Vocento 15 años 23 de Octubre, 17:26 pm

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Especular a largo plazo: Que el miedo no te domine

Jorge Labarta

En una humilde tesis que estoy desarrollando sobre cómo afecta la psicología de las personas a su toma de decisiones financieras, el denominado «cerebro reptiliano» es clave para comprender las actuaciones del individuo inversor con respecto al mercado.
La parte del cerebro denominada «córtex» es la más reciente en términos evolutivos: nos da la capacidad lógica, el aprendizaje o la consciencia de nosotros mismos. El «cerebro mamífero» es el que nos da la capacidad de sentir y de memorizar. Y por último, el «cerebro reptiliano», el más antiguo de todos, y que controla las funciones básicas para la supervivencia. Estos tres sub-cerebros, como explica la ciencia, conforman el cerebro humano en su conjunto.

Entendiendo cómo funciona el cerebro reptiliano comprenderemos gran parte de las decisiones de los inversores frente al mercado: el cerebro reptiliano no piensa ni siente emociones, actúa impulsivamente guiado por sus instintos sin valorar cuál es la mejor decisión a largo plazo. Lo guía la búsqueda inmediata del placer, y sobre todo evitar el dolor, por lo que sobre reacciona instintivamente ante el riesgo de pérdida o amenaza. ¿les suena familiar? El neuromárketing lleva muchos años utilizándolo para captar nuestra atención, puesto que está demostrado científicamente que esta parte de nuestro cerebro es la que decide todas las compras que podemos catalogar como compras de impulso.

¿Cómo afecta esto a los mercados?

El miedo o la necesidad de evitar el potencial dolor nos hacen tomar decisiones impulsivas de diversa índole, sin base lógica alguna, y que resultan perniciosas para nuestros rendimientos económicos en el largo plazo. En esos momentos debemos saber que la parte más primitiva de nuestro cerebro está dominando nuestras acciones, sin que por supuesto nosotros seamos conscientes de ello. Esto último es el problema.

Cuando esa parte de nuestro cerebro toma las riendas, hay ausencia de lógica y de consciencia, por lo que nos movemos impulso tras impulso sin ser conscientes de ello.

No entiendan la impulsividad como «un calentón del momento»; la impulsividad no puede acotarse en el tiempo; entiéndanla como una decisión sin base lógica, que se ha tomado sin analizar qué consecuencias puede acarrearnos a la larga. Una persona puede tomar una decisión impulsiva aunque haya esperado 10 días para tomarla. 

En mi caso, me he orientado hacia un tipo de inversión que puede considerarse como «especulativa», al tener cada operación un horizonte temporal que oscila entre los 3 días y 2 meses aproximadamente. Pero yo especulo trabajando a largo plazo. Y me explico: mi forma de entender la especulación consiste en intentar aprovecharme de fuertes y rápidos movimientos que desarrollen los activos financieros, si bien, mi plan de trabajo se cimenta en unos estrictos procesos de control y gestión de riesgos pensando en mis rendimientos a la larga, unos hábitos de conducta que no se modifican con el paso de los meses, y unos objetivos que no están acotados en el tiempo, por lo que no tengo presión por lograr resultados rápidos.

El paso de los años me ha demostrado que entrenar y trabajar en la gestión de nuestra conducta como inversores racionales, tratando de impedir que nuestra parte menos evolucionada tome el control, es el mayor reto y la clave para lograr buenos rendimientos en el mercado financiero.

Pero esto supone un proceso que dura varios años y que a la gente no le interesa comprender. Las personas queremos resultados rápidos y poco esfuerzo, y esto no es compatible con la generación de una conducta correcta como inversores. Al igual que cualquier habilidad que conozcamos, esta se logra con esfuerzo, años de práctica y una orientación correcta.

Esto me sirvió por ejemplo para soportar con una naturalidad no forzada ver como mi cuenta oscilaba en un rango de rentabilidad muy apretado durante varios meses sin ser capaz de aumentarla. Concentrarme en operar como un inversor racional (el «cortex» era el que gestionaba mi toma de decisiones) que no tiene prisa por lograr sus rendimientos en un plazo de tiempo concreto me dio la capacidad de gestionar los riesgos correctamente sin sobrepasarme forzando operaciones.

Quizás en un mes concreto se logre la rentabilidad de todo un año, pero no sabemos de qué mes se trata. Lo que tenemos que hacer es no tomar más riesgos de los que nuestro sistema de trabajo nos permite y entrenar nuestro cerebro para estar preparados para ello. Esto es especular a largo plazo como yo lo entiendo.

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