Vocento 15 años 18 de Octubre, 03:57 am

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Entrevista a Matthew McLennan, gestor del First Eagle Amundi International Fund

"En un mundo con riesgos sistemáticos, el mejor escudo es el oro"

Con una filosofía «value» aplicada a una protección del capital, el First Eagle Amundi International Fund acumula una revalorización del 537 por ciento desde su lanzamiento en 1996.

La lectura obligatoria en la centenaria gestora First Eagle es «Historia de la Guerra del Peloponeso», de Tucídides. «En él se aprende los errores que cometemos los humanos», explica Matthew McLennan, gestor del First Eagle Amundi International y jefe del equipo Global Value. El odio y el dogma fue lo que les llevó a la guerra entonces; nosotros debemos tener la actitud contraria. «Si es lo suficientemente humilde para aceptar que no tiene una bola de cristal, su manera de entender la inversión será distinta. Verá necesario exigirle al valor un margen de seguridad».

El First Eagle Amundi International Fund celebra ahora su 20 cumpleaños. Pocos fondos pueden presumir de haber sobrevivido a la crisis 'punto com', a la crisis financiera de 2008 y a la crisis de deuda en la eurozona. ¿Cómo ha cambiado su manera de ver los mercados en estas dos décadas?

El clima de la inversión hoy es prácticamente el opuesto al que era hace una generación. En los años 80, la situación era dramáticamente diferente. En Estados Unidos, Paul Volker había sido nombrado presidente de la Reserva Federal. Él entendía su papel como el de defender la divisa. Así que teníamos altos tipos de interés -de doble dígito- y una bolsa muy barata -el PER medio estaba por debajo de 10-, así que prácticamente hicieras lo que hicieras, podría construir su cartera capaz de captar rentabilidades atractivas. A final de esa década, además, vivimos por televisión la caída del muro de Berlín. Era un momento de unión. Ahora, todo lo contrario. Los bancos centrales están intentando desligar su moneda, tenemos tipos en negativo, las compañías de calidad cotizan con múltiplos altos, etc. Estamos en un mundo en el que la recompensa a la inversión pasiva es baja. Además, estamos en un momento de fragmentación geopolítica, de tendencia hacia el populismo. Es un escenario de estructuralmente baja recompensa para mucho riesgo.

¿Y cómo invierte en este contexto?

Gran parte del mundo de la inversión está dedicada a la noción de tener una bola de cristal. Pero es algo inútil. La guerra, las crisis de mercados, epidemias, etc. son difíciles de determinar. Los mercados son más complejos. También es improductivo intentar adivinar el próximo gran foco de crecimiento. Japón se iba a comer el mundo a finales de los 80 y luego colapsó. Las telecos era el sector en el que estar en los 90 y colapsó. Todos buscaron oportunidad en los BRICS y colapsaron. El foco de la gestión activa debe estar en el control del riesgo.

¿Y cómo se consigue ese control del riesgo sin dejar de lado los retornos?

Debe ser flexible. El margen de seguridad puede estar en cualquier parte del mundo. Siempre hemos tenido un enfoque global. Pero ser flexible también significa no poner todo su capital a trabajar de inmediato. Las oportunidades no siempre surgen a la vez. Pero lo más importante es no tener prisa. Los inversores tienden a querer enriquecerse rápidamente. Quizás sea mejor conseguir ese retorno más lento pero con constancia. La paciencia es nuestra ventaja competitiva. Somos capaces de esperar 5 o 10 años para comprar una compañía que nos gusta al precio justo.

Siempre han tenido oro en cartera. ¿A qué se debe?

El oro recompensa al inversor paciente, no al cortoplacista, porque es un activo volátil. En un mundo con riesgos sistemáticos, el mejor escudo es el oro. Es el 'dinero de la naturaleza'; es la réplica de la confianza. Cuando el mercado tiene miedo por la macro o la geopolítica las Bolsas caen y el oro sube. Y lo mismo sucede a la inversa. Por eso siempre tenemos un 5 al 10 por ciento de oro en la cartera. Es como tener un seguro de la casa. Aunque sabe que las probabilidades de que un incendio arrase con su vivienda son mínimas, pero el problema no es la probabilidad, sino las consecuencias. Uno está dispuesto a pagarlo, aunque probablemente no lo usará, antes de arriesgarlo todo.

¿Cuál es la filosofía de First Eagle?

Nuestra manera de entender la inversión viene determinada por nuestros orígenes. First Eagle nació hace 150 años como una «family office» para una familia alemana. Todos, los trabajadores, los gestores, nuestros familiares y amigos tenemos invertido más de 40 millones de nuestro propio dinero en nuestros fondos. Hoy, con 100.000 millones de dólares bajo gestión, aún conservamos esa filosofía de, primero, la preservación de capital y, después, el crecimiento de su valor a muy largo plazo. En el fondo internacional, la duración media de una posición es de 8 años; la media de la industria es de 12 meses. No nos vemos como traders de acciones, sino como propietarios de empresas. El 10 por ciento de los valores llevan en cartera más de 20 años. Más del 20 por ciento, 10 años.

¿Por qué buscan la preservación de capital a través de las acciones? ¿No son más volátiles o arriesgadas?

Por eso invertimos con un enfoque «value». El 'value' ve al mercado, a Mr. Market, como un esquizofrénico. A corto plazo no se mueve por fundamentales, sino por el comportamiento humano, como el miedo o la avaricia. En esa ineficiencia buscamos nuestras oportunidades. Eso sí, con un margen de seguridad, el gran aliado para minimizar las pérdidas. Buscamos comprar algo que vale 100 y pagar 60. El margen de seguridad es un colchón ante sus propios errores y las incertidumbres del futuro.

Han superado tres crisis financieras en la vida del fondo. ¿Por qué ve dificultad en el escenario actual, supuestamente uno de recuperación?

Tenemos que reconocer que vivimos en un contexto en el que no solo hay retos estructurales al desapalancamiento sino también complejidades geopolíticas por delante. Lo que hemos aprendido de una crisis detrás de otra es que ante la ausencia de reformas estructurales, económicas y fiscales, la respuesta por parte de los bancos centrales ha sido reducir los tipos de interés. Hacer que el dinero esté barato. El dinero no debería ser gratis. El actual sistema monetario comienza a estar arrinconado. Ese fin del juego lo representó claramente el Banco de Japón hace unas semanas cuando se comprometió a mantener plana la curva de rentabilidades y a seguir comprando activos hasta que la inflación supere su objetivo del 2 por ciento. Lo que comenzó con la intención de ser una respuesta de emergencia a condiciones económicas adversas se ha convertido en un compromiso generacional de mantener los tipos a 0. En un mundo así, el movimiento de las divisas puede determinar los ciclos de negocio.

Evitaron caer en la burbuja 'punto com' en los años 90. ¿En qué activos hay demasiada confianza ahora?

Teniendo en cuenta que nos gustan modelos de negocios estables y resistentes, hay a quien le sorprende que no tengamos más exposición a la sanidad. Ha sido un sector donde nos ha costado encontrar oportunidades. Las valoraciones están bastante llenas y hemos visto administraciones muy agresivas en términos de fusiones y adquisiciones. También hay áreas estadísticamente baratas, pero con vientos en contra estructurales. Hablo de los bancos europeos y japoneses.

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