24 de Marzo, 20:52 pm

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análisis

Turquía: Razones para no provocar sudores fríos a los inversores

Luc D'hooge

En este caluroso verano Turquía se ha convertido en un dispensador de noticias negativas. Estas son algunas de las cuestiones que están acaparando titulares:

- Un enorme y creciente déficit por cuenta corriente

- Inflación de doble dígito

- Tensiones diplomáticas con su socio de la OTAN Estados Unidos por la detención de un sacerdote americano.

- La poco ortodoxa visión de la política monetaria del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan (entendiendo que él debería tener voz en las decisiones, además de su creencia de que unos mayores tipos de interés desembocarían en una mayor inflación).

Con la rápida sucesión de estos problemas, no es difícil preguntarse por qué la lira se ha lanzado por un precipicio como "El Coyote" (el personaje de "El Correcaminos").

Antes de hablar de la lira, la deuda externa de Turquía (compuesta por deuda soberana y corporativa adeudada a acreedores extranjeros, típicamente denominada en monedas fuertes), representa alrededor de un 54% del PIB - de este porcentaje, sólo el 17% es deuda soberana ya que la mayoría procede de deuda de empresas-. Como la mayor parte de esta deuda externa está en el nivel de las empresas y las sociedades financieras, creemos que se trata de una composición saludable, ya que las compañías y las entidades tienen mejores razones que un gobierno para tener deuda externa (por ejemplo, los bancos tienen un nivel significativo de sus depósitos en moneda fuerte y generalmente cubren su exposición en divisas).

El sector bancario turco, en general, tiene una exposición neutral a la divisa extranjera en su balance (al igual que ocurre con la mayor parte de las grandes compañías). Por lo tanto, la actual tormenta está limitada a empresas centradas en el mercado doméstico, ciertamente una parte considerable. Pero una vez dicho esto, está limitada fundamentalmente al sector de la energía, al de infraestructuras y a la construcción. En muchos casos, los proyectos que llevan a cabo esas compañías están garantizados por el gobierno, que tiene una ratio baja de deuda/PIB, lo que significa que el posible efecto de deterioro de esos sectores en los balances de los bancos es ampliamente conocido.

Somos positivos en nuestras posiciones en los bancos turcos. Hemos ganado más confianza tras las acciones tomadas por el parlamento en términos de requerimientos de reservas, lo que mejorará la liquidez disponible para las entidades financieras. La razón por la cual tenemos esta exposición es porque creemos que el sector bancario está barato, ya que tiene altos niveles de capital, baja morosidad y es extremadamente rentable (Turquía fue la economía que más creció el año pasado entre los países del G20 y una de las que más rápido se expandió en la región EMEA -Europa, Oriente Medio y África-). Además, la regulación del sector bancario se asienta en una sólida base. Tras la crisis financiera de 2001, los bancos turcos fueron obligados a limpiar sus balances, algo que completaron a mediados de la década del 2000. 

Las lecciones aprendidas durante ese tiempo salvaron a Turquía de tener que gestionar los mismos problemas que otras economías emergentes tras la crisis financiera de 2008. Los bancos extranjeros han sido siempre una fuente dominante en Turquía, al proveer al país de un robusto acceso a la financiación. Después de 2008, la tasa de refinanciación rara vez ha caído por debajo del 100% a pesar de que la lira ha experimentado episodios de volatilidad significativos durante la última década. Recientemente, el coste de esta financiación ha aumentado pero, en nuestra opinión, no es una amenaza para la viabilidad del sector bancario. Y no olvidemos que la subida de los tipos de interés es buena para los bancos. Obtienen mayores márgenes en sus carteras de préstamos, y tienen un buen número de bonos soberanos, que se comportan mejor en momentos de estrés.

Con el desafiante tono del presidente Erdogan, no parece inminente una solución. Aun así, nos gustaría destacar la importancia de Turquía como miembro de la OTAN, un país de tránsito (materias primas), un país frontera y un actor importante en la crisis europea de refugiados. Por ello, esperaríamos que se imponga el pragmatismo y que eventualmente Turquía encuentre apoyo, ya sea de forma bilateral o a través de canales multilaterales. Así que, mientras que muchos otros inversores están sudando como un turista en un baño turco, nosotros seguimos relajados con nuestra exposición al crédito bancario bien escogido dentro del universo de los bonos corporativos turcos.

Luc D'hooge, director de renta fija emergente de Vontobel

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