20 de Enero, 20:56 pm

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recién ordenado

El ejecutivo que cambio el Ibex 35 por 'la sotana'

Icíar Ochoa de Olano

Es un recién casado y, como tal, se le escapan gotas de ilusión de forma involuntaria. Su «boda» con Dios se ofició hace apenas unos días, después de un proceso de divorcio meditado con la Bolsa y las energéticas, según un reportaje publicado en el El Ideal. En las bancadas, excompañeros del Ibex 35, empresarios y peces gordos de las finanzas. Alberto Nuñez, un madrileño al final de su cuarentena, antaño analista bursátil de éxito y flamante directivo de Gas Natural Fenosa, se ordenaba sacerdote jesuita para «estar más cerca de las personas y ayudar a construir un mundo más justo». En su armario, ni rastro ya de sus viejos hábitos, los trajes y las corbatas que se enfundaba cada día para acudir a su despacho con secretaria en la sede de la empresa de la mariposa amarilla, situada entonces en la Avenida de América de Madrid; o a Barajas, para coger algún vuelo rumbo a París, Londres o Nueva York y asistir a una reunión de trabajo o visitar inversores. Jornadas estancas de once o doce horas sin resquicios por las que colarse otra cosa que no fuera trabajo. Hacía dinero. Mucho. Y como «no era de los de vivir a todo trapo» -en vacaciones se perdía con su mochila en algún rincón internacional poco turístico-, ahorraba.

¿Cuánto ganaba en su última etapa como directivo?

Pues, sin contar fondos de pensiones, premios por objetivos alcanzados y esas cosas, no menos de 150.000 euros al año.

¿Cuánto gana ahora como responsable de la Pastoral Universitaria de la Universidad Pontificia de Comillas?

El salario lo percibe la Compañía de Jesús. Yo no tengo dinero. Mi patrimonio sigue estando ahí, pero no puedo tocarlo y, en un tiempo, tendré que deshacerme de él. No puede haber nada a mi nombre. Es parte de mi proceso de formación como jesuita.

Ya no se rige por la ley de la oferta y la demada, y eso le hace sentirse «mucho más libre». «Paradójicamente, cuando entregas tu vida a otros y dejas de ser el protagonista, eres más tú mismo. Porque ya no son tu ego ni tus deseos los que te conducen».

Una muerte y una OPA

Pese a su extrema rigidez y voracidad, «el mundo profesional me entusiasmaba», admite. Y en su vertiginosa trayectoria bursátil, el ejecutivo iba como un tiro. Sin embargo, ahí dentro no se sentía satisfecho. «En el sector financiero todo va muy rápido y se mueve mucho dinero. Por tanto, hay muchos intereses y no siempre surge lo mejor de las personas. Yo siempre perseguía hacer un buen trabajo, pero el predominio del corto plazo, tener que cerrar los ojos y el corazón ante realidades de la vida, y no disponer de tiempo para nadie ni nada diferente a mi trabajo» comenzaron a hacer mella. «Empecé a tomar conciencia de que necesitaba cosas que no estaban en mi vida, como la fe».

Un episodio desgraciado acabaría por abonar el cambio. Su único hermano, y padre de tres niños, fallecía tras un cáncer fulminante. «Fue como si me estallara una bomba». «Lo viví como una experiencia muy fuerte. Y en medio de esa dureza, sentí una presencia muy fuerte de Dios. Lo interpreté como una llamada. El camino que llevaba no era el mío. Esa no era la vida que merecía la pena vivir».

Lea el resto del reportaje en el diario Ideal

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