23 de Noviembre, 02:20 am

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ECONOMÍA

¿Por qué Estados Unidos no caerá en recesión?

No se cumple ninguna de las premisas de contracciones económicas anteriores

Si actualmente hay un debate entre los economistas que inquieta a los inversores es si la desaceleración que se observa a nivel global va a desembocar en una recesión, o no. John Greenwood, economista jefe de Invesco, en una conferencia para periodistas europeos celebrada en Londres este jueves, ha explicado muy sistemáticamente por qué él cree que el enfriamiento que se observa, especialmente en la industria, no va a desembocar en una contracción del conjunto de la economía, en particular en la estadounidense. De acuerdo con su investigación, desde los años sesenta, las recesiones que han tenido lugar han reunido al menos dos de los cuatro elementos de riesgo que conducen a ella, mientras que en la actualidad no están presentes ninguno de esos cuatro ingredientes. 

En primer lugar, la situación actual no ha venido precedida de un gran crecimiento del volumen de dinero en circulación. Aunque los bancos centrales han sido muy activos bajando los tipos de interés y comprando títulos de deuda, ello no ha redundado en un aumento real de la masa monetaria presente en la economía, quizás porque, como apunta el economista de Invesco, las autoridades monetarias, en ocasiones, no han sabido diseñar sus programas de aumento de sus balances. 

Por otro lado, si bien la curva de tipos se ha llegado a invertir (si en algunas economías, en particular en la estadounidense, los inversores requerían más rentabilidad a los vencimientos cortos de la deuda que a los largos), ello sólo ha sido anticipo de una recesión en el pasado si ha venido acompañado de una subida de los tipos de interés. Y a lo que se ha asistido en los últimos meses ha sido, precisamente, a lo contrario: la Reserva Federal norteamericana ha bajado el precio oficial del dinero hasta en tres ocasiones. "No es la inversión de la curva de tipos la que crea la recesión, sino el endurecimiento de la política monetaria", asegura Greenwood. Y defiende que las últimas bajadas de los tipos de interés por parte de la Fed responden sólo a un ajuste de mitad de ciclo. 

Tampoco el segundo de los ingredientes precipitantes de una recesión, el exceso de deuda en el sector privado, está ahora sobre la mesa. De hecho lo que el economista observa es justo lo contrario: el sector privado estadounidense se está desendeudando. 

Asimismo, Greenwood afirma que tampoco la desaceleración actual llega después de una fase de gran crecimiento del gasto cíclico, algo que tiene el riesgo de provocar una recesión. Así, no ha habido en los últimos años una gran inversión en el mercado inmobiliario, ni con fines productivos o aumento de inventarios, ni tampoco en bienes duraderos. 

Por último, la inflación ha continuado ausente, y así seguirá, según Greenwood durante los dos o tres próximos años en las principales economías del mundo. A juicio de este economista, si la inflación no ha aumentado ha sido porque, si bien los tipos de interés han estado muy bajos durante un gran periodo de tiempo, la creación de dinero ha sido baja o, al menos, no suficiente para impulsar los precios de los bienes y servicios. "Se piensa que la política monetaria trata sólo de los tipos de interés, pero es sobre todo la cantidad de dinero en circulación", insiste Greenwood. "Se considera que la deuda crea inflación, pero está demostrado que la masa monetaria es la que se encuentra en su origen", añade, desmontando otro mito. 

Greenwood también apunta que la política fiscal expansiva podría no servir de mucho para reactivar la economía o para generar inflación: argumenta que las bajadas de impuestos acometidas por Donald Trump han provocado un incremento del déficit y, por tanto, de las emisiones del Tesoro estadounidense que tienen que comprar las entidades financieras. Éstas detraen recursos que podrían destinar a otro tipo de inversiones.
De todas maneras, todo se puede precipitar, también la recesión. Y hay que tener en cuenta que un número mayor de riesgos acumulados no tiene que implicar una mayor gravedad de la situación. La crisis de 2008 la ocasionaron apenas dos de los cuatro peligros anteriores: la acumulación de deuda y el exceso de inversión cíclica. La de 1989, tres: los dos anteriores y la inflación.

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