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EAFIs, el médico de cabecera en el asesoramiento financiero

El sector del asesoramiento financiero independiente en España no solo está plenamente asentado, como reflejan los últimos datos, sino que goza de un gran potencial de crecimiento. Según la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) el número de Empresas de Asesoramiento Financiero (EAFIs) registradas en 2016 fue de 160, lo que supone un crecimiento del 3,90 por ciento con respecto a hacer un año. Si lo ponemos en contexto, en apenas cuatro años, se ha pasado de 126 a 160 sociedades. Más destacable son las cifras que hacen referencia al volumen de patrimonio asesorado, cuyo desarrollo ha sido espectacular: en 2013 la cifra era de 17.630,08 millones de euros mientras que en 2016 se han alcanzado los 27.372,56 millones, lo que supone un incremento del 7,73 por ciento respecto al ejercicio anterior. El cliente minorista es por antonomasia el target de las EAFIs, ya que de acuerdo a los datos de la CNMV, tenían en total 5.903 clientes de los cuales, 5.488 son minoristas, es decir, representan el 92,97 por ciento y aportan a estas empresas fondos por valor de 6.480 millones de euros, es decir, el 23,678 por ciento del total.

Se tratan de unas cifras muy llamativas teniendo en cuenta que las EAFIs, a diferencia de las entidades de banca privada que también comercializan productos, solo asesoran. Ésta distinción la destaca Íñigo Susaeta, socio director general de Arcano Family Office. «En nuestra opinión, la banca privada tradicional y los asesorares son dos jugadores completamente distintos dentro del ecosistema financiero». Susaeta utiliza para explicar esta diferencia un símil. «Las EAFIs son el médico de cabecera de los clientes y, los bancos, son las farmacias». Con ello destaca la labor que realizan estas compañías en el asesoramiento independiente de los clientes ya que con ellas se «huye de la automedicación y del impulso de comprar indiscriminadamente productos». Después de dejarse «asesorar por el médico de cabecera podrá ir a la farmacia a por un tratamiento y plan adecuado» que se adapte a sus necesidades, concluye Susaeta.

Esta idea también la defiende Carlos Farrás, socio director de DPM Finanzas, al destacar que la EAFI puede asesorar sobre todo el patrimonio sin afectarle las entidades con las que el inversor quiera trabajar, mientras que «en la banca privada tradicional el inversor ve restringido este asesoramiento al patrimonio que tiene con ellos y a los productos o activos que el banco decide ofrecerle». José María Luna, director de análisis y estrategia de Profim, asesores patrimoniales, repasa las diferencias entre EAFIs y banca privada. «Mayor proximidad con el cliente, un asesoramiento más objetivo y 'boutiques' de asesoramiento financiero personalizado de calidad», concluye. Por su parte, Carlos García Ciriza, presidente de Aseafi (Asociación de Empresas de Asesoramiento Financiero) destaca que «al no pertenecer al banco, asesora sin conflictos de interés».

Independencia y profesionalidad

Todos los expertos destacan que estos dos valores son los que hacen diferentes a las empresas de asesoramiento. Alejandro Martínez Fuster, de EFE&ENE, explica que a diferencia de la banca tradicional la EAFI «pone el foco absoluto en el cliente y su patrimonio, revisados diariamente». Esta independencia viene garantizada por «el hecho de no recibir ni un céntimo de retrocesiones» lo que en palabras de Martínez significa que «podamos evaluar cada oportunidad con neutralidad y con el verdadero universo de inversión a nuestro alcance».

La entrada en vigor de la directiva MiFID II ha sido fundamental. Así, del total de ingresos por comisiones, que asciende a 51,20 millones de euros, el 78,87 por ciento (40,38 millones) provenían del cliente, mientras que las retrocesiones y comisiones de otras entidades (10,82 millones) fueron el 21,13 por ciento. Estas cifras reflejan que cada vez el cliente es más consciente que debe pagar por el asesoramiento que recibe y, a su vez, estas comisiones garantizan la propia independencia de las EAFis y su buen hacer.

Gadea de la Viuda, socia y directora de Abante Asesores, destaca que «Abante, a través de su EAFI, lo que le da al inversor es la posibilidad de poder decidir cómo nos quiere retribuir por los servicios que le prestamos, pudiendo separar el precio que paga por el asesoramiento patrimonial, el financial planning e incluso la estrategia de inversión, de la gestión de la cartera en sí misma».

Lo que sí destacan los expertos es que cada vez más los clientes buscan una mayor profesionalidad en los servicios que les ofrecen y la encuentran en estas compañías. Susaeta reitera la ventaja que supone «no tener productos propios, lo que impide colocar». En este sentido, la entrada en vigor de Mifid II será un refuerzo en su labor, ya que ayudará más aún a una «alienación total con los intereses de sus clientes».

No obstante, Luna recuerda que por ley deben buscar el producto más adecuado para el cliente y trabajar con todos los productos de ahorro e inversión idóneos y aptos por tipología de clientes. Luna, añade, que su labor no termina con recomendaciones en dónde invertir, sino también en los productos o riesgos que todo inversor debe evitar. García Ciriza cree que el cliente de una EAFI tiene «una cultura financiera media/alta y que se acerca a estas compañías desencantados de la banca privada tradicional más preocupada por vender sus productos».

Ventajas para el cliente

Acudir a una EAFI constituye una fórmula ganadora para el cliente tal y como explica Martínez Fuster, ya que recuerda que «estas compañías conocen bien el sector y las fortalezas y debilidades de cada entidad de banca privada y las gestoras de activos las ven como un prescriptor de calidad para sus servicios». Todo esto se traduce en menores costes. «Es muy habitual que en la primera reunión la cartera se reorganice para reducir los costes que soporta y mejorar la calidad de los productos». Por seguir en esta línea, Farrás reitera que las EAFIs tienen la obligación de recomendar a sus clientes las plataformas o entidades menos costosas para sus inversiones», mientras que la banca privada operará con sus plataformas que no siempre serán las más competitivas del mercado. De la Viuda cree que la principal consecuencia para el cliente es que recibe «un asesoramiento más cercano y más objetivo en las recomendaciones». La ventaja, insiste Luna, es que una EAFI vende una «arquitectura abierta y no guiada» y esto se debe «a que al cobrar del cliente se vive por y para el mismo» por lo que trabaja con total transparencia y sin conflicto de intereses «porque el principal riesgo que asume el inversor es no estar adecuadamente asesorado». Farrás clasifica a los clientes en dos tipos. Aquellos que se pueden permitir un asesoramiento a medida suelen tener un patrimonio alto, superior a los 500.000 euros, y otros más modestos que optan por carteras ajustadas a cada perfil.

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