunque siempre dependiendo del perfil de riesgo, Luna habla de otras alternativas más eficientes que la deuda pública española desde el punto de vista rentabilidad/riesgo para muchos inversores, como renta fija flexible (con fondos como Renta 4 Valor Relativo o Schroder Strategic Bond A EUR Hedged), fondos de deuda con perspectiva de retorno absoluto (como Morgan Stanley Absolute Return Fixed Income) e incluso fondos de renta variable de retorno absoluto, de corte muy defensivo, como Penta Inversión A.

Para Justicia, hay alternativas en renta fija con mayor diversificación y menor sensibilidad a tipos, y otras más allá. «Tener fondos de deuda española en cartera, salvo en episodios de inestabilidad prolongados en los mercados de renta variable (por temas de huida hacia la calidad), no tiene sentido económico. Recomendamos buscar mejores alternativas hasta que los tipos vuelvan a niveles que hagan atractiva su inclusión. Lo que sí que recomendaríamos a nivel general, en el caso de tener que invertir necesariamente en productos de renta fija, es hacerlo en productos mucho más diversificados y con baja sensibilidad a variaciones de tipo de interés, con duración baja», explica. En la firma han buscado además alternativas a la renta fija, en general, «combinando este tipo de productos diversificados con fondos de baja volatilidad con estrategias no direccionales cuyo objetivo de rentabilidad sea positivo».

El experto presenta tres fondos cuya combinación podría ser una alternativa «adecuada» a los fondos de deuda española para el ejercicio 2018. El primero es un buen fondo de armario a utilizar en renta fija corto plazo diversificada, Carmignac Securité, gracias a su gestión de la duración. También, el G Fund Alpha Fixed Income, con una volatilidad inferior al 1 por ciento y con una estrategia ligada a técnicas de arbitraje de tipos de interés de países de la OCDE, para preservar capital. «Si queremos asumir algo más de riesgo nos decantaríamos por Candriam Bonds Credit Opportunities, un fondo con enfoque de retorno absoluto y con una volatilidad objetivo inferior al 5 por ciento cuya estrategia long/short de deuda ha ofrecido resultados bastante consistentes estos últimos años», añade.

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