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Turquía y los mercados: unos gestores siguen cautos, otros ya compran emergentes

Mientras algunos expertos consideran que la crisis turca, sumada a otras, puede elevar la aversión al riesgo de los inversores y justificar un peor comportamiento de los activos, hay otros que ya se están atreviendo a comprar en los emergentes más sólidos

Lo que sucedió ayer en las Bolsas puede ser un aviso de lo que les espera a los inversores: el rebote de más de un 6% en la lira turca y el alivio que también se respiró en el resto de los emergentes no conllevó una recuperación de niveles en los índices del Viejo Continente y tampoco en los bancos, que fueron los que en las dos sesiones anteriores se llevaron la peor parte del contagio. 

Los expertos de DWS, por ejemplo, esperan que las fluctuaciones en los mercados empeoren, al menos por el momento, después de haber bajado la volatilidad al principio del verano. Ello porque, aunque no están muy preocupados por el riesgo de contagio, afirman que no hay que tomarse a la ligera la crisis turca. "Pese a que las cifras macroeconómicas globales continúan siendo robustas, y ello mantiene positivos a los inversores, la acumulación de una serie de eventos idiosincráticos podría provocar un incremento de la aversión al riesgo. La subida de las rentabilidades de los bonos soberanos italianos hasta situarse por encima del 3% el lunes podría ser interpretado en este sentido. Las disputas diplomáticas podrían empeorar rápidamente este año -aunque también podrían calmarse rápidamente, como demostró la visita de Juncker a Washington-. Continuamos asumiendo, sin embargo, que el pico del choque comercial aún no se ha alcanzado", explica un informe de la gestora alemana. 

La firma, por tanto, se mantiene cauta en su aproximación al mercado. Aunque reconoce que hay que estar pendiente de lo que ocurra y tratar de diferenciar con precisión para ver si afloran oportunidades de los últimos movimientos. Así, desde una perspectiva táctica, por ejemplo, ha reducido los bonos corporativos europeos a "neutral", mientras que ven con mayor atractivo que el consenso algunos bonos de mercados emergentes emitidos en moneda fuerte. Con respecto a las acciones, la situación turca considera que va a seguir reflejándose principalmente en los bancos que tienen mayor actividad en el país euroasiático. En el mercado de divisas, DWS espera mayor presión sobre otros emergentes. Por último, también prevé que los flujos de capitales que se refugien en el dólar podrían a llevar a que el billete verde se aprecie más frente al euro, lo que le mantendrá más alejado aún del nivel de 1,15 unidades. 

Por un enfoque prudente en los mercados también se inclina Witold Bahrke, de Nordea AM, que explica: "El motivo de la crisis en Turquía se debe a un elevado déficit por cuenta corriente y a la dependencia del capital externo. A los mercados esta situación les resulta indiferente siempre y cuando los niveles de liquidez sigan siendo elevados, pero reaccionan de forma adversa cuando la liquidez a escala mundial disminuye por la subida de los tipos de interés, la reducción del balance de la Fed y la apreciación del dólar". Los problemas de liquidez, afirma Bahrke, difícilmente van a remitir en el corto plazo, de ahí esa aproximación cautelosa a los activos de riesgo para la segunda mitad del año que recomienda: "Los inversores en renta variable deberían mantener un enfoque defensivo. Para los inversores en renta fija, el atractivo de la deuda core (especialmente los bonos del Tesoro estadounidense) mejora constantemente".

Y es que Bahrke opina que la crisis es sistémica, precisamente porque los rendimientos de los bonos americanos a diez años han caído por debajo del 2,90%, por el contagio que han sufrido otros emergentes y porque también la Bolsa americana ha bajado. La reducción de la liquidez, que es lo que atenaza a Turquía o lo que ha puesto a un país con problemas estructurales desde hace mucho tiempo en el epicentro del huracán financiero, no afecta únicamente a esta economía, sino a la de muchos emergentes, que dependen en gran medida del capital externo por las limitaciones que tienen sus propios sistemas financieros. 

Kevin Day, de Aberdeen Standard Investments, sintetiza así el problema en declaraciones a Bloomberg: "Jugar en un mercado como éste es difícil. No hay zonas seguras obvias"

Con respecto al mayor miedo que pueden mostrar los inversores en estos momentos, los expertos de ING comentan que las ventas que ha habido en los mercados a causa de la crisis turca han llevado a su índice de Aversión Global al Riesgo a niveles similares a los que alcanzó durante el 'Taper tantrum' de la Fed en el año 2013. Pero precisan que episodios de ventas masivas como aquél o como el actual no están durando mucho tiempo en este 2018: suceden de repente y se olvidan, vienen a decir. En todo caso, avisan de que momentos de mayor aversión al riesgo sufrirán monedas como el rand sudafricano o el peso mexicano. Estas divisas serán también las que reboten con fuerza en momentos de mejora del sentimiento. 

Oportunidades que afloran en los emergentes

Y eso último, una leve mejora del sentimiento, parece que fue lo que ocurrió ayer acompañando a la recuperación de la lira, y sobre todo en los mercados emergentes. 

Si lo que se teme es que Turquía, el eslabón emergente más débil, haya dado un aviso sobre los riesgos que afronta todo el área emergente por el endurecimiento monetario y la reducción de la liquidez a nivel global y ello ha provocado que también los mercados desarrollados sufran, sería una buena idea mirar qué están haciendo los gestores con los activos de los países emergentes. Y si bien hay algunos que venden, como Takeshi Yokouchi, de Daiwa SB Investments, o que en general tienen una aproximación cauta al mercado como los expertos mencionados anteriormente, hay otros que ya están comprando. Toru Nishihama, de Dai-ichi Life Research Institute, comenta que los inversores han podido haber adquirido ya ayer monedas emergentes aprovechando su descenso previo, con la confianza en que la economía global se encuentra aún en fase expansiva, lo que da soporte a sus economías. En este sentido, Jan Dehn, de Ashmore, en declaraciones a Bloomberg, afirma que las ventas han dejado a los mercados emergentes repletos de oportunidades. "Aunque los activos turcos probablemente aún no hayan hecho suelo, es el momento para comprar acciones, bonos y divisas en otros sitios", asegura Dehn. Nicholas Ferres, de Vantage Point Asset Management, también confiesa haber incrementado exposición donde ha observado que ha habido una sobrerreacción emocional. Para Nishihama, Asia es la región más resistente, pero recomienda prestar atención al yuan, puesto que si se debilita demasiado con respecto al dólar, puede generar una reacción en cadena en otras monedas del área. Señala asimismo la potencial vulnerabilidad de Sudáfrica, Rusia o México. Positivo es además Mark Mobius: "Las turbulencias están creando oportunidades, incluyendo en las acciones del sector consumo en Brasil". Aunque Mobius añade que es posible que en Turquía se establezcan controles de capitales y que eso serían muy malas noticias para los activos de los países en vías de desarrollo. 

Demasiados frentes abiertos para tirarse a la piscina todavía. Mejor esperar a que se calmen las aguas.

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